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Crítica:ARTE | Exposiciones

Rablaci

Formado en esa feraz cantera artística valenciana, aunque no sin antes haber pasado por París, Rablaci (Rafael Blasco Císcar, Valencia, 1987) vuelve a exhibir su obra individualmente en Madrid -en 2008 lo hizo en la galería Raquel Ponce- en el espacio de Casa de Vacas del Retiro madrileño. Girando la muestra actual en torno al siempre candente tema del desarraigo, pero interpretado básicamente en una clave naturalista, Rablaci despliega un amplio conjunto de piezas, la mayor parte de las cuales son esculturas de diverso tamaño, fechadas entre 2009 y 2011, donde los materiales orgánicos se combinan con otros metálicos. Como corresponde a su indagación sobre el desarraigo, Rablaci, física y conceptualmente, se desenvuelve en un territorio de frontera, que entremezcla el mundo rural y urbano, lo vegetal y lo industrial, lo aéreo y lo grávido, sin hurtar en estas evocaciones el trasfondo psicológico y existencial. Rablaci empatiza con el latido poético del land-art, sobre todo, británico, pero también con algunos motivos del chamanismo terapéutico de Beuys y de Fluxus, por no hablar de evidentes acentos locales, que tiene que ver con el paisaje rural valenciano de los naranjales. Con un sentido escénico muy impactante, que alcanza su culminación brillante en los árboles invertidos de tamaño natural, que están revestidos de cadenas o atravesados, Rablaci logra asimismo un efecto muy eficaz con las esculturas de pequeñas casas alineadas, todas ellas también lastradas por un contrapeso físico, que es moral. Es así, parece decirnos, que lo que arraiga contiene en sí la invitación de huir, mientras que lo que expulsa provoca la ansiedad por la tierra: una paradoja que ciertamente atosiga al hombre contemporáneo. A pesar de su juventud, esta exposición demuestra la ambición y la versatilidad de su autor.

Rablaci

Raíces del desarraigo

Casa de Vacas. Parque del Retiro. Madrid

Hasta el 1 de marzo

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 19 de febrero de 2011