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Tribuna:

Salarios, precios, productividad y competitividad

Según la Encuesta Trimestral de Coste Laboral (ETCL), en 2010 se produjo una moderación notable en el comportamiento de los salarios, al contrario que en los dos años anteriores. En 2008 el coste laboral total por trabajador aumentó un 4,8%; en 2009, un 3,5%, y en 2010, un 0,4%. Es más, la tasa interanual de los trimestres tercero y cuarto de 2010 pasó a ser negativa, -0,3%. Esto se debe a varios factores. Entre ellos, la crítica situación del mercado laboral llevó a los sindicatos y a las organizaciones empresariales a firmar en febrero de 2010 el Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva 2010-2012, que establecía aumentos salariales de entre el 1% y el 2% para los nuevos convenios. Por otro lado, la inflación cerró en 2009 en el 0,8%, con lo que no entraron en funcionamiento las cláusulas de salvaguarda. Otro factor es que en 2010 las indemnizaciones por despido fueron menores que en 2009. Por último, la rebaja del sueldo de los funcionarios en junio llevó a las tasas negativas señaladas en la segunda mitad del año para el coste medio total.

En 2010 se produjo una fuerte moderación de los salarios, al contrario que en los dos años anteriores

Es imperioso reformar la negociación colectiva, los mercados de bienes y servicios y la política fiscal

Si solo analizamos los costes salariales (alza del 0,9% en media anual) y los comparamos con la inflación de los precios de consumo (1,8%), llegamos a la conclusión de que en 2010 los asalariados perdieron poder adquisitivo (la diferencia entre ambos aumentos). Ahora bien, esto no deja de ser una corrección a la notable ganancia de los dos años anteriores [gráfico superior izquierdo]. Parte de esas ganancias de 2009 y toda la pérdida de 2010 se debieron a la caída y posterior aumento de los precios del petróleo. Esto ilustra la volatilidad y los efectos negativos que introduce el utilizar el IPC total de diciembre como referencia en la negociación de los salarios y en las cláusulas de salvaguardia. De mantenerse, esta referencia debería ser la inflación subyacente media anual de la zona euro, pues la política monetaria no se establece en función de la inflación española, sino de la europea.

Otra cuestión, muy de actualidad, es el comportamiento de los salarios respecto a la productividad. En los gráficos inferiores se compara la evolución desde 1998 de esta y de los costes laborales reales. Si tomamos el periodo anterior a la crisis, 1998-2007, el aumento de la productividad por ocupado en España fue nulo, pero los costes laborales reales por asalariado cayeron un 5,1%. En este mismo periodo, la productividad en Alemania aumentó un 12% y los costes laborales, un 6,2%. La moderación salarial real y la consecuente ganancia que en ambos países obtuvieron los márgenes empresariales fueron, pues, prácticamente las mismas. La cosa cambia en los tres últimos años de crisis. En España la productividad ha aumentado un 7,2% y los costes, un 5,1%, por lo que los márgenes han seguido mejorando. En Alemania los costes han aumentado menos, un 1,2%, pero la productividad ha caído un 2,3%, deteriorándose los márgenes. Por tanto, si descontamos la inflación, la moderación salarial española es bastante superior a la alemana.

Otra cosa es cuando quitamos el velo monetario y añadimos la inflación. Y es que, a pesar de lo anterior, España ha perdido mucha competitividad-costes frente a Alemania en estos años

[gráfico superior derecho]. La productividad relativa en 2010 no era muy inferior a la de 1998, pero los costes laborales a precios corrientes habían aumentado en España un 26,5% más, con lo que los costes laborales nominales por unidad producida se habían deteriorado un 29% (llegaron a un 36% en 2008). Las causas de esto son varias, pero pueden resumirse en que hasta la crisis hubo en España una excesiva relajación monetaria y fiscal que produjo un boom de demanda de consumo e inversión, con la consiguiente presión inflacionista. En muchos de esos años también se produjeron episodios de alzas de precios de las materias primas energéticas y no energéticas que aún reforzaron las presiones inflacionistas internas. Debido a la indexación de los salarios al IPC, ello se trasladó a los costes laborales, manteniéndose así una espiral inflacionista que tanto daño nos ha hecho.

Por todo ello, es imperioso reformar las bases de la negociación colectiva. Pero también las de la política fiscal y las del funcionamiento de los mercados de bienes y servicios, introduciendo más competencia. En eso estamos, a ver si lo conseguimos.

Ángel Laborda es director de coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorros (FUNCAS).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 20 de marzo de 2011