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Necrológica:

Emili Gisbert, reportero valenciano sin ataduras

Emili Gisbert Jordà murió ayer a los 57 años. Maestro de reporteros y expresidente de la Unión de Periodistas del País Valenciano, si algo definió siempre a Emili Gisbert fue su pasión por el oficio, tal y como lo entendían gigantes como Ryszard Kapucinski o Günter Wallraf. Había que estar donde estuviesen sucediendo las cosas, no importaba que fuese en un sórdido despacho de Valencia, un claro en la selva de Chiapas o en una fría avenida de Moscú.

Gisbert combinó su devoción por el reportaje con las ansias por combatir la injusticia, lo que le llevó a moverse de un lado a otro. En el oficio de periodista se inició en la revista Ciutat, del Ayuntamiento de Valencia, a principios de los años ochenta. Después pasó por infinidad de medios de comunicación. Se inició en Radio Cadena de Castellón y formó parte del primer equipo de informativos de Ràdio 9, la radio autonómica valenciana. Pero donde realmente disfrutó del oficio fue en las redacciones. En las de Levante-EMV, EL PAÍS, Diario 16, El Temps, Mediterráneo de Castellón, Canal 9 y El Mundo, entre otros medios, donde prolongaba la jornada hasta bien entrada la noche en busca de la exclusiva.

Nieto del último alcalde republicano de Valencia, Emili Gisbert militó durante la Transición en el Partido Comunista y participó en el movimiento vecinal. Su familia siempre ha estado vinculada a la política y el derecho -su hermana Teresa es la fiscal jefe de Valencia-, Gisbert se especializó en la información de tribunales y sucesos. Eran las crónicas que, si no estaba de viaje, le permitían escapar de la mesa de redacción y pisar la calle.

Esa pasión por el periodismo le llevó también a asumir la presidencia de la Unión de Periodistas del País Valenciano a finales de los ochenta. Pero Emili Gisbert era un reportero sin ataduras, que huía de los compromisos eternos y la estabilidad.

Esa energía fue la que le hizo tomar el primer avión hacia Moscú cuando vio en televisión las imágenes de un Boris Yeltsin subido a un carro de combate movilizando a los rusos contra el golpe de Estado contra Gorbachov. O la que le llevó a introducirse en la selva mexicana de Chiapas para entrevistar al subcomandante Marcos, con una pulsión que también tendría Manuel Vázquez Montalbán.

Apartado a la fuerza de la profesión en 2008, cuando firmó sus últimos reportajes, Emili Gisbert se refugió en los conciertos de música clásica y en una pequeña colaboración en una emisora local del barrio de Russafa, mientras el cuerpo le aguantó.

Con dos hijas y tres hermanos, Emili Gisbert deja montones de amigos y periodistas que compartieron su entusiasmo.

Si ahora nos preguntase lo mismo que le inquirió el subcomandante Marcos -"¿Estoy bien así, con el sol a mis espaldas?"- tendríamos que responderle lo que casi seguro le contestó: "¡Estás estupendo, camarada!".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 5 de julio de 2011