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Elisa Hernando, la empresaria que ayuda a invertir en arte con un algoritmo

Ha creado una plataforma para casar los gustos de los inversores con la oferta del mercado

Elisa Hernando posa con una escultura del artista argentino Tomás Saraceno en Madrid.
Elisa Hernando posa con una escultura del artista argentino Tomás Saraceno en Madrid.

A Elisa Hernando Calero (Madrid, 1973) siempre le gustó el arte. Cuando llegó el momento de ir a la Universidad, en su casa la empujaron a hacer “algo más seguro, más práctico y con más futuro laboral” —explica— y empezó a estudiar Ciencias Empresariales en la Autónoma de Madrid. Terminado el primer año de carrera, gracias al empuje de su profesor de arte de bachillerato se animó a compaginar sus estudios económicos con los de Historia del Arte. “Terminé Empresariales, trabajé en banca, me especialicé en finanzas y Bolsa y, tras ocho años, acabé también la licenciatura en Historia del Arte. Rematé mis estudios con una tesis doctoral sobre valoración del arte gracias a un modelo econométrico”. A partir de ahí, el salto profesional: años de trabajo en la dirección de distintas galerías y finalmente en 2003, la puesta en marcha de su primera empresa.

Arte Global es una asesoría internacional especializada en coleccionismo de arte y proyectos de gestión cultural para instituciones, empresas y particulares. “Obra, precio y calidad”, resume. Entre otros, sus clientes son el portal inmobiliario Idealista, la Fundación Mapfre, Delfina Foundation, la Fundación Banco Santander, BBVA, ARCO, Uría Menéndez Abogados y el Instituto Cervantes.

Con todo, Hernando, una mujer menuda pero con una energía y una pasión por el arte desbordante, no se ha dado por satisfecha. “Gracias a Arte Global, hemos creado buenas colecciones, hemos contribuido a lanzar premios para jóvenes artistas y creo que, a través de la formación, estamos acercando el arte a personas que antes lo veían como algo inaccesible. Pero yo quiero más. Quiero que el arte no sea solo algo de grandes patrimonios, de clientes de banca privada. Me gustaría que llegara más lejos”. En esta idea, Elisa Hernando empezó hace un par de años a darle vueltas a un nuevo proyecto. En febrero de este año nació oficialmente RedCollectors.com, una plataforma online independiente para “comprar arte de otra forma”, basada en un algoritmo único, resultado de la experiencia de más de 15 años asesorando en este mercado y de la investigación científica recogida en su tesis doctoral. El objetivo es dar servicio de asesoramiento a particulares, hacer el arte accesible a cualquier presupuesto; en principio desde 1.000 euros aunque, riendo, reconoce que “a veces, si merece la pena, nos lo saltamos, tal y como hicimos hace pocas semanas cuando entregamos un precioso cuadro a un joven de veintipocos años por 600 euros, fruto de su primer empleo”.

RedCollectors.com utiliza algo que en el mundo de la inversión está actualmente muy de moda: los perfiles de usuario. Todo empieza, tras registrarse y obtener claves de acceso, con un sencillo test sobre gustos, criterios estéticos, intención al comprar arte —“se puede querer tener, compartir, enseñar, solo emocionarse o mostrar una imagen; incluso un estatus”— y presupuesto. A partir de ahí, ya con una atención personalizada y privada, se ofrece una selección de obras, ya sea pintura, escultura, fotografía, etcétera; reuniendo todas ellas, según Hernando, los requisitos tanto de calidad artística, procedencia así como de precios cotejados y validados.

“En general, creo que la gente no compra arte para venderlo pero, por supuesto, le gusta ver que vale más. Es una inversión a futuro, a 10 o 15 años; con, si se hace bien, importantes posibilidades de revalorización. Y también es un patrimonio que puede dejarse a las siguientes generaciones”, añade Hernando. En RedCollectors, el cliente no paga comisiones por este servicio —“nosotros ajustamos los precios con los artistas vendedores”— pero sí lo hace por otros que se ponen a su alcance como son la tasación y valoración de obras de arte y la gestión digital e inventariado de colecciones con su software.

Invertir en arte es “sin duda, una opción con riesgo”, dice Hernando. Pero las cifras oficiales de ventas y rendimientos hablan de récords y ello a pesar de robos, falsificaciones y negocios por la puerta de atrás. En 2018, según el Informe Mundial Artprice del Mercado del Arte Mundial, se vendieron cerca de 540.000 lotes, el doble que en el año 2000 y lo nunca visto desde 1945. Más de 15.500 millones de dólares (unos 14.100 millones de euros) solo en ventas en subastas —en el mercado global, las operaciones se acercaron a los 68.000 millones de dólares—, impulsadas por los mercados americano, chino, británico, italiano y japonés. Según el estudio de Hiscox Online Art Trade Report, el mercado de arte online creció entre 2013 y 2017 un 280%, superando los 4.000 millones de euros. De aquí a 2023, las expectativas son positivas: los expertos confían en que se acercará a los 8.400 millones de dólares.

En lo relativo a rendimientos, y según el último informe de Artprice, en 2018 las ventas repetidas (la misma obra se compra y revende el mismo año) tuvieron un rendimiento anual medio que varió entre 6,2% y el 8,2%.

La piel del oso

Cuenta Elisa Hernando que también es posible llegar al arte a través de fondos de inversión y que esta práctica viene de lejos. A principios del siglo XX, André Level, un hombre de negocios francés y gran coleccionista de arte, convenció a 12 de sus amigos para crear La Peau de l’Ours (la piel del oso). Durante 10 años, él y sus socios inversores adquirieron 145 obras de 60 artistas, entre los que estaban Maurice Denis, Raoul Dufy, Paul Gauguin, Henri Matisse, Pablo Picasso, Odilon Redon, Vincent van Gogh, y Édouard Vuillard.

El 2 de marzo de 1914, la colección se subastó en el Hôtel Drouot (París) con gran éxito: su valor se había multiplicado por cuatro. Cuentan en el Metropolitan Museum of Art (el MET de Nueva York) que los socios de este primer fondo de inversión en arte repartieron incluso parte de sus ganancias con los propios artistas. “Tuvieron que pasar cerca de 70 años para que nacieran otros semifondos de inversión en arte. Algunos fueron más que rentables, como los que apostaron por impresionistas como Monet y Manet y otros acabaron siendo un fiasco, como el Valencia Art Contemporary (VAC), que acabó vendiéndose a trozos. Ahora parece que en España va a lanzarse —el anuncio se hizo hace un año y medio— el primer fondo de inversión en arte regulado por la CNMV”.

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