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Reportaje:LECTURA

Juan March, la historia de un banquero sin ley

La vida de Juan March, el financiero que amasó su fortuna a partir del contrabando de tabaco, es tan fascinante como compleja. Encarcelado por la republica, Logró fugarse y replantear su estrategia en el exterior. Pagó el 'Dragon Rapide', el avión que trasladó a Franco de canarias a marruecos en julio de 1936. EL PAÍS anticipa el libro de Mercedes Cabrera sobre el banquero

Se dijo que Juan March había cruzado la frontera hacia Portugal; que estaba hospedado en el hotel Estoril, en Lisboa. Pero pronto se desmintió. Estaba en Gibraltar, en el hotel Rock. Había llegado en un coche propiedad de Raimundo Burguera, un automóvil con matrícula de Baleares. Burguera era administrador de una de las fincas de Juan March, El Tesorillo, entre La Línea y Algeciras, y era bien conocido en la aduana porque solía hacer ese recorrido. (...)

En Gibraltar [en el año 1933] se encontraba en territorio conocido; recibía numerosas visitas, incluidas la del capitán y el teniente de Carabineros, así como del jefe de policía, que le eran en todo favorables y leales. La prensa británica había puesto en duda que pudiera prosperar la petición de extradición que el Gobierno republicano había cursado a Londres. A pesar de ello, decidió embarcarse hacia Francia. El 10 de noviembre partió rumbó a Marsella a bordo del trasatlántico inglés Scrachard. Burguera se quedó en Gibraltar; a March le acompañaban Eugenio Vargas y Ruiz Albéniz, que no se separaba de él. (...)

March quería volver a España como diputado, y, por tanto, tras el fin de la "tiranía socialista"

Se alojó en el Grand Hotel [de París]. En el mismo hall se despachó. Estaba seguro de que se haría justicia contra los ministros Indalecio Prieto, Jaume Carner y Marcelino Domingo, a quienes acusó de prevaricación. No se trataba ya de los dos millones que le pidieron para hacer la revolución, ni tampoco de los "auxilios morales y materiales" que alguno de ellos había recabado de él, sino de malversaciones públicas realizadas en provecho personal. A las dos semanas de ingresar en prisión, amigos de Carner ?dijo March? encargaron un estudio de sus negocios en Marruecos, al mismo tiempo que los ministros negociaban oficialmente la rescisión de su contrato con la Sociedad Internacional. Al presidente de esta le habrían dicho que no se preocupara por la conformidad de March porque iba a pasar el resto de su vida en la cárcel. Afirmó incluso que los grupos de Azaña y Domingo habían subordinado el apoyo al futuro Gobierno a su mantenimiento en prisión, porque tenían miedo de lo que pudiera descubrir en relación con la política económica del Gobierno. (...)

La Sûreté francesa había recibido información de que la fortuna de "cientos de millones" de Juan March, amasada a partir del contrabando de armas y de tabaco, se había visto "engrosada por sus servicios a los alemanes durante la guerra" y que sus sentimientos eran abiertamente francófonos. Pero el prefecto de policía, a petición del exministro Louis Malvy, amigo íntimo del financiero mallorquín como sabemos, le asignó un inspector. March apenas se movió del hotel. Las primeras noticias fueron que tenía intención de pasar el invierno en la Costa Azul, recuperándose; también se habló de su posible estancia en una residencia suiza. Se especuló con que el tal Vargas había sido enviado a Grecia para preparar un posible traslado de March a aquel país, en el que la extradición era imposible. Porque, efectivamente, unos días más tarde, el 18 de noviembre, llegó también al Gobierno francés la petición de extradición. March, sin embargo, se sentía seguro en Francia. El ministro de Exteriores pidió a la Sûreté que no procediera al arresto, aunque sí a una estrecha vigilancia que garantizara el cumplimiento de la orden en caso necesario.

Juan March apostaba por presentarse a las elecciones y volver a España como diputado, y, por tanto, inmune, en cuanto terminara la "tiranía socialista". Los elementos de la derecha gaditana que le habían visitado en Gibraltar le habían ofrecido presentarse a las elecciones por Cádiz, pero March decidió hacerlo por Baleares. Al día siguiente de su fuga, el Partido Republicano de Centro anunció en Palma de Mallorca que la candidatura anunciada de Juan March Servera pasaría a ocuparla su padre. Se decidió después de saberse que el Tribunal de Garantías Constitucionales no examinaría su acta hasta después de la constitución de la nueva Cámara y tras haberse nombrado la nueva comisión de responsabilidades. El hijo primogénito de Juan March se había quedado en Mallorca organizándolo todo.

Así, mientras March seguía en París, sin apenas salir del hotel más que para visitar a un especialista en reumatología, el 19 de noviembre se celebró la primera vuelta de las elecciones a Cortes. Se produjo un realineamiento espectacular del sistema de partidos. Los católicos de la CEDA irrumpieron con enorme fuerza, obteniendo 115 escaños, seguidos por el Partido Radical, con 102. En Baleares triunfó la coalición de las derechas. El Partido Republicano de Centro, el antiguo Partido Liberal en el que militaba Juan March, se había presentado esta vez junto con los regionalistas y las derechas. (...) Juan March obtuvo su acta de diputado con 102.340 votos.

El 8 de diciembre se celebró la solemne apertura de las primeras Cortes ordinarias de la República. No hubo esta vez multitudes en la calle, ni paradas militares, ni vivas a la República. De hecho, entre la primera y la segunda vuelta de las elecciones, cuando se supo de la victoria de católicos y radicales, destacados elementos de la izquierda republicana y socialista pretendieron que se diera marcha atrás y que se formara un Gobierno capaz de garantizar lo que ellos consideraban imprescindible continuidad de la República. No hubo tal, pero las izquierdas mantuvieron en todo momento su suspicacia respecto a aquellas Cortes. En el hemiciclo, la CEDA era ahora el grupo parlamentario más numeroso, seguida de cerca por el Partido Radical. Desaparecida la coalición de izquierdas, el Partido Socialista vio reducidos a la mitad sus diputados, mientras los partidos de izquierda republicana sufrían un serio descalabro. Muchas de las grandes figuras de las Constituyentes perdieron su escaño y la mayoría de los diputados volvían a ser nuevos. (...)

Eran, sin embargo, buenas noticias para Juan March, como lo fue el día 16 la formación de un Gobierno presidido por Alejandro Lerroux. En la comisión de actas, los socialistas quisieron impugnar la del mallorquín por supuestas incompatibilidades con la Hacienda pública. Su propuesta resultó derrotada. Les apoyaron los diputados de Esquerra, los republicanos gallegos y dos ministros; se abstuvieron algunos radicales, los regionalistas catalanes y el resto del Gobierno. Votaron en contra la mayoría de los radicales, los agrarios y los monárquicos. Llegó al pleno el 16 de enero. Indalecio Prieto pidió votación nominal, pero Juan March fue declarado diputado por 186 votos contra 54. La aceptación del acta de Juan March equivalía, en opinión de El Socialista, a la rehabilitación del "pirata de los negocios turbios", hecha por un Parlamento que no tenía la dignidad del que lo expulsó. Pero en aquellos momentos tenía mucho mayor interés político el debate sobre la compatibilidad del acta de José Calvo Sotelo, apoyado por los tradicionalistas y el Bloque Nacional monárquico, ansiosos por verle ocupar su escaño como nuevo líder de la derecha más radical.

Juan March, de Mercedes Cabrera. Editorial Marcial Pons. Se publica el 25 de abril. Precio: 24 euros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 24 de abril de 2011

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