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Crónica:ESPANYOL 0 - REAL MADRID 4 | FÚTBOL | Séptima jornada de Liga

El cambio se llama Higuaín

El Madrid golea al Espanyol con tres tantos del argentino y un buen surtido de pases de Cristiano

Al Madrid le ha cambiado la cara, al menos en la alineación y en el gol, como si hubiera salido del confesionario de Mourinho y alcanzara la cancha de forma más natural, a gusto de los futbolistas. No es una entidad para ir a la contra de nada ni de nadie, sino para llevar la iniciativa. Y anoche se desplegó con gracia y elegancia, la que le dio al inicio Kaká, muy por encima de Özil, desconectado. A cambio, se recogió mal, peor que nunca durante un rato. Nadie habría dicho que era un equipo de Mou: perdió rigor defensivo, más que nada porque Albiol y Ramos mezclaron mal como centrales y porque no hay manera de que el entrenador dé con el acompañante de Alonso: ya se sabe que Lass recupera las mismas pelotas que pierde, de forma que la diferencia es cero.

El portugués ejerció de crupier, siempre serio y al servicio de los puntas

Las permutas reforzaron a los de Mourinho, sobre todo con Callejón, que marcó

La terapia de El Sardinero y los efectos de la barbacoa, en cualquier caso, empiezan a surgir efecto, más allá de la formación, ayer muy españolizada. El equipo pareció por un momento más destensado, cosa que no siempre es buena, y por contra volvió a ser muy reconocible tanto por su facilidad para partirse por la mitad como por la pegada de sus delanteros, ayer personificada en Higuaín, un delantero extraordinario, indetectable para los rivales. Aunque sabida, la novedad fue sobre todo Higuaín y también la generosidad de Cristiano, anoche al servicio del equipo y de Higuaín.

Nada nuevo por parte del Espanyol, que afrontó al Madrid con más temor en la formación que en el campo, sobre todo por la presencia como tercer volante de Romaric. La sanción de Pandiani y el constipado de Alvarito Vázquez aumentaron el intervencionismo de Sergio García, un delantero experto y punzante, y especialmente de Thievy, que ataca como un búfalo. No acusaron los blanquiazules el gol de Higuaín en los momentos de gobierno de los muchachos de Mourinho.

Al Madrid le encanta jugar en Cornellà-El Prat contra el Espanyol de Pochettino. Los partidos acostumbran a ser un rosario de oportunidades del equipo blanco: seis encuentros, 19 goles a favor y ninguno en contra. El de ayer empezó como ya es costumbre: Cristiano enganchó un tiro que solo pudo ser respondido por los puños de Cristian y el poste izquierdo. Acto seguido, el portugués asistió a Higuaín y el argentino puso el 0-1 después de un excelente desmarque, buen control y mejor remate. Jugador sensacional cuando ataca el espacio, Higuaín aumenta la verticalidad de su equipo y le pega bien al balón.

Los madridistas se acomodaron con el gol y propiciaron un partido muy abierto para suerte del Espanyol, un experto en las jugadas episódicas, siempre dispuesto a cazar el gol en la acción más insospechada. A falta de Verdú, camuflado en la cancha, Romaric y Thievy encañonaron a Casillas, especialmente atento ante el caudal de llegadas de los chicos de Pochettino, que pidieron un penalti de Albiol a Romaric.

Al Madrid le faltaban jugadores en el medio del campo y le sobraba inclinación por un costado ante la ausencia de Di María. El equipo se fracturó y habilitó al Espanyol, tan cómodo en el campo que ni siquiera tuvo que ser agresivo con la pelota. La entrada de Weiss animó a la hinchada, satisfecha con la valentía de su equipo, al tiempo que delataba las deficiencias del Madrid. Menguaba, y mucho, Kaká, no aparecía Özil y a Xavi Alonso le encaraban dos y tres contrarios. Hasta que apareció de nuevo Higuaín para marcar las diferencias con un segundo gol muy bonito: el delantero se perfiló hacia un costado para recibir de Arbeloa y después remató con violencia a la red.

La rueda de los cambios reforzó la superioridad del Madrid, especialmente por la presencia de Callejón, un delantero muy querido en el Espanyol, que puso el 0-3 después de un servicio preciso de Cristiano. Ya nada tuvo que decir Pochettino, que se equivocó de verdugo. Temía al portugués y resolvieron Callejón e Higuaín, que alcanzó el triplete con el 0-4. Cristiano ejerció ayer de crupier, muy servicial, puesto y serio. Toda una novedad para un Madrid que le tiene pillado el truco al fortín de Cornellà y que camina hacia una nueva versión, ni que sea en la alineación, renovada con los futbolistas españoles y la irrupción de un clásico como Higuaín.

Los blancos, vestidos de negro, parecieron un equipo más alegre e igual de efectivo, más reconocible con Higuaín. Ayer cambió al menos la cara del goleador.

El Pipita supera a Morientes: 74 dianas

Antes de llegar a Cornellà, Higuaín solo había disputado 128 minutos, repartidos en cinco partidos, con el Madrid. El argentino había quedado desplazado del once inicial por el francés Benzema y su juego asociativo. El Pipita no había sido titular desde que sufrió una lesión en la espalda, en diciembre de 2010. Ayer, ante el Espanyol, volvió a ocupar un lugar de inicio aprovechando el hueco que dejó Benzema por la lesión sufrida ante el Ajax. Fue como reencontrar a un viejo amigo. Higuaín había marcado al Espanyol en cuatro de los ocho partidos en los que se habían cruzado. Ayer, en solo 17 minutos, ya había logrado su quinto tanto ante el equipo catalán.

No fue una noche cualquiera para el argentino. Le elevó un escalón por encima de uno de los goleadores más queridos por su hinchada: al lograr tres tantos ante el Espanyol, suma 74 en la Liga con el Madrid, lo que le sitúa, por delante de Morientes, como el 18º goleador más productivo en la centenaria historia de su equipo. Lo que El Moro tardó ocho temporadas en conseguir a El Pipita solo le ha llevado seis.

Su primer gol volvió a coronar una fantástica jugada colectiva de sus compañeros. Igual que ante el Ajax en la Champions, cuando el Madrid abrió el marcador con un contragolpe centelleante, el Espanyol se encontró por detrás en un visto y no visto. Los locales perdieron el balón en el campo del Madrid. Para cuando se quisieron dar cuenta, Cristiano Ronaldo ya había filtrado un pase dentro del área a Higuaín, que cerró el duelo con el portero con un chispazo cruzado.

Ese tanto, como el segundo y el tercero de su cuenta, logrados tras sendos desmarques, fue también una reivindicación de sus virtudes como delantero. Allí donde Benzema ha impuesto su capacidad para entenderse con los compañeros, ofreciéndose para el juego de paredes y pases, Higuaín aporta un sello que le viene muy bien a un equipo tan veloz como el Madrid: el perpetuo movimiento y la búsqueda constante del espacio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de octubre de 2011

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