Reportaje:ATLETISMO

Joan Lino mira por Eva

Martínez, bronce en Atenas 2004, se reinventa como entrenador de la velocista paralímpica Eva Ngui

Joan Lino Martínez llevaba años lampando, intentando recuperar su mejor salto, aquel que le dio el bronce olímpico en 2004 y que su cuerpo dolorido, su pierna operada, parecía incapaz de recuperar. Eva Ngui, velocista y deficiente visual severa, bronce en 100m y 200m en Pekín 2008, buscaba un cambio de aires, un entrenador que le hiciera sacar lo mejor de sí misma, alguien que solo tuviera ojos para ella. El verano pasado la atleta se acercó al saltador, al que conocía de verle entrenarse en la pista del INEF de Madrid y con el que había empezado a hablar un año antes, que le caía simpático, y le preguntó: "¿Por qué no me entrenas tú?". "Le hizo ilusión", recuerda ahora divertida la corredora. Hoy son una pareja bien avenida con un objetivo prioritario: recuperar el amor por el atletismo.

Todas las mañanas, de lunes a sábado, se citan en la pista. Los martes y los jueves doblan por la tarde. Si no fuera porque ambos llevan años en estas instalaciones, llamarían la atención. Martínez, nacido en Cuba, es un hombre de 33 años, de sonrisa perenne, alto y negro. Ngui, de origen guineano pero nacida en L'Hospitalet (Barcelona), es rubia, casi traslúcida, producto de la incapacidad de su piel de producir melanina y lleva unas grandes gafas que amplifican aún más su mirada perdida. Hasta a ella le cuesta explicar lo que ve: "Cuanto más oscuro esté, mejor. La luz del sol me impide ver las líneas de la pista".

Tal vez por eso llevaba meses dándole vueltas a la idea de tener un entrenador personal. "Me gusta entrenarme sola y necesito mucha atención porque tengo muchos defectos", explica la atleta, que vive en la Residencia Blume desde hace cuatro años gracias a una beca ADO y que, aunque tiene el título de Enfermería, se ha comprometido con el deporte hasta los Juegos de Londres 2012.

Para Joan Lino era otra cosa. Era decir adiós al atletismo después de más de dos décadas de alta competición. "Desde 2007 no me he sentido a gusto como atleta y eso es muy duro", resume el saltador su frustración. Operado de una pierna pasó "de ser un saltador de élite a uno más". La segunda operación le destrozó definitivamente. El hombre que voló por encima de los ocho metros en 1997, que logró su mejor marca al aire libre -8,32m- en el momento decisivo, en los Juegos de Atenas 2004, recuperó la batida tras las lesiones, la fuerza, pero no la velocidad, el otro gran vector de los grandes saltadores. No llega a los ocho metros desde hace cinco años.

El año pasado vivió una tregua, una ilusión, cuando consiguió la mínima para los Europeos de Barcelona. Pero sus 7,63m le hundieron en la 24ª posición. "Cuando vi que no podía hacer lo mismo, lo dejé", explica.

Ngui le ha ayudado, le está ayudando, a que el paso de atleta de élite a hombre corriente sea menos traumático. Su formación ayuda. "Me hice entrenador en Cuba porque es la única forma de ganar dinero, de vivir del atletismo, y de estar en el Fajardo [Instituo de Educación Fisica de la Habana]", dice. En España, donde obtuvo la nacionalidad en julio de 2004, apenas un mes antes de sus Juegos, solo ha tenido que convalidar algunas asignaturas. "La escuela cubana tiene mucha técnica y eso es lo que yo necesito porque no sé correr bien y me lesiono mucho. Tengo muchos problemas con las rodillas, con los tobillos", añade Ngui.

Hasta el verano pasado la atleta formaba parte del selecto grupo de Manuel Pascua, la razón por la que se vino a Madrid hace cuatro años. "Manolo siempre se ha portado muy bien conmigo, pero tenía un grupo muy grande, gente de mucho nivel y ese nivel no es el mío", dice la velocista del técnico ahora imputado en la Operación Galgo contra el dopaje. "Con su mujer [Meri Martínez, también imputada] era diferente, no acabamos de congeniar y por eso decidí cambiar".

Los primeros resultados, un bronce mundial en 100m en enero, son solo el primer paso. Es trabajo físico, esa técnica que el cubano conoce tan bien, y mental porque a la velocista, que prefiere los 200m, no le gusta competir: "Me pongo muy nerviosa". "Nadie me había hecho pensar mientras corría, en los entrenamientos, para que luego salga automático en la competición".

En eso andan. El saltador y la velocista. La pareja más curiosa del atletismo español.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0021, 21 de marzo de 2011.