Diccionario para entender el jeroglífico eléctrico

Todo el sistema, desde la fijación de precios al mismo recibo de luz, está repleto de conceptos complejos

Tendido eléctrico a las afueras de Sevilla.
Tendido eléctrico a las afueras de Sevilla.PACO PUENTES

“Si te han explicado el sistema eléctrico y lo entiendes, es que te lo han explicado mal”. Este dicho, más allá de la ironía, esconde una sacrosanta verdad: todo lo que rodea la electricidad está repleto de conceptos, términos y mecanismos complejos que dificultan su compresión. Y vale tanto para el mercado donde se determinan los precios mayoristas, algo intangible y lejos de los ciudadanos, como para el recibo de la luz, que todos pagamos de nuestro bolsillo. No sorprende que más de la mitad de los usuarios desconozca qué tarifa tiene contratada, y que personalidades influyentes hayan manifestado públicamente lo difícil que es entender el sistema. Es el caso del excomisario de Energía, Miguel Arias Cañete, quien en 2015 afirmó que la factura eléctrica es “incomprensible”, o de la frase “no hay quien entienda el recibo de la luz” del expresidente de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), José María Marín Quemada.

Toda esta complejidad no ayuda en general, menos aún ahora que los precios de la electricidad han entrado en una espiral alcista que ha llegado a generar tensiones entre los socios del Gobierno y ataques por parte de la oposición. Pero, ¿cómo funciona el mercado de la electricidad? ¿Qué es el precio marginal? ¿La subida afecta a todos los consumidores? Aquí un pequeño diccionario para intentar entender algunos conceptos del sistema eléctrico.

Pool’. El pool es el mercado mayorista donde se fija a diario el precio de la electricidad, y está gestionado por un organismo independiente, el Operador del Mercado Ibérico de la Electricidad (OMIE). Cada día comercializadoras y generadoras lanzan sus ofertas (de compra y de venta, respectivamente) para cada hora de la jornada siguiente. Hay una sesión diaria, en la que se negocia la mayoría de la energía prevista, y hasta seis intradiarias en las que se realizan actualizaciones sobre dicha previsión.

Proceso de casación de ofertas. Casar, según la quinta acepción de la RAE, significa “unir, juntar o hacer coincidir algo con otra cosa”. En el caso de la electricidad, se denomina proceso de casación de ofertas al sistema a través el cual se fija el precio para cada hora del día en el mercado mayorista. Este se basa en un algoritmo, llamado Euphemia, diseñado a nivel europeo, y mediante el cual OMIE ordena las ofertas de venta que recibe de menor a mayor precio. La nuclear y las renovables son las más baratas. La primera, porque técnicamente no es rentable reducir su potencia; las segundas, por utilizar combustibles naturales con coste cero. Al otro lado se encuentran aquellas tecnologías, como el ciclo combinado o el carbón, que dependen de la quema de combustibles fósiles como el gas. El punto de encuentro entre las ofertas de venta y de compra determina el precio de electricidad.

Precio marginal. Este precio es el resultado de la casación y es la retribución que reciben las centrales por la electricidad que producen. Y tiene una peculiaridad: lo determina la última tecnología necesaria para cubrir las necesidades energéticas de cada hora y se paga por igual a todas las centrales que entran en el mercado, independientemente de sus costes de producción. Es decir: todas las generadoras que ofertaron más barato serán retribuidas a este precio marginal. Para poner un ejemplo: si un determinado día a una determinada hora las energías más baratas no tienen suficiente capacidad de generación para cubrir la demanda, entonces entran al mercado fuentes más contaminantes a un precio mayor, como el gas. ¿El resultado? Todas las centrales, incluso la más barata, se pagan a precio de gas. En 2020, con la demanda hundida por los confinamientos y una producción récord de renovables, los precios se mantuvieron en mínimos. Sin embargo, este inicio de año, con un aumento de la demanda por la ola de frío y el precio de gas disparado, han crecido hasta niveles nunca vistos en más de una década.

Sobrerretribución. Este precio marginalista da lugar a una sobrerretribución para determinadas fuentes de energías, como la nuclear y la hidroeléctrica. Estas centrales de por sí tienen un coste de producción muy bajo, pero el sistema marginalista hace que todas cobren al mismo precio que una térmica si esta ha sido la última en entrar. Esta retribución extra también se conoce como windfall profits, o beneficios caídos del cielo. El acuerdo de coalición firmado entre el PSOE y Unidas Podemos prevé realizar “cambios normativos” para “acabar con la sobrerretribución que reciben en el mercado mayorista determinadas tecnologías que fueron instaladas en un marco regulatorio diferente, anterior a la liberalización y que han recuperado sobradamente sus costes de inversión”. El aviso va dirigido, principalmente, a la hidroeléctrica, que trabaja de facto en régimen de oligopolio a través de concesiones y que libera energía solo cuando los precios ya están altos para obtener una retribución mayor.

