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Entrevista:SARUNAS MARCHULENIS | Exjugador lituano de la NBA | BALONCESTO | Europeo de Lituania

"Si tienes hambre, corres más rápido"

El nombre de Sarunas Marchulenis (Kaunas, 1964) remite a una época gloriosa del baloncesto. Con la antigua Unión Soviética a finales de los años 80 del siglo pasado y con Lituania en los 90, formó una generación inolvidable con Sabonis, Homicius y Kurtinaitis, un grupo formidable en la pista y a menudo envuelto en cuestiones políticas más allá del baloncesto. Fue también uno de los pioneros europeos en la NBA: siete temporadas entre Golden State, Seattle, Sacramento y Denver. Ahora vive entre California y Lituania, tiene tres hijos y dirige el hotel Sarunas, en Vilna, y una academia para 700 niños. En su despacho se amontonan los recuerdos de partidos inolvidables. Mientras mueve sus enormes manos, revive la historia.

"Nosotros acabamos con los estereotipos. Nos hicimos respetar por los árbitros"

"En mi academia enseño a ser como Pau Gasol, un modelo distinto de ala-pívot"

Pregunta. ¿Se ha pasado a entrenador?

Respuesta. Quería darle mi estilo a la academia y se me ocurrieron cosas sobre cómo jugar en la defensa y el ataque. En el verano doy un curso intensivo para los mejores. Así consigo jugadores más brillantes.

P. ¿Qué recuerdos tiene del Eurobasket?

R. Zagreb 1989. Fue la última vez que Lituania jugó dentro de la URSS. Perdimos... Bueno, quedamos terceros. Quizá fue porque no nos faltaba dinero para comer. No estábamos hambrientos por los contratos que teníamos y por la NBA. El que tiene hambre corre más rápido. Si estás acomodado, con un contrato garantizado, no te implicas tanto. Por eso me echo la culpa a mí y a mis compañeros. Quizá estábamos demasiado contentos... Y luego, el Europeo de 1995, la final contra Yugoslavia. Esa es otra historia [era la primera vez que Lituania competía como tal desde 1939 en un Europeo; en la final, en Atenas y contra Yugoslavia, los lituanos, liderados por Marchulenis, Sabonis y Kurtinaitis, estuvieron a punto de retirarse en protesta por el arbitraje del estadounidense Toliver, pero volvieron a la pista y perdieron por 96-90].

P. ¿Pero es un recuerdo bueno o malo?

R. Así es la vida. Me quedo con lo bueno, con el hecho de que los griegos nos animaran. Les voy a explicar un detalle que muestra si Toliver fue justo o no. Yo estaba botando la pelota en la primera mitad y me dijo: "Dile a Sabonis que sea agresivo o le pito falta por pasividad". Me quedé alucinado. Era la primera vez que me pasaba en la vida. A eso es a lo que me refiero con la justicia. Se lo dije a Sabonis y pensaron que estábamos hablando de otra cosa. Luego, estuve un año entero callado.

P. Y decidieron retirarse del partido...

R. Decidimos parar después de una polémica falta técnica, además de por el hecho de que Sabonis era un factor clave. Cuando alguien fracasa estrepitosamente y pita una quinta falta en la final... Siempre que hay un contacto se puede pitar falta. Le pitaron falta y técnica a Sabonis. Era la quinta. Ahí pasaba algo raro. El partido era buenísimo. Esa década fue de las mejores.

P. ¿Qué yugoslavo le convenció para volver?

R. Sasha Djordjevic. Con él sigo teniendo buena relación. Se acercó y me dijo: "Somos guerreros, así que vamos a terminar con esto. Solo somos piezas en este juego. Siempre habrá cosas que no vamos a entender". Me pareció un buen mensaje para un momento con tanta emoción y tensión. ¿Qué íbamos a hacer? ¿Irnos sin pelear? Había demasiado en juego.

P. ¿Cuál es el mejor de sus recuerdo con la selección lituana?

R. Barcelona 1992 fue el primer momento auténtico. Muy conmovedor. Habíamos creado el equipo y jugamos el preolímpico en Zaragoza. Antes ganamos 11 partidos seguidos y recaudamos dinero para pagarnos el viaje. Fue muy bonito. Jugamos contra Rusia y perdimos. Pero había buena relación.

