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Entrevista:ALMUERZO CON... OSVALDO GOLIJOV

"Schubert era un grande: Costello y Sting lo aman"

La sonoridad de su nombre y su frescura creativa iluminan a Osvaldo Golijov (La Plata, 1960) en un tiempo tendente a elevar a los intérpretes por encima de los nuevos compositores. La noche anterior anduvo de cañas por el Mercado de San Miguel y viene de ensayar los conciertos en el Auditorio Nacional que le trajeron a Madrid el mes pasado. Compositor de las últimas películas de Francis Ford-Coppola o autor de Ainadamar, ópera sobre la vida de García Lorca que estrenará el año próximo el Teatro Real, Golijov defiende entre platos la actualidad del discurso de la música culta. Debe haber practicado con sus tres hijos.

"Schubert, por ejemplo, es un grande. Por algo Elvis Costello, Rufus Wainwright o Sting lo aman. Es impresionante, pero hay que escucharle con grandes cantantes. Requiere trabajo, porque hay que transportarse a una época, pero la recompensa es increíble. El viaje de invierno es brutal. Y al final habla de lo de siempre: quererse morir, un amor perdido...".

El compositor argentino estrenará 'Ainadamar' el año próximo en el Real

Llegan las habitas con jamón y huevo. Golijov les atribuye con placer una esencia puramente española. Prueba el ribera. En Boston -donde llegó hace 20 años para estudiar en Tanglewood- no abunda el buen vino a precios razonables. Vuelve a la carga. "A nivel masivo el espacio de la clásica hoy es menor que en la época de Wagner o Verdi. Ellos eran como Coppola en nuestros días. Pero llega un momento en la vida en que te transformas y conectas más con el poder de reflexión, a medida que la mortalidad se hace más real... y la música clásica encaja ahí porque habla del alma al alma". Golijov, hijo de profesora de piano, se marchó a finales de los ochenta a terminar sus estudios y a buscar sus raíces a Israel. "Entonces estaba más o menos calmado, pero cuando me fui comenzó la segunda Intifada", recuerda.

Coppola sale a relucir de nuevo con la ventresca. Golijov le conoce bien y explica que el director prefiere ahora trabajar en proyectos pequeños y cuidar artesanalmente su idea del filme. "No tiene ganas de esperar a ver si le dan el dinero en Hollywood. Prefiere hacer películas pequeñas con lo que gana con el vino que produce...". ¿Para tanto da el vino? "Bueno y El Padrino. Él vive de esa película, y como un rey. Pero se lo merece". Coppola (hijo de Carmine Coppola, compositor y primer flautista de la orquesta de Toscanini) trabaja últimamente desde el principio con el compositor. Rechaza la música calzada en el montaje. Aunque sea ya la Cabalgata de las valquirias, de Wagner mientras los helicópteros bombardean Vietnam.

Por cierto, antes del café, como judío y músico ¿qué opina del rechazo a Wagner en Israel y la defensa de su obra que hace Barenboim? Silencio. Piensa 10 segundos. Espinoso tema. "Es complicado. En Israel no sé cuántos supervivientes del Holocausto deben quedar... pero en general son los abonados a los conciertos, el público que los mantiene. E interpretar a Wagner es como darles una galleta en la cara. Por otro lado, la memoria se transforma en historia, y si Wagner es central en la historia de la música, hay que hacerlo. En general creo que sí se puede separar ética y estética... pero no mientras viva la gente que sufrió a causa de eso. Como dice Woody Allen, comedia es tragedia más tiempo. Y Barenboim no deja que pase ese tiempo".

Taberna Bienmesabe. Madrid

- Habitas con jamón: 12,75 euros.

- 2 ventrescas de bonito: 34.

- 2 de pan y aperitivo: 3,40.

- Copa de Ribera: 2.

- Agua con gas: 3,50.

- 2 cafés: invitación.

Total: 55,65 euros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 30 de marzo de 2011

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