Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:Golpe a la corrupción en la Costa da Morte

El cemento que vino tras el 'Prestige'

La marea negra dio paso al 'boom' inmobiliario y a la connivencia entre políticos y constructores - En Fisterra la edificación aumentó un 444% en dos años

El cemento tomó el relevo al fuel que asfaltó, en noviembre de 2002, playas y acantilados de la Costa da Morte, la zona más castigada por la catástrofe del buque petrolero Prestige. Favorecida por la publicidad que el desastre dio a una zona hasta entonces poco conocida en el resto de España, la fiebre urbanística se apoderó de estos municipios del litoral coruñés hasta que llegó una crisis económica que, como en el resto del Estado, aplacó el boom inmobiliario que disparó los precios de viviendas y creó pantallas de urbanizaciones vacías al borde del Atlántico. El urbanismo descontrolado creció a un ritmo vertiginoso en esta comarca del Finisterre europeo que no dejó, paradójicamente y en paralelo, de perder población.

El hijo y la mujer del ex alcalde de Cee se metieron al negocio del 'ladrillo'

En Fisterra fueron declaradas ilegales 342 viviendas al pie del mar

La presión del sector inmobiliario se volvió salvaje después de que las televisiones desvelasen, con motivo de la marea negra, una costa tan bella y agreste como hasta entonces inexplotada. Al amparo de la ausencia de regulación o de normas urbanísticas totalmente caducas, se desató la construcción desenfrenada de urbanizaciones residenciales, que en su mayoría fueron vendidas fuera de la comunidad y que permanecen desocupadas 10 de los 12 meses del año.

"Ya no queda suelo urbanizable por vender", se congratulaba hace cuatro años el alcalde de Fisterra, el popular José Manuel Traba, al reconocer el desaforado caos urbanístico de su localidad. El núcleo urbano del municipio vio como la edificación había aumentado en un 444% en tan solo dos años. Los desmanes en la construcción también se apoderaron de Cee, una caótica localidad a pie del mar cuyo centro urbano fue construyéndose sin orden ni concierto sobre varios ríos y un relleno. Las riadas que en el otoño de hace cuatro años siguieron a un verano de incendios pusieron al descubierto auténticas barbaridades en esta localidad.

Y tantos excesos urbanísticos no dejaron de estar acompañados por la polémica ante la estrecha relación y múltiples lazos, apenas ocultos, entre cargos públicos de la comarca y el sector de la construcción. La esposa y el hijo del que fue alcalde de Cee hasta 2007, Antonio Rodríguez, manejaban un entramado de seis empresas, la mayoría vinculadas a la promoción inmobiliaria. Los negocios fueron constituidos después de que Domínguez, del Partido Popular, accediese al poder municipal en 2001.

En el Ayuntamiento de Fisterra -cuyo alcalde, como el actual de Cee, durmió la pasada noche en los calabozos de la comisaría de policía tras ser detenidos por presunta corrupción-, aún sigue en los tribunales la larga batalla judicial emprendida por la Xunta de Galicia hace cuatro años para ilegalizar y derribar la construcción, ahora prácticamente acabada, de 342 viviendas en primera línea de playa en la Recta da Anchoa.

Las sentencias fueron sucediéndose dando la razón a la Administración gallega y declarando nulas las licencias municipales. Las dos promotoras más afectadas por este litigio son de uno de los grandes y más activos constructores de la comarca de la Costa da Morte y de familiares del alcalde de Fisterra y del ex regidor de Cee. Pero a pesar de las resoluciones judiciales, siguen en pie todos los edificios ya declarados ilegales por los tribunales.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 1 de febrero de 2011