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Tribuna
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Día mundial contra el ruido: Somos parte de la solución

El autor propone crear una etiqueta del ruido para nuestros edificios

El año pasado, con motivo de la celebración del Día Internacional de Concienciación contra el Ruido hicimos una propuesta, quizás ambiciosa y soñadora, pero con todo el sentido del mundo, consistente en crear una etiqueta del ruido para nuestros edificios. Y decimos ambiciosa porque la propuesta, que sigue teniendo todo el sentido, pretendía visibilizar otro de los aspectos invisibles (además de la energía) de nuestras viviendas y edificios, el ruido. También decimos que era soñadora, porque somos conscientes de que las cosas se mueven más despacio de lo que nos gustaría, más aún cuando no existe un mandato concreto. Prueba de ello es el hecho de que, hasta el año 2013, no tuvimos una herramienta que visibilizara el comportamiento energético de los edificios, a pesar de que la Unión Europea estableciera la obligación de hacerlo una década antes.

El ruido es un problema que tiene unas características muy concretas, que lo hacen merecedor de una atención especial y de que, un año más, nos sumemos a la celebración de este Día Internacional de Concienciación contra el Ruido. Algunas de estas características son: que no se visibiliza; que damos por hecho que nos afecte en nuestro día y en nuestras viviendas; que tiene graves consecuencias sobre nuestra salud; que no dejará de crecer si no tomamos las medidas oportunas, sobre todo en las grandes ciudades y que en nuestras viviendas tiene una estrecha vinculación con la eficiencia energética y, al menos parte de la solución está en nuestras manos.

El ruido es un aspecto que refleja perfectamente los intangibles que influyen sobremanera en nuestra calidad de vida y que, sin embargo, pasan desapercibidos a la hora de evaluar nuestros entornos urbanos nuestros edificios. Sin embargo, nos preguntamos...

¿Cuánto vale descansar adecuadamente? ¿Qué precio se le puede poner a la intimidad en el hogar? ¿Cuánto vale no escuchar el camión de la basura o el ruido de coches circulando durante las horas de descanso? ¿Cuál es el coste de una mala relación con tus propios vecinos? Probablemente la mayor parte de nosotros daríamos un valor enorme al hecho de poder garantizar el silencio y la intimidad en nuestras casas. A pesar de ello, suele ser de las cuestiones que sólo percibimos cuando ya hemos comprado o alquilado una casa y, por tanto, no ponen o quitan valor a un inmueble o edificio porque no se visibilizan de ningún modo. Esto es un serio problema, al que se suma el hecho de que ya demos por sentado que escuchar los pasos o la televisión de nuestros vecinos es algo normal e inevitable.

Es conocido que el ruido afecta a nuestra salud. Afecta directamente a nuestro sistema nervioso, provocando la secreción de hormonas relacionadas con el estrés, con las consecuencias que se derivan de ello. Se calcula que, en Europa occidental, a causa del ruido del tráfico, mueren de forma prematura un millón de personas cada año. Además, aunque puede ser una cuestión general, las afecciones son mayores en las grandes ciudades, y dado que la tendencia poblacional indica que nos iremos concentrando en las ciudades, será un problema que no dejará de crecer si no tomamos las medidas oportunas.

La exposición a niveles de ruido superiores a 40dB (decibelios) durante la noche puede provocar trastornos del sueño. Un descanso de buena calidad, inferior a 30dBA, es importante para garantizar que nuestro cerebro funcione bien durante el día. También desempeña un papel crítico al permitir que nuestros cuerpos se recuperen adecuadamente del trabajo, de un día difícil.

Por ejemplo, podría afectar a los cambios hormonales que regulan nuestros niveles de glucosa mientras dormimos, lo que llevaría a reducir la tolerancia a la glucosa y aumentar el riesgo de diabetes tipo 2. Las personas que experimentan un sueño interrumpido pueden correr un mayor riesgo de depresión, poniendo en tensión su salud mental. A niveles de ruido superiores a 55dB, puede ocurrir una presión arterial elevada y una cardiopatía isquémica, que en última instancia puede conducir a ataques cardíacos.

Para bien o para mal, somos parte del problema y por tanto somos parte de la solución. Desde nuestra posición tenemos muchas cosas que hacer. En primer lugar, poner nuestro grano de arena para caminar hacia entornos y espacios silenciosos. A la vez que somos receptores, también somos causantes (emisores) de dicho ruido con nuestras propias actividades diarias (transporte, relación social, ocio, etcétera) por lo que, podemos contribuir a reducir la intensidad del ruido en nuestros entornos urbanos, barrios y edificios.

En segundo lugar, apoyar y apostar por cambios en nuestros entornos que contribuyan a reducir el ruido. La movilidad eléctrica en nuestras ciudades, la renovación de instalaciones, el uso de pavimentos diseñados para disminuir el ruido, la renovación de equipos y redes de transporte público, son medidas que pueden hacer disminuir la emisión sonora que se produce en nuestros entornos. Pero, a su vez, también tenemos derecho y debemos exigir que nuestras viviendas ofrezcan un grado de confort óptimo. Aunque el Código Técnico de la Edificación ya introdujo en 2007 el DB-HR (Documento básico de Protección frente al ruido) que ha sido revisado con posterioridad y que exige su cumplimiento a todas las viviendas de nueva construcción, debemos ser ambiciosos y exigir que nuestras viviendas cuenten con los máximos niveles de protección frente al ruido, más allá de la propia normativa.

En tercer lugar, podemos actuar desde ya en algo que está directamente en nuestra mano. Probablemente residamos en viviendas construidas con anterioridad a la normativa de referencia o en las que, en cualquier caso, no existe una adecuada protección frente al ruido. Quizás hemos estado mucho tiempo asumiendo el problema como algo irreversible, soportando ruidos del exterior y de nuestros propios vecinos, a los que nos hemos resignado, más que acostumbrado. ¿Por qué no actuar si está en nuestra propia mano? Si nuestra vivienda no es capaz de absorber el ruido que nosotros mismos emitimos ni consigue aislarnos de los ruidos del exterior y de nuestros vecinos, existen soluciones factibles para revertirlo.

Nuestros edificios pueden dotarse de aislamiento, con el grosor necesario para garantizar los niveles de penetración del ruido aéreo exterior y para evitar la transmisión del mismo. La mejora de nuestra envolvente térmica, de nuestros suelos, paredes, ventanas, escaleras o techos es una opción eficaz, probada y con beneficios inmediatos. Además, la ventaja principal es que al actuar de este modo en nuestras viviendas podemos atajar dos problemas, con una misma solución. Ruido y energía no sólo comparten el factor de la "invisibilidad", también comparten soluciones y beneficios. Mejorar el aislamiento térmico de nuestros edificios y apostar por una "casa que ahorra" también permite mejorar el aislamiento acústico y con ello el bienestar y la calidad de vida de las personas.

Si podemos empezar por poner soluciones al ruido ¿a qué esperamos? Quizás la celebración del Día Internacional de Concienciación sobre el Ruido sea un buen motivo para reflexionar sobre ello y para plantearnos actuar.

Albert Grau es gerente de la Fundación La Casa que Ahorra

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