Entrevista:Selección española de fútbol | Campeona del mundo 2010 | LOS ROSTROS DE 2010

Factor humano al servicio de un estilo

Por algún motivo, la gente del fútbol desarrolla una acusada memoria fotográfica. Almacena en su cerebro con precisión acciones del juego que luego son capaces de relacionar con otras sucedidas tiempo después. Seis años para ser exactos en este caso. Seis años y una jugada ejecutada por un mismo protagonista. El guión del camino realizado por España hasta la conquista de la Copa del Mundo de fútbol bien podría arrancar una tarde del 28 de julio de 2002 en Oslo, la capital noruega, cuando Fernando Torres arranca en diagonal hacia la banda izquierda, recibe un pase adelantado y conduce la pelota hasta el interior del área sin mirar hacia atrás. Decidido. Por un momento, parece que se desestabiliza y falla al golpear el balón. Los defensas se le echan encima. El portero sale a su paso. Pero en el instante en el que todo está a punto de frustrarse, acierta a tocar la pelota entre los jugadores que le acechan. Es un toque sutil pero suficiente para hacer el gol. Ese tanto basta para que España se adjudique el campeonato de Europa sub 19 en la final ante Alemania. Seis años después (29 de junio de 2008), en otra final España-Alemania, vuelve a ser Torres quien recibe un balón adelantado, esta vez por la derecha, llega hasta el área y vuelve a tocar la pelota con el mismo golpe sutil antes de que el guardameta y el defensa consigan neutralizarle. España gana esa noche la Eurocopa con un fútbol extraordinario y presenta su candidatura para hacer algo grande en el próximo Mundial de Sudáfrica.

Luis tenía decidido prescindir de Raúl desde el primer momento, cuando le nombraron tras la Eurocopa de 2004
"Esta selección se relaciona con la escuela de Cruyff", anuncia Xavi en una entrevista realizada en 2007
Fernando Hierro tuvo un papel capital en la llamada "reunión del club de críquet" en Potchefstroom
Del partido ante Dinamarca nace un gol que deja huella: lo marca Ramos tras 28 toques en 1 minuto y 13 segundos

Han transcurrido seis meses desde que España obtuviera el éxito deportivo más deseado en el deporte más popular: la Copa del Mundo. Durante este tiempo se han consumido análisis sobre las causas que han conducido a ese momento de plenitud. Existe unanimidad a la hora de valorar que no fue un éxito aislado y sí la suma de factores humanos y de coyunturas deportivas. ¿Habría sido posible este triunfo de no existir el Barcelona de Guardiola?, ¿hasta dónde alcanzó la mano de Luis Aragonés?, ¿hasta qué punto la ausencia de Raúl permitió la irrupción de otros liderazgos?, ¿qué papel ejerció Vicente del Bosque?, ¿Hierro?, ¿y Xavi?, ¿hubo planificación o una suma de afortunadas improvisaciones? Entre aquellos dos goles casi calcados de Fernando Torres ante Alemania y el pelotazo de Iniesta en la final ante Holanda hay desde luego una larga historia donde el factor humano está al servicio de una propuesta futbolística.

Acompañaban a Torres en aquel campeonato jugado en Noruega jugadores entonces muy jóvenes como Dani Jarque, Andrés Iniesta, David Silva y José Antonio Reyes, que luego fueron figuras. El tiempo establecería otra relación dramática en aquel grupo, como fue la amistad entre Jarque e Iniesta, rota por el infarto que acabó con la vida del primero en el verano de 2009. Iniesta, ocho años después, brindaría el gol más decisivo del fútbol español a su amigo fallecido ante las cámaras de todo el mundo. Sin embargo, el valor del grupo no es sentimental. No es anecdótico como pueda parecerlo por el gol de Torres. Es técnico. España ganó el Europeo sub 19 de 2002, después de que se hubiera adjudicado su primer Mundial sub 20 en Nigeria tres años antes con Casillas, Xavi y Marchena como protagonistas. En el entorno de esos años y otros sucesivos se ha fraguado el futuro del fútbol español: España gana el Europeo sub 19 en el año 2004, en el año 2006 y en el año 2007, y es finalista en el Mundial sub 20 de 2003. La casualidad no existe.

