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Reportaje:

La gallega que entrevistó a Trotsky

Un film ahonda en la vida de la periodista Sofía Casanova, testigo del siglo XX

"Conozco España; es un hermoso país, del que tengo buenos recuerdos, aunque la policía comme de raison me trató mal. Visité Madrid, Barcelona, Valencia. Mi amigo Pablo Iglesias estaba a la sazón en un sanatorio. Sentí dejar España". Con estas palabras recibía Leon Trotsky a la enviada especial de Abc en San Petersburgo. El turbulento año de 1917 finalizara con los bolcheviques en el poder y el organizador del Ejército Rojo ejercía de ministro de Asuntos Exteriores. En esa condición habló con una gallega, la periodista Sofía Casanova, corresponsal del rotativo madrileño en la Rusia convulsa de la época. Pero su periplo revolucionario en la futura Unión Soviética, donde informó de la muerte de Rasputín o de las intrigas de la corte del zar Nicolás II, no fue su única entrada en el escenario de la historia del siglo XX.

Antes de Rusia, ya había informado del frente oriental de la Gran Guerra

Murió en 1958 en la Polonia gobernada por sus antagonistas, los comunistas

"Su casa ardió durante la Segunda Guerra Mundial [en Polonia, país de su exmarido] y se perdieron todos sus papeles. Resulta muy difícil saber lo que pensaba realmente Sofía, acceder a sus documentos íntimos", expone Marcos Gallego. Este realizador presenta hoy en el Teatro Principal de Santiago la película A maleta de Sofía, producida por SagaTV. En ella, y sirviéndose de la técnica del falso documental, el director fabula sobre la existencia o no de un bolso de mano con las claves de la existencia de Sofía Casanova. "La maleta es un mcguffin [excusa argumental], porque, ¿quién sabe realmente algo de ella?".

Nacida en A Coruña en 1861 y muerta en 1958, a Casanova la ha estudiado sobre todo Rosario Martínez. Autora de Sofía Casanova. Mito y literatura, hace tres años escribió la introducción para Exóticas e escritos xornalísticos, un volumen que recoge lo principal de su trabajo como periodista internacional. Porque antes de dar cuenta para los lectores de Abc de la lucha de clases en Rusia, Casanova ya había publicado sus crónicas sobre el frente oriental de la Gran Guerra. "Envié mi última crónica impresionada tristísamente al recibir víctimas de la guerra aquí", escribía en junio de 1915, "los soldados envenenados con gases, nuevísima arma de los teutones. ¡Y que espantosa arma". Las páginas de ese diario albergaron su trabajo hasta 1944 y en ellas, explica Martínez, "se convirtió en la primera mujer española que cubrió un conflicto tan extenso de forma permanente".

Fue en uno de sus regresos a Galicia, en 1919, cuando Casanova emergió como símbolo de la reacción antibolchevique promovida desde el nacionalcatolicismo. Y cuando las fuerzas vivas de su ciudad natal le brindaron una apoteósica bienvenida. En aquellos momentos, relata por escrito Rosario Martínez, su conservadurismo se intensificaba y la llevó incluso a justificar el golpe fascista de Franco en el 36.

Durante aquellas décadas agitadas residía en Varsovia y allí vivió, y contó, la ocupación nazi. "Al comenzar a sugerir la verdadera situación [en sus reportajes], a pesar de su extremo cuidado, le comunicaron el cese como redactora del Abc", añade la estudiosa en el prólogo a Exóticas.... El último periodo de su vida lo pasó fuera de los focos, en la ciudad de Poznan en una Polonia gobernada por sus antagonistas políticos, los comunistas apoyados por la misma URSS que había liquidado a Leon Trotsky.

"Me gustan mucho los personajes de la intrahistoria, los que jugaron algún papel importante pero han sido olvidados", argumenta Marcos Gallego sobre su filme A maleta de Sofía, "me gusta sacarlos a la luz; en este caso, además, quiero que los gallegos conozcan a una mujer que echó de menos su Galicia natal a lo largo de toda su existencia". Con la participación de escritoras, historiadores o cineastas como María do Cebreiro, Ramón Villares o Margarita Ledo, y el protagonismo de la actriz Margarita Fernández, el falso documental repasa también el cine y la historia del siglo pasado. "Y hago un paralelismo con la gente, que en la actualidad no sabe si lo que leen, o lo que ven, es cierto o no", afirma. "Pero sobre todo", concluye Gallego, "me quedo con que esta mujer tenía una ética periodística por encima de la media de los periodistas de hoy en día".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 28 de junio de 2011