Kodak cae sin freno

La compañía necesita vender sus patentes para sobrevivir - Crecen los rumores sobre una suspensión de pagos

Los buitres de la suspensión de pagos siguen revoloteando sobre Eastman Kodak. Anticipan el fatal desenlace. Y cada vez son más. Una suerte literalmente opuesta a la que vivió a mediados de los años 1970, cuando su dominio del negocio de la fotografía era aplastante. Los buitres huelen que la compañía no es capaz de rentabilizar su cartera de patentes, vitales para su supervivencia.

Kodak, una de las marcas más reconocidas del mundo, parece un muerto viviente desde hace un año. La revelación de The Wall Street Journal informando de que la multinacional que dirige el español Antonio Pérez se prepara para la suspensión de pagos no fue, por tanto, una sorpresa. La novedad es que esta vez no se negó ese extremo con la rotundidad de anteriores ocasiones.

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El artículo se suma a la opinión negativa de las agencias Moody's y Fitch, hundiendo aún más su deuda al degradarla al nivel del bono basura. Eso asusta a los inversores en el momento que más se les necesita. El batacazo en Wall Street está siendo considerable. Kodak perdió durante el último año más del 90% de su capitalización. Sus acciones se pagan a menos de un dólar desde hace un mes.

Si en seis meses no se recupera, podría dejar de cotizar en el New York Stock Exchange (ya se cayó del índice Dow Jones y del S&P 500). Por si no fuera suficiente, dos representantes del fondo KKR acaban de dejar sus asientos en el Consejo de Administración. No se explicó el motivo, pero se interpretó como la escapada estratégica previa al fatal desenlace.

Otra opción, y esta podría ser positiva para la empresa que hizo de la fotografía una afición, es que KKR esté a las puertas de lanzar una oferta por las patentes de Kodak y evitar así cualquier tipo de conflicto de interés. Pase lo que pase ahora, es evidente que la compañía de Rochester (en el estado de Nueva York) tiene serios problemas para lidiar en la nueva era de la fotografía digital.

Hay más. Kodak arrastra un déficit de 2.600 millones de dólares (2.044 millones de euros) en obligaciones con sus empleados en concepto de pensiones. A lo que se suma 1.500 millones en obligaciones con sus acreedores. Son datos comunicados al regulador correspondientes a 2010, por lo que el agujero podría ser mayor. Para cubrirlos y salvar la compañía, Pérez necesita sacar provecho de esas patentes.

Los primeros rumores de la reestructuración de la deuda surgieron en septiembre, después de que trascendiera que contrataba los servicios de una conocida firma especializada en ese tipo de operaciones. El mes pasado, además, Kodak admitió que si no era capaz de recaudar más dinero o vendía algunas de sus patentes no llegaría viva a finales de 2012.

Los seguros por impago de Kodak ya auguran un 92% de posibilidades de que la compañía incumpla con sus acreedores. La venta de patentes para la digitalización de imágenes, en la que fue pionera, es una opción con la que podría recaudar unos 3.000 millones. Pero por lo publicado por The Wall Steet Journal, no hay claros pretendientes.

Pérez, en paralelo, intenta salvar el negocio de impresión, donde controla el 35% del mercado y cuenta con productos que compiten mejor con rivales como Canon y HP. La suspensión de pagos podría ayudarle a transformarla a reciclarse, a la vez que le permitiría ganar tiempo para vender con calma esas 1.100 patentes, de las casi 10.000 que tiene.

Repunte de las suspensiones de pagos

El año que pasó fue relativamente tranquilo cuando se observa el número de empresas que en Estados Unidos acudieron al concurso de acreedores para estructurar su deuda. Pero 2012 no será tan tranquilo. La agencia de calificación Fitch prevé que se duplicarán. Aunque no cree que sea tan convulso como 2009, cuando las suspensiones de pagos se cobraron víctimas tan ilustres como General Motors.

El caso reciente de la matriz de American Airlines y el de la energética Dynegy sirven de ejemplo para justificar este análisis. Ambas empresas lograron hasta ahora evitar la suspensión de pagos a base de arreglos temporales. Están a la espera de que la economía mejore. Pero la recuperación se hace de rogar y la incertidumbre dominante invita a los acreedores a no asumir riesgos excesivos.

"Cuando las cosas no mejoran, se necesita dar este paso para garantizar un arreglo a largo plazo", puntualizan desde el bufete Kirkland & Ellis, especializado en este tipo de reestructuraciones. Las empresas que tienen el riesgo mayor de impago son las que tienen sus bonos calificados como triple C, lo que en el argot financiero es calificado como bono basura.

Por tamaño, la mayor parte de las candidatas tienen una valoración de entre 200 millones y 1.000 millones de dólares (de 157 a 786 millones de euros). Por sectores, los expertos señalan a las más vinculadas a la marcha de la economía, como el comercio. En esa quiniela, Kodak y la cadena minorista Sears, que acaba de anunciar el cierre de más de un centenar de locales, cuentan con muchos números para ser tristemente agraciadas.

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