P. Usted fue un pionero en la NBA. ¿Alguna vez pensó que 20 años después habría cientos de extranjeros allí?

R. Nunca. No creíamos que la NBA iba a ser hoy tan accesible. En los años 90, el baloncesto europeo empezó a acercase al nivel de la NBA. Ahora hasta los árbitros han cambiado. Antes se pensaba que los jugadores europeos no podíamos jugar en la NBA y que nuestros entrenadores no podían entrenar en ella. Acabamos con los estereotipos. Tuvo que pasar un tiempo hasta que los árbitros nos reconocieron como jugadores. Quizá, dos temporadas. En Estados Unidos creían que estaban en otro mundo. No nos respetaban. Pero nos hicimos respetar.

P. ¿Pau Gasol?

R. Es un modelo distinto de ala-pívot. Es de una nueva generación, con un espectro enorme de movimientos. Es lo que yo intento enseñar en la academia.

P. ¿Cómo Lituania, pequeña, tiene tantos buenos jugadores?

R. Creo que se debe a cómo está organizado el baloncesto juvenil. Hay una gran rivalidad entre los colegios. Juegan 30 o 40 niños en cada uno, así que tienen que competir. Hay tal rivalidad que, cuando vamos con mi academia a un pueblecito de 16.000 habitantes, les dicen: "Venid aquí, niñitos de la capital. Os vamos a dar una paliza". A cada partido, mejoran. Hay que competir. Si no, es como un boxeador sin el ring.

P. ¿Es el baloncesto más que un deporte?

R. Sí. Los políticos lo utilizan para darse publicidad, para que los conozca más gente. Pero mi academia, por ejemplo, nunca ha recibido ninguna subvención pública o, en todo caso, han sido insignificantes: como mucho, el 1,5%. Son las dos caras de la misma moneda. Utilizan el baloncesto, pero no lo cuidan. El baloncesto es un símbolo en Lituania. Nuestros aficionados no son violentos. Están un poco locos a veces. Seguir a todos lados a nuestro equipo es parte de nuestra cultura.

P. Usted también fue presidente de la Liga en Lituania.

R. Yo la creé. Fui el presidente y firmé el primer acuerdo con las televisiones para que nos pagaran a nosotros, ya que antes era al revés. Vi lo que se hacía en Estados Unidos e intenté aplicarlo aquí. El momento crítico fue cuando nació la selección de Lituania, en 1991. Hable con gente en Australia, en Alemania..., todo por fax. Unimos las piezas del puzle. Teníamos una gran responsabilidad.

P. ¿Tiene mucha relación con Sabonis?

R. No tiene mi teléfono, pero... Empezamos a jugar en el mismo grupo y con el mismo entrenador, en 1974, en Kaunas. Él me vio primero y me preguntó dónde estaba el gimnasio. Le enseñé los vestuarios y la pista. Luego, yo me cambié de colegio y empezamos a competir. Y hasta ahora.

P. Usted fue primero tenista, ¿no es cierto?

R. Sí, mi hermana y yo jugábamos al tenis. Para mí era fácil cambiarme la raqueta de mano porque soy zurdo, así que nunca le daba de revés. Y dijeron: "¿Qué hace ese? ¡Fuera!". Me echaron. Yo tenía 10 años. Y llegó el baloncesto... A los 16 me fui a la Universidad. Me licencié en Periodismo. Incluso publiqué alguna cosa en el Lietuvos Rytas. Pero un año crecí 11 centímetros y me dijeron: "A jugar". Así llegué a la selección soviética.

P. ¿El mejor momento de la URSS fue en Seúl 1988?

R. Sí. Sobre todo, para mí, ya que no entré en la selección entre 1984 y 1986. Pensé dejar el baloncesto. Pero el seleccionador vino a mi casa y me dijo: "¿Qué pasa? ¿Quieres ser periodista y escribir artículos? ¿Qué quieres hacer? ¡Sé un hombre! ¡Demuéstralo!". Lo hice.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 12 de septiembre de 2011