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Entrevista:ALMUERZO CON... KWEYA OBEDI

"No son estúpidos. Miraban la gasolina y veían dinero"

"Un minuto, enseguida vuelvo", repite una y otra vez Kweya Obedi antes de volver a desaparecer en el interior del centro social Tom Mboya, en el área industrial de Lunga Lunga, en Nairobi. Es aquí donde la Cruz Roja de Kenia, la policía y diversas ONG han establecido el centro de operaciones para atender a los cientos de afectados por la explosión y el incendio en un oleoducto que el pasado día 12 mató al menos a 87 personas en la capital keniana.

Finalmente, Obedi, un hombre grande y con una cara brillante y seria, sale y señala el bar más cercano, un restaurante local al otro lado de la calle. Pedimos una comida típicamente keniana: un gran plato para compartir de carne de cabra frita y ugali, una pasta muy densa hecha a partir de harina de maíz, alimento básico en Kenia y en otros países del este africano.

El jefe de Cruz Roja en Nairobi atendió a los heridos tras estallar un oleoducto

Cuesta masticar la carne de cabra con ugali, pero no a Obedi, que apenas come: "Recibí un mensaje alertándome del incendio por la mañana, pero no lo vi porque estaba en una reunión. Más tarde recibí otro que decía 'hay muchos muertos', lo que me sorprendió y asustó".

Obedi cuenta que la Cruz Roja está acostumbrada a actuar en los barrios de chabolas de Nairobi, donde se dan muchos incendios, muchas veces causados por las cocinas de carbón o por cables de electricidad ilegales que los residentes conectan al tendido. Pero se trata de pequeños fuegos y no suele haber víctimas.

"Llegué a la escena sobre las diez y media de la mañana. Nunca en mi vida había visto nada así. Todo estaba lleno de cuerpos reducidos a cenizas...".

Esta vez el incendio fue diferente, porque ocurrió tras la rotura de unas tuberías que empezaron a derramar gasolina. Entonces, muchos residentes del barrio chabolista corrieron a buscar recipientes para recoger el preciado combustible. "No son estúpidos, es gente que no tiene trabajo o que solo trabaja de forma ocasional en la economía sumergida. Cuando miraban la gasolina lo que veían era dinero".

Hace más de dos años, en enero de 2009, otras 122 personas murieron en Kenia en un incendio similar. Un camión cisterna cargado de gasolina volcó y decenas de personas resultaron calcinadas mientras intentaban llenar cacharros. "En la Cruz Roja hacemos campañas de concienciación y explicamos a la gente que no debe acercarse al combustible derramado, pero así es la naturaleza humana".

Como el 90% de las personas que trabajan en la Cruz Roja keniana, Obedi es voluntario y no recibe ningún salario. Es propietario de un negocio de instalación de televisión por satélite y se unió a la organización en diciembre del año pasado. "Cuando me enteré de que la gente de la Cruz Roja eran voluntarios quise unirme. Y la verdad es que hoy la satisfacción de trabajar con ellos es mayor que el dinero que podría recibir", asegura.

El plato de ugali y carne de cabra parece no acabarse nunca, y en la televisión los actores de una telenovela local discuten airadamente en silencio mientras en el bar suenan canciones populares kenianas.

Obedi mira por la ventana nervioso. "¿Puedo irme ya?", pregunta. Cuando se levanta, apenas ha tocado la comida, y aún no han traído el café.

Venus Bar&Restaurant Lunga Lunga. Nairobi

- Carne de cabra frita con ugali y pan: 400 chelines.

- Soda: 70.

- Agua: 70.

- Café con leche: 80.

Total: 620 chelines (4,8 euros).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 20 de septiembre de 2011

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