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CARTAS AL DIRECTOR

Declaraciones ofensivas

El 14 de febrero de 1996 ETA asesinó a mi padre, Francisco Tomás y Valiente. Yo trabajaba en el Ministerio de la Presidencia, donde me habían destinado en 1987 tras aprobar las oposiciones de Técnico de la Administración Civil. En ese momento el titular del departamento era Alfredo Pérez Rubalcaba y él fue quien, llorando, me confirmó la noticia.

Años después, ya como ministro del Interior, ha llevado a cabo una gran labor al frente de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en la detención de terroristas de la banda, cada vez más cerca del ansiado final.

Acabo de leer las declaraciones de Javier Arenas, acusando a Rubalcaba de no haber querido nunca "al cien por cien la derrota de ETA". Tal afirmación me ofende no solo como ciudadana sino también como hija de una víctima mortal de esta banda terrorista. Asimismo, le acusa de haber favorecido la presencia de Bildu en las instituciones vascas.

No debería hacer falta recordar al dirigente del PP que el Gobierno instó al Tribunal Supremo a impedir la concurrencia de Bildu a las elecciones; y que fue el Tribunal Constitucional quién decidió su legalización. Decisión que, como todo el mundo puede comprender, no me alegra pero respeto y acato. Como mi padre -que presidió dicho Tribunal durante más de seis años- hubiera querido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de agosto de 2011