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Necrológica:IN MEMÓRIAM

Una vida por y para el toro

Escribo desde la certeza de que el toreo ha perdido a uno de los grandes. Juan Pedro Domecq, pasarás a la historia del toreo y tu nombre estará grabado con letras de oro en el libro de la tauromaquia. Escribo también desde la tristeza de haber perdido a un amigo, a una persona excepcional con la que pude compartir muchos momentos y de la que tuve la suerte de aprender del toro y del toreo, ya que tú, Juan Pedro, eras un ganadero que estaba muy cerca del pensamiento del torero y concebías el toreo como algo bello y estético, una filosofía que te acompañó durante toda tu vida.

Juan Pedro Domecq Solís, eras un hombre con un verbo fácil y una capacidad innata para comunicar muy bien las cosas, lo que hacías con una pasión inusual. Todo esto te hacía tener una personalidad especial, muy definida.

Siempre fuiste un estudioso del toro, pero no un teórico: sabías aplicar los conocimientos que adquirías a tu ganadería para crear un toro especial, ese que tenías en tu mente. En este sentido, fuiste pionero en muchas cosas. Recuerdo ahora lo que bautizaste como tauródromo, un corredero donde ejercitar a los toros como si fueran deportistas. Todo lo hacías en tu interés por mejorar la calidad del toro y su bravura. También fuiste de los primeros en informatizar la ganadería... Vivías por y para el toro.

Eras un hombre culto, poseedor de una de las más importantes bibliotecas taurinas de España, que mostrabas con satisfacción a tus amigos. Cuando iba a tu casa de tentadero me la enseñaste varias veces, bien me acuerdo.

Tuve la fortuna de compartir contigo muchos momentos de campo y conversación, también coloquios donde exponías de forma magistral tu filosofía. Mi trato contigo siempre fue muy bueno y sentía que coincidíamos en la forma de ver el toro y el toreo. Buscabas movilidad y bravura, pero con clase y ritmo en las embestidas, que es lo difícil de conseguir.

En esto seguramente tenía mucho que ver que sabías torear. Eras aficionado práctico y sabías lo que era estar delante del ganado. Eso te daba una visión distinta del toro y del toreo por el simple hecho de experimentar esas sensaciones de primera mano.

Algunos no compartían tu forma de ver el toro y a veces se te criticó por usar una frase muy tuya. Decías que criabas el toro artista y en realidad ese era el toro que perseguías y que querías crear. Creo que hay que tener gran imaginación y sensibilidad para decir eso. Veías al toro como un animal colaborador para crear una obra artística, un animal bravo pero con la clase y ritmo necesarios para expresar el toreo bueno. Algunos no lo entendieron nunca, pero tú lo sentías así.

Lo difícil es criar un toro bravo con clase. Lo normal es que un toro esté cerca de la fiereza y la aspereza, pero hacer un toro con calidad y ritmo es mucho más difícil. Esa es tu gran obra.

También tenías una idea muy clara de hacia dónde debía ir el toreo. Eras innovador; por ejemplo, en los tentaderos no eras partidario de dar seis o siete puyazos a las vacas, sino que buscabas al toro en la muleta, para que tuviera duración y clase. No eras partidario de exagerar en los puyazos. En temas de reglamento también coincidíamos porque aplicabas siempre el sentido común.

Creo que soy uno de los toreros que más veces he matado tus corridas. ¿Recuerdas cómo disfrutamos aquellas grandes tardes en Madrid, Sevilla Nimes, Valencia, Dax, Murcia...? Te estoy agradecido por haber criado toros que me proporcionaron grandiosos triunfos. Como bien sabes, he indultado tres toros de tu ganadería, el último hace dos años, en Alicante. Recuerdo perfectamente con qué entusiasmo me decías lo bien que el toro se estaba recuperando.

Es, en definitiva, una pérdida que todos vamos a sentir; vamos a extrañar tu ausencia en las plazas y en la vida. Pero, querido Juan Pedro, seguirás siempre vivo en tu obra y en tu ganadería, que es el legado que nos has dejado y que está más vivo que nunca. Estoy convencido de que tu hijo mantendrá la filosofía y el nivel de calidad que tú le enseñaste como ganadero y como persona. Es lo que él ha aprendido en casa.

Descansa en paz, amigo Juan Pedro, ganadero excepcional.

Enrique Ponce es torero.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 20 de abril de 2011