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Necrológica:

Luis Fernando Benedit, artista figurativo argentino

El argentino Luis Fernando Benedit había esculpido objetos de huesos para una de sus últimas grandes exposiciones, en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA), en 2009. "Todos vivimos sobre montañas de huesos. No son solo de desaparecidos sino de todas las generaciones que nos precedieron", reflexionaba este arquitecto y artista "figurativo de base conceptual", como él se definía, que falleció el pasado martes en Buenos Aires a los 73 años después de una afección pulmonar que agravó sus problemas cardiacos.

Benedit se distinguió por cruzar el arte con la ciencia, la renovación de la típica pintura guachesca, la incorporación de lo biológico a sus instalaciones y la reforma arquitectónica del Centro Cultural Recoleta de Buenos Aires. Una de sus obras emblemáticas fue la instalación Biotrón, en la que había 4.000 abejas vivas que podían alimentarse natural o artificialmente. Otra obra relevante fue el Filotrón, un cultivo hipodrónico (en soluciones minerales, en lugar de la tierra). Lo presentó en la serie Projects del Museo de Arte Moderno de Nueva York, en 1972.

Nació en 1937 en Buenos Aires, pero su familia tenía tierras y él pasó una parte de su adolescencia en la vecina provincia de Entre Ríos. De allí su pasión por la Pampa argentina, que fue motivo de algunas de sus obras, como la revisión crítica de la pintura guachesca de Florencio Molina Campos. En 1963 se graduó como arquitecto en la Universidad de Buenos Aires. Tenía 26 años y hasta los 50, a finales de la década de los ochenta, tuvo que vivir de aquella profesión. Solo entonces pudo sustentarse únicamente con el arte. "La arquitectura me ha influido más en la parte artística que al revés. El sistema de la pintura y la disciplina de la arquitectura te dan una cosa prospectiva en la cabeza: yo me imagino las obras, instalaciones, esculturas u objetos prácticamente por completo antes de hacerlos", contaba Benedit.

Casado, con cinco hijos y cuatro nietas, Benedit se inspiró en su momento en los dibujos de uno de sus niños, que tenía siete años, para hacer acuarelas y objetos. También destacaron sus pinturas y objetos inspirados en el relevamiento de flora y fauna que Charles Darwin hizo en el siglo XIX en la Patagonia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 15 de abril de 2011