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Reportaje:EL JEFE DE TODO ESTO | Virgina Valero, directora del conservatorio María de Ávila

"En la danza hay mucho intrusismo"

La preparación al baile incluye clases de historia del arte, anatomía y psicología

De niña siempre le daban los papeles de primera bailarina en las obras escolares. "Si hacíamos Caperucita, yo hacía de Caperucita; si hacíamos Blancanieves, yo era Blancanieves. Así que mis padres pensaron que ya que mostraba cierto talento debía estudiar danza y me enviaron al Conservatorio", cuenta. Se formó con algunas de las mejores maestras: Ana Lázaro y Carmen Roche. Y compaginó sus estudios de danza con la carrera de Historia del Arte: "Mi padre era físico y no concebía que su hija no tuviera una licenciatura", explica.

Conserva la voz dulce y cierta inocencia, pero ahora es ella la maestra. Virginia Valero dirige el Conservatorio Superior de Danza María de Ávila, de la Comunidad de Madrid (CSDMA). "María de Ávila, de quien toma nombre el centro, es la raíz, el árbol del que hemos nacido todos los demás profesionales de la danza. Ha creado promociones y promociones de las mejores bailarinas que hay ahora. Es una mujer muy sabia, con un conocimiento de la danza como yo no he visto nunca", explica.

La vida artística de una bailarina suele ser corta, con pocas excepciones

"Los chavales de 'Fama ¡a bailar!' llegarían muy lejos con formación"

En el barrio de Carabanchel, en la finca de los Lujanes, está el edificio (un antiguo orfanato) que el CSDMA comparte desde 2006 con el Centro Integrado de Enseñanza Musical Federico Moreno Torroba. Alrededor del claustro central, paseando por sus pasillos, puede uno oír el caótico sonido del afinamiento de los músicos tras las puertas de algún aula, o asomarse a una sala para espiar a los jóvenes bailarines estirarse sobre el parqué o evolucionar grácilmente delante de los espejos. Se escucha el ritmo implacable que hacen seguir los profesores, dando palmas o golpeando con el tacón en el suelo.

Aquí se trabaja duro. "Si me hubieras preguntado hace unos años te hubiera dicho que lo más importante para ser bailarín era tener una buena condición física", explica Valero, "pero en vista de cómo ha ido evolucionado la danza, creo que lo realmente necesario es tener verdadera vocación y espíritu de sacrificio. Y formarte académicamente. Hay tantas posibilidades en la danza, tantas compañías diferentes, que cada uno encontrará su lugar, su coreógrafo, su creador".

En este centro se preparan alrededor de 240 alumnos, que han de tener formación previa y pasar unas pruebas de acceso, para luego cursar cuatro años en cualquiera de las dos especialidades: pedagogía de la danza o interpretación y coreografía. Al final del camino obtienen un título de grado.

No conviene perder el tiempo: exceptuando casos como el de Maya Plisétskaya o Alicia Alonso, que bailaron hasta edades avanzadas, la vida artística de una bailarina suele ser corta. "La edad límite de los bailarines varía mucho. Hay compañías importantes que tienen a los 40 la jubilación. Pero hay otras para gente mayor, por ejemplo la Netherlands 3 o la compañía de Pina Bausch, que admite bailarines con cierta edad. La danza contemporánea, española y el flamenco te permiten trabajar más años; la danza clásica es menos permisiva". Después el camino natural es la docencia. "Lo ideal sería que después de una experiencia como bailarín profesional se pasara a la enseñanza. La docencia en la danza es difícil, tiene que haber un conocimiento muy fuerte, vocación por querer transmitirlo y una reflexión importante. Aunque luego hay grandes bailarines que no sirven para la enseñanza".

Y además hay que tener cuidado con esos que toman un cursillo de baile y se ponen a dar clase en cualquier sitio. "Hay mucho intrusismo y es peligroso, porque estás formando unos músculos, un cuerpo. La enseñanza mal dirigida puede provocar que ese alumno no llegue nunca a ser bailarín, o incluso se lesione", explica Valero mientras enseña orgullosa la biblioteca del centro, diáfana, silenciosa. Porque aquí no solo se trabaja en mallas y calentadores; también puede uno lesionarse los codos sobre la mesa: los estudios incluyen profusas clases de historia del arte, anatomía, teoría de la danza o psicología aplicada a la danza.

La directora es optimista con el momento actual. "Soy muy positiva. Voy a espectáculos y siempre veo a mucha gente, cada vez más público desconocido, que no pertenece al mundillo. Hay un interés cada vez mayor en todos los aspectos. Es verdad que la danza clásica es siempre un reclamo porque es la más conocida. Pero la contemporánea, cuando hay nivel, atrae a mucha gente joven, quizás porque su lenguaje es más cercano".

Series de televisión, reality shows, musicales... Lo cierto es que la danza está muy presente. "Todo suma. El programa Fama ¡a bailar!, por ejemplo, podrá tener aspectos que te gusten más o menos, pero me alucina cómo gente sin formación, sin haber pasado por un estudio previo, tiene esa capacidad para el movimiento. Una danza urbana que han aprendido solos... Piensas en esos chavales... ¡Dios mío, si entrasen en una academia lo que podrían ser! ¡Podrían ser bestiales! ¡Yo les daría beca a un montón!".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 18 de enero de 2011