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Tribuna:FÚTBOL | 21ª jornada de Liga

Irreconocible Zaragoza

Con Agapito Iglesias, la situación es insostenible en el ámbito deportivo, el económico y el social

A finales de mayo de 2006, se anunciaba la venta del paquete accionarial del Zaragoza que Alfonso Solans Solans había heredado de su padre, fallecido 10 años antes. Mucha gente celebraba dicho traspaso de poder, ya que consideraba que Alfonso Solans no invertía lo suficiente en la configuración de la plantilla. Ahora, vista la situación casi seis años después, toda esa gente está espetando en los corrillos futboleros la famosa frase de "Bueno te harán los que te sucederán".

Agapito Iglesias, constructor soriano afincado en Zaragoza y muy bien relacionado con el Gobierno de Aragón, tomaba las riendas de una entidad con más de 70 años de historia. Por aquel entonces, España vivía un estado de euforia económica y varios promotores inmobiliarios se hacían cargo de equipos de la Liga española a sabiendas de que su estatus personal mejoraría para poder aumentar la explotación de sus empresas privadas. El último legado de Alfonso Solans antes de vender definitivamente sus acciones fue recuperar la figura de una leyenda del banquillo zaragocista, Víctor Fernández. A Agapito Iglesias le venía bien contar con la figura de Víctor para encabezar un proyecto cosechado a base de un buen talonario. La llegada de grandes nombres al vestuario zaragocista ilusionó de entrada a una afición acostumbrada a ver buen fútbol en La Romareda. El más sonado fue el de Pablo Aimar, que fue fichado del Valencia por más de ocho millones de euros. Los salarios de la plantilla se empezaron a disparar.

La prueba palpable de que Agapito Iglesias contaba con el beneplácito del Gobierno de Aragón fue el nombramiento como presidente ejecutivo de Eduardo Bandrés, un político muy bien considerado en la comunidad, gran zaragocista y exconsejero de Economía. Era el primer presidente remunerado de la historia del Zaragoza, pero Agapito necesitaba una persona con carisma para representar a la entidad en todos los acontecimientos y dar la cara ante los medios mientas él gestionaba absolutamente todo.

En la primera temporada se consiguió el objetivo de llegar a Europa a través de la Copa de la UEFA en un dramático partido en Huelva en que un gol de Diego Milito permitió alcanzar el objetivo marcado al inicio. El viento a favor permitió seguir invirtiendo mucho dinero en refuerzos con el objetivo señalado por el propietario en el segundo año, jugar la Champions League. Con la euforia se gastaron los 17 millones del traspaso de Gabi Milito al Barça en un futbolista de 34 años que había fichado sin costarle un euro el Villarreal, Roberto Ayala. Entre lo que costó la cláusula del argentino más las comisiones y el salario del futbolista se esfumaron los euros ingresados por Milito, pero como era época de bonanza económica no pasaba nada. También se contrató a un futbolista enorme como Matuzalem del Shakhtar Donetsk por seis millones. La grave lesión del brasileño al inicio, el bajo rendimiento de los fichajes y la falta de unión de un vestuario con muchos gallos provocó, tras nueve encuentros sin ganar, la destitución del emblema del proyecto, Víctor Fernández. Ni su sustituto, Garitano, ni Irureta ni finalmente Manolo Villanova pueden enderezar la nave, que acaba en Segunda División. Miguel Pardeza, ante tal debacle, decide en un acto de dignidad dimitir con una frase lapidaria: "Me voy con las manos limpias".

A los pocos días de confirmarse la tragedia comparece Agapito Iglesias en una rueda de prensa surrealista donde confirma que el proyecto sigue adelante a pesar del fracaso y que respaldará financieramente el mismo a través de sus empresas, que dan trabajo a mucha gente y que facturan lo que no está escrito. Se dice que siempre se ve a las personas en los malos momentos, y se empezaba a descubrir al verdadero Agapito Iglesisas. Se contrata por una millonada al técnico de moda Marcelino García Toral para conseguir que haga limpieza en un vestuario viciado y consiga el ascenso. El preparador asturiano asciende, pero su fútbol no tiene llegada al exigente público de Zaragoza y en un mal inicio en el regreso a la Primera División es destituido. Por aquella época, tras el desgaste en el día día con el propietario y la sensación de no contar para nada en la toma de decisiones, Eduardo Bandrés dimite conjuntamente con todo el consejo de administración. Agapito empezaba a quedarse solo y recupera a dos exjugdaores emblemáticos como Gay y Nayim para dar un golpe de efecto ante la afición y eludir el descenso con una gran segunda vuelta del campeonato.

La gran inversión efectuada desde su llegada, la mala gestión de los recursos propios y la falta del respaldo del gobierno de Aragón somete a la entidad a una durísima falta de liquidez que acaban sufriendo los futbolistas con promesas de pago incumplidas. El consejo de administración solo lo componen dos hombres de confianza, Javier Porquera, que tratará de solucionar el problema económico que había, y Francisco Checa, secretario general de toda la vida del club.

A partir de ahí Agapito decide coger el solo el toro por los cuernos para gestionar cualquier ámbito de la entidad. Se venden a los futbolistas emblemáticos para paliar la falta de recursos y se contratan medianías que no mejoran el nivel futbolístico. La imagen del Real Zaragoza en todos los aspectos está degradada y casi ningún futbolista desea venir a la capital del Ebro cuando antes era un paraíso para cualquier profesional que quisiese destacar en este deporte. Otra gran segunda vuelta con Javier Aguirre, con los dos últimos partidos dramáticos ante Espanyol y Levante, vuelve a salvar al equipo.

Agapito recibe ofertas durante el año para vender el club, pero las desestima aludiendo falta de recursos de los interesados. La viabilidad de la sociedad solo pasaba por un concurso de acreedores que salva por la campana en el último segundo aprobando el porcentaje de acreedores estipulado en el Pacto Anticipado de Convenio. El equipo demuestra la falta de nivel y desde el inicio de esta última temporada acaricia el farolillo rojo de la clasificación.

En esto aparece un rayo de luz y de esperanza en una sorprendente rueda de prensa donde Agapito presenta a Salvador Arenere, un empresario respetado en Aragón, y a dos consejeros más como nuevos miembros del consejo de administración, asegurando que él daba un paso atrás y les dejaba toda la gestión de la sociedad a ellos. En 10 días dicha ilusión se vino abajo cuando dimiten también en pleno, aludiendo en un comunicado que Agapito había incumplido todo lo pactado. La afición explota y decide dar un paso adelante acudiendo en masa y de forma cívica a una concentración antes del partido ante el Getafe para solicitar su salida inmediata de la entidad. Él, que desde hacía algunos meses había decidido no acudir al estadio, respondió a tal evento con un frío comunicado en la web oficial. La situación es insostenible, la crisis no solo abarca el ámbito deportivo sino que llega hasta el económico, institucional y sobre todo social.

El Real Zaragoza está irreconocible y necesita que alguien lo devuelva al estatus en que se encontraba antes de la irrupción en este mundo, que no es el suyo, del señor Iglesias. Si le queda algo de cordura tiene que escuchar la voz de los más de 350.000 zaragocistas que hay y dejar que otra gente trate de arreglar el triste panorama en que ha dejado a una entidad que pronto cumplirá 80 años.

Xavi Aguado es el futbolista que más partidos ha jugado en la historia del Zaragoza: 473 entre 1990 y 2003.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 28 de enero de 2012