Derechos de emisión. Los derechos de emisión son otro elemento que hace fluctuar el precio final de la electricidad en el mercado mayorista. Se trata de un instrumento diseñado por la UE en 2005 para luchar contra el cambio climático y desincentivar el uso de energías contaminantes. Para simplificar mucho, un derecho de emisión es una autorización para emitir una tonelada de CO₂ equivalente (se dice equivalente porque además de dióxido de carbono se incluyen otros gases de efecto invernadero), derechos que las empresas pueden comprar y vender en el mercado porque son limitados. Y, como dice el término, son las compañías que generan energía sucia las que los negocian. Estos derechos, que llegaron en años anteriores a estar por debajo de los cinco euros, se han disparado este 2021 por encima de los 30 euros la tonelada, un umbral que Bruselas considera suficiente para reducir el empleo de combustibles fósiles en la producción de electricidad, pero que al final es un elemento más que las compañías tienen en cuenta a la hora de calcular su rentabilidad.

Parte fija y variable del recibo. El recibo de la luz es otro gran rompecabezas que afecta directamente al consumidor, que en la gran mayoría de los casos no sabe qué está pagando en la factura. Y con razón: el precio final no viene determinado solo por la energía que consume; también entran otros conceptos que a veces poco tienen que ver con la electricidad, ya que el recibo se ha convertido con los años en un cajón de sastre donde se esconden los costes de las políticas energéticas de turno. La electricidad que se consume es la parte variable del recibo porque depende de cuánto se consume, y solo representa algo más de un tercio del precio final. La parte fija la representa lo que se conoce como potencia contratada, que se paga por el simple hecho de tener acceso al sistema aunque nunca se encienda la luz. A más kilovatios (kW) contratados de potencia, más capacidad tendrá nuestra instalación ―la posibilidad de tener más electrodomésticos encendidos a la vez―, pero más cara será la factura. A esto hay que sumar el alquiler de contadores y los impuestos: el que grava la electricidad y el IVA, al tipo máximo del 21% ―en otros países europeos se aplica un IVA reducido―. La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, acaba de descartar una reducción del IVA alegando que España está bajo la lupa de Bruselas por tener una recaudación del este tributo más baja que otros vecinos.

Peajes de acceso. Fijados por el Gobierno, los peajes son lo que se paga por el transporte y la distribución de electricidad hasta los hogares. Los peajes se asignan en función de la capacidad de consumo (potencia contratada) y afectan también al propio consumo (parte variable del recibo).

Tarifa regulada o PVPC. Esta tarifa, conocida como Precio Voluntario para el Pequeño Consumidor (PVPC), está regulada por el Estado y se estableció en 2015 para sustituir a la anterior tarifa de último recurso (TUR). En este caso el término variable, es decir el consumo, se determina en función de la cotización del precio del kilovatio-hora (kWh) en el mercado mayorista. El usuario puede elegir entre la tarifa fija y la discriminación horaria (donde hay horas valles con precios más baratos durante la noche y punta, con precios más caros durante el día). Todos los días, los precios horarios para la jornada siguiente se publican en la página web de Red Eléctrica de España (REE).

Mercado libre. Esta es la otra tarifa que pueden contratar los consumidores. De hecho, el 60% de los hogares tiene una tarifa en este mercado, según la CNMC. En este caso, el precio del kWh es el acordado con la compañía comercializadora con la que tengan contratado el suministro. Y a la larga suele ser más cara que el PVPC, según los analistas del mercado.

Comercializadora de referencia. Estas son las únicas compañías que pueden ofrecer el PVPC, y sustituyen a las antiguas comercializadoras de último recurso (CUR). El problema es que se trata de compañías, como Naturgy o Endesa, que también operan en el mercado libre, lo que puede causar confusión en el consumidor. Por ello, la CNMC obligó a las empresas a distinguir claramente sus marcas comerciales para diferencias las comercializadoras de referencia de las del mercado libre pertenecientes a un mismo grupo.

Bono social. Se trata de un descuento en la factura para los consumidores vulnerables que tengan contratado el PVPC. La rebaja oscila entre el 25% y el 40%, en función de que el usuario se considere vulnerable o vulnerable severo. Se concede, principalmente, según criterios de renta. Se solicita a la comercializadora de referencia con la que se tenga contratado el suministro.

Sobre la firma

Laura Delle Femmine

Es redactora en la sección de Economía de EL PAÍS y está especializada en Hacienda. Es licenciada en Ciencias Internacionales y Diplomáticas por la Universidad de Trieste (Italia), Máster de Periodismo de EL PAÍS y Especialista en Información Económica por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.

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