Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Tribuna:Dinero & inversiones

Derivados para cubrir catástrofes climatológicas

Todos fuimos testigos de los desbarajustes que la meteorología causó en las celebraciones de la pasada Semana Santa en la ciudad de Sevilla. Las pérdidas económicas sufridas a raíz de las fuertes lluvias registradas fueron significativas. En palabras de la concejal de fiestas mayores, "se ha cumplido el peor de los pronósticos que teníamos".

Muchos se encogerán de hombros y buscarán refugio en la excusa habitual: "¿Qué se le va a hacer? Es imposible controlar los efectos de la meteorología. Esperemos que el año que viene todo vaya mejor". Pero hoy día tal actitud ha quedado obsoleta. Gracias a la existencia de productos financieros innovadores es posible que las hermandades, el Ayuntamiento y los hoteles y demás negocios de Sevilla puedan cubrir su riesgo clima y obtener una compensación económica de forma rápida y eficiente en caso de que el fenómeno meteorológico adverso tenga lugar.

Gracias a las innovaciones financieras es posible cubrir riesgos climatológicos

No hay razón para que un tiempo desfavorable produzca agujeros en una cuenta de resultados

Estos productos, denominados "derivados de clima", son aplicables a cualquier institución o entidad en cualquier lugar que sufra pérdidas si el clima se comporta de forma poco amistosa y no solo en el caso sevillano. Por ejemplo, una empresa de helados se podría cubrir del riesgo de un verano poco caluroso, o una empresa de energías renovables, del riesgo de poco viento, o una explotación de tomates, del riesgo de granizo. Por tanto, no vale ya la excusa tradicional como justificación para no hacer nada y seguir expuestos a un riesgo potencialmente muy perjudicial. Gracias a la innovación financiera, el mal tiempo ya no tiene que significar malos resultados operativos.

Veamos cómo Sevilla habría podido protegerse de la posibilidad de lluvia excesiva durante el periodo comprendido entre los pasados días 15 y 25 de abril. Supongamos que a primeros de marzo se hubiesen empezado a analizar las posibilidades disponibles en los mercados y se hubiese preseleccionado el producto financiero siguiente que cubriría del riesgo de lluvia por encima de un nivel determinado: se trataría de una opción en la cual el usuario obtiene protección en forma de compensación económica en función del número de días de lluvia en Sevilla. En cuanto se registrara la lluvia, el usuario cobraría 150.000 euros por cada día de lluvia, hasta un máximo de, pongamos por caso, ocho días de lluvia o, lo que es lo mismo, un pago potencial máximo de 1.200.000 euros. Estos parámetros (cantidad a cobrar, pago máximo) pueden variar según las preferencias del usuario. La opción tendría un coste inicial para el usuario, en forma de prima, aproximadamente de un 10% del pago potencial máximo (o "valor nocional" de la operación).

Esta opción serviría para cubrir el número de días con lluvia con independencia de la intensidad de dicha lluvia (es decir, solo importa si ha llovido o no). Día de lluvia se define como aquel día en el cual la precipitación acumulada es superior a 2 mm (correspondiente a una precipitación ya algo considerable). Para hacerse una idea, durante el periodo 1994-2010, el número medio de días en Semana Santa con lluvia acumulada superior a 2 mm en la estación meteorológica del aeropuerto de Sevilla fue algo inferior a dos.

El producto ofrece cobertura en cuanto se produce un día de lluvia, y por un "tamaño" igual a ocho días de lluvia. En el mercado de derivados de clima es habitual establecer límites superiores a la cobertura ofrecida, dado que los fenómenos meteorológicos muy extremos podrían generar pérdidas exageradas a los operadores de mercado que ofrecen estos productos. El usuario del producto recibiría 150.000 euros por cada día de lluvia desde el primer día de lluvia registrado. Una vez que el periodo cubierto finalizase, se comprobaría el número de días de lluvia que se han dado y el usuario recibiría en poco tiempo el pago que le correspondiese (por ejemplo, si el día 26 de abril se comprueba que se dieron siete días de lluvia, el usuario cobraría 1.050.000 euros unos cinco días después).

¿Cómo habría funcionado este producto en la vida real? En 2011 se registraron cinco días de lluvia en Sevilla durante el periodo 15-25 de abril, con lo cual la entidad o persona que hubiese contratado la opción habría cobrado 750.000 euros. Una buena compensación a las molestas y copiosas lluvias.

En definitiva, vemos que gracias a innovaciones financieras inteligentes es posible cubrir riesgos climáticos que hasta ahora se consideraban insalvables. No hay ya ninguna razón para que una meteorología desfavorable se traduzca en agujeros en las cuentas de resultados. Los derivados de clima ofrecen soluciones eficientes y cómodas al que podría considerarse como mayor peligro para la actividad (como se ha visto en el caso de Sevilla en Semana Santa, estamos hablando potencialmente de la pérdida total de actividad). Y el número de entidades, tanto públicas como privadas, expuestas económicamente al clima es potencialmente ilimitado. Directivos, políticos, inversores y analistas deberían tomarse en serio estos riesgos y las soluciones disponibles. Hay demasiado en juego.

Pablo Triana es el director de BME Clima, nueva área de negocios de Bolsas y Mercados Españoles en torno a la gestión del riesgo clima.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de junio de 2011