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Necrológica:IN MEMÓRIAM

Luis Jaime Cisneros, periodista y maestro de lingüistas

Infrecuentemente, un hombre y un país entran en un pacto tácito por el cual cada uno se toma por alumno del otro. Tales hombres son maestros en el sentido menos retórico y más real del término; y tales países, afortunados. Un hombre tal fue Luis Jaime Cisneros con el Perú.

Nacido en Lima en 1921, Cisneros se formó en Lima y en Buenos Aires. Fue filólogo de profesión pero también estudió Medicina y Literatura. Desde 1948 hizo de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) su casa y en ella formó generaciones de alumnos, no solo futuros lingüistas sino futuros todos. Lo hizo siempre con un gran oído a las necesidades del otro y con un solo instrumento: la consideración razonada de los hechos del lenguaje. Esto último lo llevó a guardar un desagrado mayor respecto del poder y el autoritarismo. Uno de sus ejemplos más célebres en sus clases de lingüística general fue la frase que solía anotar con tiza blanca sobre pizarra negra en las aulas de Letras durante la dictadura militar de los años setenta: "Las mariposas son multicolores, pero los gorilas tienen un color uniforme". Para Cisneros el conocimiento no lo era tal si no se podía enseñar y por ello hizo de la frase de Gracián "Saber y saberlo mostrar es saber dos veces" un estandarte cotidiano. La frase aparece en uno de sus manuales más lúcidos, El funcionamiento del lenguaje (Lima 1991). Su vasta obra escrita recorre todos los aspectos de la lingüística. Sus observaciones sobre la prosodia son extraordinariamente creativas y novedosas. Lengua y estilo (Lima 1959) es además un texto bellamente escrito. Sus ediciones (del Lazarillo o de Diego Dávalos) siempre fueron ejemplarmente cuidadas. Ejerció el periodismo como forma de lingüística aplicada al civismo y escribió columnas hasta la semana misma de su fallecimiento.

Su obra oral es, quizás, más generosa aún, especialmente la que desarrolló impartiendo clases en las aulas de la PUCP. Sobre ellas, lo primero que recuerdan sus alumnos es su ingenio, inteligencia y vivacidad al desmenuzar cualquier hecho lingüístico, desde la forma en la que recordamos números telefónicos hasta paralelismos sintácticos inusitados. Lo segundo, sus lecturas de Cervantes, Borges y Cortázar, su dicción, sus pausas, que abrían los textos en direcciones insospechadas y que revelaban un verdadero placer por la lectura.

Es difícil encontrar a alguien que haya tenido un oído más fino o mejor calibrado a las necesidades lingüísticas y pedagógicas del Perú que Luis Jaime Cisneros. Cisneros fue alumno del país y eso le permitió ser maestro de todos nosotros, generación tras generación. Individualmente, muchos de los que hemos pasado por sus cursos o conversado con él en su casa o en su despacho le debemos orientaciones vocacionales e intelectuales decisivas en nuestras vidas. De forma colectiva, el país como tal tiene aún una deuda con Cisneros, la de razonar mejor los hechos del lenguaje en un país tan públicamente dividido, la de "saber dos veces".

Mario Montalbetti es profesor principal de Lingüística de la Pontificia Universidad Católica de Perú (PUCP).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 3 de febrero de 2011