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Reportaje:

La belleza oculta de la industria

Una exposición reivindica, a través de fábricas y otros elementos, dos siglos de patrimonio laboral

¿Qué es el patrimonio industrial? Para empezar, mucho más que fábricas, aunque sea lo primero en lo que se piensa. También es un legado muy desconocido y muy poco valorado. Y sin embargo, detrás de ese tejido formado por infraestructuras, pero también pequeños talleres, molinos y herramientas, sin olvidar los lugares de vivir, los poblados obreros, se ocultan los procesos de modernización de las ciudades y los profundos cambios políticos y sociológicos que transformaron el mundo. La exposición Cien elementos del patrimonio industrial de España, en la Real Fábrica de Tapices hasta el 27 de abril, reivindica las huellas de la revolución industrial.

La Comunidad de Madrid, organizadora de la muestra, lleva catalogados 1.400 elementos, el 60% de esas edificaciones surgidas desde mediados del XVIII. Como ejemplos, la centenaria Fábrica Gal, El aroma de Moncloa, que pasó de ser casi un pequeño laboratorio clandestino en Ferraz a ocupar magníficos edificios según multiplicaba su producción, el último, en Alcalá de Henares hoy abandonado. O la Memoria del barro en Madrid, una ruta de fábricas de tejas y ladrillos, entonces industria puntera, que se extendía por pueblos limítrofes como Vicálvaro, Vallecas o Carabanchel. Y cómo no, la epopeya de la construcción del Canal de Isabel II, protagonista de la transformación de Madrid a partir de aquel junio de 1858 cuando llegaron las aguas del río Lozoya. "Es una cuestión de cultura proteger ese patrimonio esencial para conocer nuestra historia", según el comisario de la exposición, Fernando Velasco.

Una empresa, que después de siglos sigue en activo, es la Real Fábrica de Tapices. Desde que se creó en 1721 como industria pública para potenciar la economía nacional, es la única que, sin subvenciones, sigue siendo rentable. Como modelo de empresa privada, la muestra incluye Cervezas El Águila, reconvertida en biblioteca y archivo regional. En pie desde 1901, esta industria cambió radicalmente los hábitos de la población al desbancar al vino y el aguardiente. Siempre quedarán las aguas mineromedicinales de Carabaña, "famosas en el mundo entero", modelo de complejo productivo del que se están recuperando pozos al lado de Tajuña. Todo un patrimonio que ha contribuido a hacer la vida más fácil.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 1 de abril de 2011