Reportaje:

Hungría hace equilibrios

El país busca un préstamo del FMI sin aprobar las medidas para reducir el déficit fiscal que le pide la UE

La economía húngara se encuentra técnicamente asfixiada. El país afronta un peligroso cóctel de alto déficit fiscal, falta de liquidez y de financiación privada, bonos públicos con intereses disparados y amenaza de recesión. Ello les ha llevado a pedir ayuda al Fondo Monetario Internacional (FMI) y a la Comisión Europea (CE) por valor de entre 15.000 y 20.000 millones de euros. El objetivo de las negociaciones, que han comenzado esta misma semana, es recobrar la confianza del FMI después de un largo historial de desencuentros.

En 2008, Hungría ya obtuvo un crédito de 20.000 millones, pero ahora el Fondo y la UE se niegan a entregar nuevas ayudas. Las entidades piden a Budapest que se replantee una serie de reformas que limitan la independencia del banco central húngaro, supeditándolo al control político. De momento, las autoridades locales dicen que se sentarán a negociar "sin condiciones previas", lo que puede retrasar aún más el acuerdo. Pero el tiempo juega en contra de Hungría. Los analistas consideran que las ayudas deben llegar necesariamente este primer semestre para que el mercado recupere la confianza en el país.

El mercado exigió unos intereses del 9,7% en la última subasta de bonos

En el último mes, Moody's, Standard & Poor's y Fitch han rebajado sucesivamente la calificación de la deuda soberana húngara a categoría de bono basura por el "continuo deterioro presupuestario del país", confirmando la desconfianza de los mercados internacionales en Hungría. Estas noticias llegan en momentos en que la moneda local, el florín, se encuentra en mínimos frente al euro y cuando el Ejecutivo tiene serios problemas para financiarse. En la última subasta no pudo colocar todos sus títulos y el interés trepó hasta el 9,7%, dos puntos más que hace un mes.

En la misma línea, la Comisión Europea ha amenazado con abrir un expediente por excesivo déficit fiscal debido a los escasos esfuerzos que está realizando Hungría para recortar los gastos. El último dato oficial indica que el déficit llegó hasta el 6,2% del PIB. No obstante, el Ejecutivo cree que se podrá conseguir el límite presupuestario comprometido con la UE del 3% gracias a la incorporación de los fondos de pensiones privados. La explicación no ha valido para la CE, que ha recomendado proponer sanciones al Consejo Europeo.

Esta compleja situación es el colofón a la crisis económica que afecta a Hungría desde hace cuatro años y que ha elevado su deuda pública por encima del 85% del PIB. En 2009, la caída del comercio exterior, sumado al retroceso del consumo, la crisis bancaria y la caída de la inversión, generó que el PIB del país retrocediese un 6,8%. Para este año, y después de dos cursos con crecimientos del 1,4%, las previsiones de la OCDE apuntan a un retroceso del 0,6%. El dato se explica por la caída del 2,4% en el consumo privado y del 4% en la formación bruta de capital, indicador que mide la inversión.

El problema es que una de las grandes esperanzas para este curso son las exportaciones, que dependen casi exclusivamente de los intercambios con la Unión Europea. Las previsiones indican que los envíos al exterior crecerían este curso un 4,8%, pero Alemania, su principal socio comercial, ha entrado en cifras negativas de crecimiento el cuarto trimestre del año pasado, lo que lógicamente reducirá de manera importante sus pedidos. La cuarta parte de las exportaciones húngaras tiene como destino a sus socios germanos.

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