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Cómo construir una cartera de inversión para el final del ciclo

J. P. Morgan AM ve aún potencial al mercado, pero cree que conviene tener un plan B por si la tendencia cambia

Chris Wilcox, consejero delegado de J.P. Morgan Asset Management.
Chris Wilcox, consejero delegado de J.P. Morgan Asset Management.

Todos los años, J. P. Morgan Asset Management (JPAM) reúne al comienzo del otoño a la prensa internacional para ofrecer su visión del mercado. El evento de la gestora, una de las mayores del mundo con 1,7 billones de dólares en activos, se celebra entre su sede —la antigua Escuela de la City de Londres— y algún edificio emblemático de la ciudad. Esta vez fueron los salones desde donde Winston Churchill dirigió a las fuerzas británicas durante la II Guerra Mundial a salvo de las bombas alemanas. Casualidad o no, el espacio elegido casa a la perfección con la idea de fuerza lanzada por la entidad estadounidense: los inversores se encuentran al final de la base de bonanza y conviene tener a mano un búnker para cuando vengan mal dadas.

El final de un ciclo económico y de mercado no quiere decir que no se tomen riesgos, pero sí significa que hay que saber a la perfección los riesgos que se están tomando”, señaló John Bilton, responsable de la estrategia multiactivos de la gestora. Un mensaje compartido por Massimo Greco, jefe del negocio europeo de JPAM: “La expansión económica y los mercados alcistas no duran para siempre. Por eso hay que diversificar y construir una cartera de inversión con activos que suelen hacerlo bien en un momento como ese o incluso si hay una recesión”.

Durante los dos días de presentaciones ante los medios de comunicación invitados, entre ellos EL PAÍS, los gestores repitieron que los fundamentales económicos son buenos: casi todas las regiones económicas mundiales crecen a buen ritmo y la liquidez, pese al cambio de política de los bancos centrales, sigue siendo abundante. Sin embargo, también pusieron sobre la mesa una serie de riegos a tener en cuenta. Entre ellos, el impacto de la guerra comercial y, sobre todo, el recalentamiento de la economía estadounidense que puede traer más inflación y, con ella, subidas más rápidas de las previstas en los tipos de interés.

Ojo con la complacencia

El negocio de la gestión de activos también se ve presionado por la disrupción que traen los cambios sociales y sociológicos. En un momento en el que los márgenes de la industria se resienten por la presión a la baja de las comisiones, Chris Willcox, consejero delegado de J. P. Morgan Asset Management, cree que el mayor peligro para las gestoras es la “autocomplacencia”. En su opinión, el sector se encuentra en un punto de inflexión, presionado a su vez por los incesantes cambios regulatorios. Una de las políticas de la gestora estadounidense es ir hacia menos productos. “Ahora mismo en Europa hay más fondos que empresas cotizadas. Cuando hay tanta oferta suele ser sinónimo de mediocridad”. Otra de sus apuestas es expandir las actividades de la compañía en Asia. “Es imposible no tener una estrategia en China”.

“A lo largo de la historia, los factores que desencadenaron una recesión fueron variados”, indicó Robert Stewart, uno de los estrategas de la gestora. “En este ciclo, el mayor riesgo es la liquidez. Y lo es en un doble sentido: por un lado, si siguen los tipos al alza, el coste de capital de las empresas se encarecerá. Además, desde el punto de vista del mercado, un cambio de sentimiento general en el mismo pondrá a prueba la capacidad del sistema para absorber las salidas de dinero de unos activos hacia otros”, añadió.

Elegir la ocasión

La cuestión fundamental para un inversor es elegir bien el momento en el que debe girar el volante para cambiar de dirección. Durante las diferentes presentaciones se insistió en la idea de que, con dos datos en la mano, salirse de la renta variable muy pronto en la fase final de un ciclo alcista puede conllevar la pérdida de rentabilidades muy jugosas. “El timing es crucial. Los vientos de cola pueden impulsar durante seis o 12 meses más los mercados. Como pone de evidencia la estadística, abandonar con antelación una etapa alcista puede suponer perderse entre un 10% y un 15% de subida adicional del mercado”, según Karen Ward, estratega jefa de JPAM.

Los inversores cuentan en estos momentos con un colchón para, sin renunciar a la transición hacia carteras más conservadoras, mantener cierto nivel de riesgo. Ese factor es el bono estadounidense a 10 años, cuya rentabilidad está ya en el 3,1%. “Por primera vez en mucho tiempo, la rentabilidad real del bono [descontando la inflación] es positiva en la mayor parte de la curva de tipos. Eso significa que en la parte de la cartera de renta variable puedo seguir asumiendo más riesgo porque en los activos de renta fija se me remunera por no hacerlo”, según Bilton.

La gestora estadounidense dio algunas pistas acerca de cómo construir carteras más resistentes. El primer consejo es la diversificación, no solo de activos, sino también de zonas geográficas. “También podría ser una buena idea favorecer a las compañías grandes frente a los valores de mediana y pequeña capitalización. Otra estrategia que suele funcionar es primar aquellos negocios sólidos (value), frente a los sectores de mayor crecimiento (growth). Tener liquidez y activos con poca correlación con los mercados son otras opciones”, indicó Ward.

A medida que las rentabilidades son más escasas y difíciles de encontrar, un factor determinante para el bolsillo de los inversores es el de la divisa. En lo que va de año, el dólar se ha apreciado con fuerza frente a la mayoría de las monedas. Esta tendencia se explica porque la política monetaria de EE UU está en una etapa más avanzada que el resto. Tipos de interés mayores atraen más flujos de dinero y el billete verde se beneficia de este círculo virtuoso. “El dólar podría seguir haciéndolo bien hasta final de año, pero después esperamos que el euro se fortalezca en la medida en que el Banco Central Europeo se vuelva más agresivo”, dijo Bilton.

Además del análisis económico y bursátil, dos cuestiones geopolíticas sobrevolaron el evento: el Brexit y la deriva populista del Gobierno italiano. En JPAM creen que ambos factores traen incertidumbre al mercado y, por tanto, mayor volatilidad, pero prevén que las negociaciones terminarán llegando a buen puerto. En el caso de España, que otros años protagonizó buena parte de las presentaciones, en esta ocasión figuró en un segundo plano. “Me encanta el mercado español. Hay compañías pioneras en sus sectores como Inditex y Grifols. Lo que ocurre con la Bolsa local es que está condicionada por el fuerte peso de sectores que no atraviesan su mejor momento, como la banca o las eléctricas”, explicó Stephen Macklow-Smith, responsable de renta variable europea.

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