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Rajoy aguanta el pulso para su Gobierno

Banqueros, empresarios y barones tratan de influir, pero él insiste en que no tiene hipotecas - Se espera un Ejecutivo muy político sin grandes fichajes

El pescado parece ya prácticamente vendido. Mariano Rajoy trabaja a estas horas -después de acudir ayer a la boda del hijo mayor de José María Aznar, de la que fue el primero en marcharse- en su discurso de investidura. El Gobierno debería estar ya perfilado en su cabeza. Sin embargo, en las últimas tres semanas el futuro presidente ha recibido todo tipo de presiones, según coinciden varios dirigentes. Banqueros, empresarios, barones autonómicos... Todos quieren tratar de influir, y tienen sus candidatos. Especialmente para Economía.

Rajoy, sin embargo, ha escuchado a todo el mundo -a algunos les ha pedido que le manden sus sugerencias por escrito, para evitar atenderles-, pero no ha avanzado nada a nadie y tiene la firme intención de resistir todas las presiones, que no solo tratan de promover nombres sino de vetar otros, como el de Cristóbal Montoro. El futuro presidente, que está tan obsesionado con evitar filtraciones que ha recibido a personas importantes en su casa de Aravaca (Madrid) y no en su despacho de la calle Génova, le ha dicho a su gente que él no tiene deudas con nadie y hará el Gobierno que quiera. A los suyos les suele recordar que en 2008, cuando perdió por segunda vez, no solo algunos medios de comunicación conservadores, también varios empresarios relevantes se movieron para buscarle una alternativa. Y él tiene instalada esa idea de que ha llegado al poder gracias al hundimiento del PSOE, pero sin apoyo externo.

Montoro y De Guindos, los que más se citan para el equipo económico

Varios dirigentes creen que no debe haber demasiados exministros

Parece seguro que Sáenz de Santamaría estará en el puesto de mando

Pocos cargos del PP ven a Trillo en el Ejecutivo porque serían muchos 'ex'

En el equipo económico, la mayoría de los consultados juega con un tándem: Luis de Guindos, hombre de confianza del líder como asesor en la sombra durante estos años -fue secretario de Estado de Economía con Rodrigo Rato y después pasó a la empresa privada-, y Montoro, que ha recorrido como portavoz económico de Rajoy la travesía del desierto de la oposición.

El reparto con el que se especula, a falta de que mañana Rajoy dé a conocer la estructura de su Gobierno -los nombres llegarán el miércoles-, es el de De Guindos en Economía y Montoro en Hacienda, pero con atribuciones muy potentes, como Administraciones Públicas. Montoro sería el político, tal vez con rango de vicepresidente, encargado de manejar a las comunidades autónomas y embridar el déficit, por ejemplo, y De Guindos el técnico para afrontar la crisis, en especial la reforma financiera, y negociar con la Unión Europea. A De Guindos, sea dentro o fuera del Gobierno, todos le atribuyen en cualquier caso la fuerza de ser el hombre de quien se fía Rajoy a la hora de tomar decisiones. Podría también pensar en él para el Banco de España, o mantenerlo como asesor externo.

Además de haber estado a las duras, Montoro tiene el aval de Javier Arenas, tal vez el barón más influyente del PP. Él también avala a Elvira Rodríguez, otra exministra del Gobierno de José María Aznar, como Montoro, y a Fátima Báñez, que podría quedarse en el siguiente escalón, de secretarios de Estado.

Otros grupos de presión, en especial empresarios catalanes, promueven el regreso de Josep Piqué -que coincidió con Rajoy ayer en la boda- como vicepresidente económico. Sin embargo, casi nadie acaba de ver claro su regreso -preside Vueling-. Otros pesos pesados del PP que han dejado la política, como Rodrigo Rato (Bankia) o Manuel Pizarro (Baker & McKenzie), parecen haberse descartado a sí mismos.

En el PP se da por hecho que otros grupos presionan para incorporar a personajes de alto nivel técnico, como el exgobernador del Banco de España Jaime Caruana (ahora en el Banco Internacional de Pagos y con dos años aún de mandato) o José Manuel González Páramo (ahora en el BCE). Nadie está en condiciones de descartar nada, dado el hermetismo de Rajoy, pero no parecen las opciones más probables.

La obsesión de Rajoy por no desvelar ninguna clave ni siquiera con gestos le ha llevado por ejemplo a reunirse la semana pasada con Angela Merkel y Nicolás Sarkozy acompañado no por Montoro sino por Álvaro Nadal, un hombre de su absoluta confianza, al que la mayoría no ve como ministro, pero sí como principal asesor en Moncloa -tal vez jefe de la oficina económica- o secretario de Estado de Hacienda.

"Rajoy ha sido capaz de marcar su propio ritmo, y no ha pasado nada. Dijeron que esto se hundía si no decía quién era su ministro de Economía. No lo ha hecho, y hasta la prima de riesgo se está recuperando. Dijo que solo se sabría el Gobierno después de que se lo cuente al Rey, y así va a ser", resume un marianista. Las llamadas llegarán el martes a última hora, aunque nadie espera que esta vez haya noes como el de Miquel Roca a Aznar en 2002, que ahora algunos recuerdan. Nadie en el PP o su entorno, si no hay grandes fichajes que tengan que renunciar a mucho dinero, puede negarse. Al contrario. Habrá muchas frustraciones.

Los nombramientos parlamentarios del lunes, más bien conservadores, hacen pensar a muchos que Rajoy no va a arriesgar demasiado en su Ejecutivo. Que será un Gobierno muy político, sin grandes fichajes. "Rajoy no quiere experimentos", resume uno. "Él nunca juega a acertar, sino a no equivocarse", señala otro, más escéptico. En cualquier caso, la incertidumbre es total.

Lo que sí tienen claro muchos dirigentes es que tampoco puede haber demasiados exministros de Aznar. Parece seguro que Soraya Sáenz de Santamaría, que no lo fue, estará en el puesto de mando. Hay quien dice que puede que no haya vicepresidencias. Pero se da por hecho que ella llevará el Gobierno desde Presidencia y tendrá la portavocía. Alberto Ruiz Gallardón, que tampoco fue nunca ministro, es otro fijo, como José Manuel Soria, Esteban González Pons o Ana Mato, otros nuevos. Pero si se empieza a incluir a Miguel Arias Cañete y Ana Pastor, que también se dan por casi seguros, ya se sube a cuatro exministros de Aznar, cinco con Rajoy. Por eso, entre otras cosas, poca gente ve a Federico Trillo en el Ejecutivo. Aunque nadie se arriesga a dar nada por seguro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de diciembre de 2011