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Reportaje:

La responsabilidad de la mirada

La obra 'Memento mori', de Borja Ortiz de Gondra, impulsada por Cristina Rota, refleja la mirada de unos europeos en África y habla de la tragedia de ignorar

La actriz, directora y pedagoga teatral Cristina Rota lleva más de dos décadas afincada en España. Huyó con sus hijos de su país natal, Argentina, de una dictadura que hizo desaparecer a su marido, el director y actor Diego Botto, cuyo cuerpo aún no ha encontrado.

En los últimos años, han ocurrido hechos en España que le han movido a reflexionar sobre acontecimientos pasados en Argentina y sobre la tragedia que es perder la memoria: "Sin memoria no se puede elaborar ni el presente, ni el futuro, eso me recuerda a la Argentina dividida, y a la poca claridad que hay cuando no se discrimina y cuando los muertos quedan mal enterrados y no puedes hacerles el duelo", sostiene Rota.

Esa certeza es uno de los embriones que gestaron Memento mori, obra de Borja Ortiz de Gondra que se estrenó el viernes en el teatro Fernán Gómez con una acogida calurosa por parte del público. Pero hay otros. Como la relectura que Rota hizo de Los fusiles de la madre Carrar, de Bertolt Brecht. "Me hizo pensar esa madre que niega que participa en una guerra y que lo único que logra es destruir a sus hijos y autodestruirse", explica.

La actriz reflexiona sobre la tragedia que supone perder la memoria

"Se paga un precio muy alto por mirar hacia otro lado", dice el autor

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Esas y otras reflexiones afloraron en las conversaciones que mantuvieron el autor y ella hasta que le "regaló" esta obra. "Es el producto final de críticas y autocríticas, y que no sé cómo agradecerle, así como el interesante camino y proceso recorridos para llegar hasta aquí", continúa. "Hemos aprendido sobre nosotros y sobre el hecho de que el otro siempre nos devuelve la identidad, siempre es el otro el que nos completa".

Para Ortiz de Gondra (Bilbao, 1965), dramaturgo de las nuevas generaciones que está dando el teatro español, y que ya ha sido traducido a varios idiomas, todo empezó con la llamada de Rota. "Me convenció no solo por lo que quería contar, sino por cómo quería que trabajásemos; ella por su pasado, y yo, como vasco, queremos decir que uno no puede mirar hacia otro lado, porque se paga un precio muy alto, y que hay que enterrar bien a los muertos, porque de lo contrario siempre regresan", señala el autor.

El proceso de escritura ha sido muy en equipo y ha durado dos años. El dramaturgo también sostuvo conversaciones con una reconocida periodista de guerra, Olga Rodríguez, que le aportó información y a la que le fue fácil llegar ya que pertenece a la familia Botto Rota.

A fin de cuentas el espectáculo gira en torno a una fotógrafa de guerra (Rota), sus dos hijas, una de ellas periodista de guerra denunciadora de las tropelías con las que se encuentra, su yerno diplomático y un sacerdote que trabaja con niños ex soldado. Todos ocultan heridas íntimas y África les cambiará sus vidas, empujándolas a difíciles dilemas morales.

El tipo de espectáculo ha requerido que los actores se involucren especialmente. Lo han hecho, bajo la dirección de Jaime Chávarri. Melani Olivares, Nur Levi, Roberto Drago, Luis Hostalot, Manuela Nsuenzang y José Manrique. Cristina Rota agradece especialmente el compromiso adquirido por Melani Olivares, popular actriz que estudió es la Escuela de Teatro Cristina Rota, de la que han salido y siguen saliendo reconocidos actores.

El autor propuso a Rota que todo girara en torno a "la responsabilidad de la mirada". Ambos querían hacer un teatro que se interrogara sobre preguntas morales, como se hace en el teatro desde los griegos: "El teatro debe ser un espacio donde se encarne el pensamiento. No se trata de darle al público respuestas, ni sermonearle, sino de interrogarse con él", coinciden ambos.

La actriz, junto al autor, ha entremezclado en esta obra vivencias personales. "A menudo creemos que la historia la escriben otros, que las cosas que suceden, como están lejos, no nos tocan, y no es así". Y continúa hablando la actriz: "Como dicen García Lorca y Sanchis Sinisterra, a veces, los muertos están más vivos en la muerte que en la vida, por el significado ideológico y político que tiene".

En Memento mori salen unas fotos que ha cedido altruistamente el fotógrafo Walter Astrada, conocido internacionalmente por sus trabajos en países como Kenia y Congo. "Trabaja sobre esos mundos olvidados, le estamos muy agradecidos", dice Rota, quien aquí también transita por territorios ignorados por Occidente. "Por eso es importante decidir qué prensa queremos leer, qué leemos en la prensa y qué decide contar un periodista".

Memento mori cuenta la mirada de unos europeos en África. Tienen que decidir si quieren implicarse en el conflicto que viven o mantenerse al margen. Cada uno responde de manera distinta a ese interrogante y paga un precio distinto por su postura.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 16 de enero de 2011