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Análisis:

Por un sistema europeo de deuda

Los episodios griego, irlandés y portugués de esta crónica europea en la que se ha convertido el mercado de deuda no fueron más que escaramuzas comparados con la madre de todas las batallas que se avecina en torno a la deuda italiana, con la española desgraciadamente a la intemperie. El desenlace marcará durante mucho tiempo las vidas de los europeos: o el alumbramiento de una integración fiscal europea que haga viable la unión monetaria, o la desintegración del euro. La superación definitiva de las tensiones sobre la deuda soberana europea es pues, hoy por hoy, una prioridad absoluta si queremos disponer de un marco estable para desarrollar políticas económicas que no dependan de las fiebres recurrentes de la prima de riesgo.

La conflagración es inevitable mientras los mercados observen que la eurozona no dispone de armamento pesado. En ciertos Estados mayores se esgrimen dos alternativas posibles para equiparse con un arsenal disuasorio. Una es ampliar la Facilidad Europea de Estabilidad Financiera (FEEF) de manera contundente, llevando su techo actual de 440.000 millones de euros a unos dos billones (dos veces la riqueza total de España). Otra es la opción nuclear de emitir eurobonos garantizados por el conjunto de los Estados miembros de la eurozona.

Las dos opciones suponen una solidaridad financiera sin precedentes, solo concebible para los países que la asegurarán si viene acompañada de poderes efectivos para ejercer un control presupuestario estricto sobre los países que se beneficiarán de ella. Es decir, concesiones de gran calado por ambas partes que requerirán un tormentoso proceso de negociación durante el cual los mercados aprovecharán las divisiones internas de la eurozona para debilitar aún más la posición crediticia de sus países.

Se impone por tanto ampliar el abanico de opciones para salvar al euro con soluciones que permitan superar definitivamente las tensiones sobre la deuda sin alterar las fronteras de la solidaridad financiera. Una de ellas consiste en un sistema en el que los países vulnerables a las presiones de los mercados se comprometen a destinar sus ingresos fiscales al servicio de la deuda antes que a cualquier otro gasto. A cambio, el sistema les garantiza la compra de su deuda a un precio razonable, por el mercado o por el FEEF (véase propuesta detallada en la edición digital de EL PAÍS). Esta cláusula de primacía en el reparto de impuestos da a los mercados la garantía más sólida posible de que recuperarán su inversión. Es una regla asumible sin riesgo mayor por parte de cualquier país cuya economía y estructura fiscal aseguren un flujo de recaudación tributaria suficiente incluso en tiempos difíciles.

Un compromiso equivalente reza en la mayoría de las constituciones de los Estados de EE UU y les permite colocar deuda sin dificultades. Aquí no se trataría de modificar las constituciones, puesto que llevaría tiempo y nada garantiza a los mercados que el Estado en cuestión no volverá a modificar su constitución en sentido inverso si se ve abocado a la suspensión de pagos, sino de poner en marcha de manera acelerada un sistema europeo de deuda pública (SEDP) al cual se adhieran los Estados miembros de la eurozona que lo deseen, a excepción de Grecia por tratarse de un caso agudo aparte. La adhesión supone asumir el compromiso antes mencionado y aceptar una supervisión de la Comisión Europea que lo garantice. El precio de la deuda de los países del SEDP no estaría a merced de los mercados sino que lo fijaría la UE tomando en cuenta las condiciones de mercado y los fundamentos de la economía del país concernido. La FEEF aseguraría la liquidez adquiriendo los títulos de deuda de una emisión que eventualmente el mercado no haya suscrito íntegramente al precio ofrecido.

Las ventajas del SEDP son evidentes. En primer lugar, estabiliza definitivamente el mercado de deuda y asegura a sus miembros la posibilidad de financiarse en todo momento a un precio razonable. A medio plazo, la mayoría de los países de la eurozona desearán integrarse en el SEDP para pagar un precio menor por su deuda. Segundo, libera a sus miembros de los movimientos irracionales de los mercados y vuelve irrelevantes las notas de las agencias de calificación. Tercero, proporciona herramientas creíbles para asegurar la disciplina presupuestaria en el seno de la eurozona. Finalmente, conlleva una mayor integración fiscal que proporcionará estabilidad definitiva al euro. Con el paso del tiempo, una vez el SEDP consolidado, el paso hacia un Tesoro europeo será una mera formalidad.

Antonio Quero es militante del PSOE Europa y coordinador de la iniciativa Ganar 2012.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 15 de agosto de 2011