O sí. Aarhus (Dinamarca). 12 de octubre de 2007. Los incidentes marcan la actividad de la selección española en un momento crítico: se juega la clasificación para la Eurocopa de Austria-Suiza en un partido a cara de perro ante Dinamarca. Todo parece funcionar mal. Horas antes de viajar a la capital danesa, Luis Aragonés ha tenido una amarga conversación con unos aficionados a consecuencia de su enésima decisión de no convocar a Raúl para este partido decisivo. La sombra de Raúl le persigue desde que el 29 de septiembre de 2006 anunciara por vez primera que no iba a convocarle para un par de partidos que España debía disputar semanas después ante Suecia (7 de octubre) y Argentina (11 de octubre). En ese instante acaba la trayectoria internacional del jugador madridista: sus 44 goles y 102 partidos oficiales quedan como una marca inamovible. Pocos sabían que Luis Aragonés había barruntado esa decisión mucho antes y que, cuando definitivamente la tomó, iba a ser irreversible. Raúl no volvería a la selección.

En las horas previas a ese choque, la sombra de Raúl seguía persiguiéndole. Unos aficionados le increpan y se dirige hacia ellos en actitud desafiante. Las cámaras dan testimonio del momento.

"¿Sabes cuántos mundiales jugó Raúl? ¿Sabes cuántos?", pregunta Luis a los aficionados en actitud desafiante.

Ante el silencio de los presentes, Luis da la respuesta:

"Raúl jugó tres mundiales, 1998, 2002 y 2006. ¿Y sabes cuántas eurocopas?", insiste. "Dos, 2000 y 2004".

Luis Aragonés hizo una última pregunta, que fue como un tiro directo al corazón.

"¿Ganó alguno? ¿Ganó alguno?".

Así que la noche previa al partido decisivo ante Dinamarca la tensión es evidente. Luis Aragonés no puede convocar a Villa y tiene que reemplazarlo por Tamudo, un jugador episódico en la selección. Tiene tocados a Puyol y a Silva. El delantero titular sería Torres necesariamente, pero a los siete minutos de comenzar el último entrenamiento Torres se lesiona. Es baja durante una semana. De alguna manera, Luis Aragonés tiene que improvisar un equipo, algo que le había ido sucediendo desde que acabó el Mundial de Alemania, donde España cayó en octavos de final ante Francia. Aquel Mundial empezó muy bien y terminó en un desastre. Luis llegó a anunciar su dimisión para luego echar marcha atrás. La polémica le persiguió desde entonces y arreció con los primeros traspiés en la fase de clasificación (empate ante Islandia y derrotas ante Irlanda y Suecia), más el ya mencionado retiro de Raúl. Todas esas complicaciones van sumando. Luis está especialmente irritable y no habla con la prensa. Para remate, se lesiona Torres. Nada marcha como Luis habría querido.

Porque Luis tenía decidido prescindir de Raúl casi desde el primer momento, cuando le nombraron por aclamación tras el desastre de la Eurocopa de 2004 en Portugal, donde la selección hizo un papel discreto bajo la dirección de Iñaki Sáez. Luis Aragonés tenía por entonces algunas ideas claras. Una era Raúl. Pero no encontró el momento de hacerlo: su olfato se lo pedía, pero no le hizo caso. No le gustaba el modo de ejercer la capitanía ni su influencia sobre el juego del equipo. Fue aplazando la decisión temeroso quizá de la tormenta que le caería encima. Raúl dejó de ser titular en algún partido previo al Mundial de Alemania. Tampoco lo fue en aquel Mundial y las consecuencias no fueron agradables.

"Raúl no es el prototipo de un gran capitán", reconoce un alto funcionario de la federación. "No es un hombre integrador. Basa su autoridad en la fuerza de su figura. Es hosco. Tampoco es expresivo. Crea entornos muy cerrados a su alrededor". "El problema de Raúl es que no es comunicativo", asegura un ex componente de la plantilla del Real Madrid. "No lo ha sido en el Madrid ni en la selección. Profesionalmente, no hay nada que reprocharle. Es el primero en llegar a un entrenamiento y el último en salir. Es profesional y competitivo. Pero no es humilde. A diferencia de lo que hacía Hierro, nunca trató de integrar, por ejemplo, a los extranjeros del Madrid. Nunca se llevó bien con Ronaldo, tampoco con Zidane. Con Figo terminó distanciado". "Raúl tenía su entorno personal, gente como Cañizares o Michel Salgado, pero se encontraba muy alejado de los demás. Hombres como Xavi, Casillas o más veteranos como Puyol tenían un papel demasiado secundario", resalta el directivo de la federación. Su forma de ponerse en primera fila ejercía una influencia negativa. Hasta en su forma de escuchar el himno nacional, los ojos clavados hacia el cielo, su pose era desafiante para los demás. Como si fuera el primero de los patriotas.

Luis Aragonés y Raúl tuvieron algún enfrentamiento, aunque ambos lo han negado. En una ocasión, Raúl echó en cara a Luis Aragonés no haber sido más severo con algunos jugadores que llegaron tarde tras un día libre. No fue agradable. La relación entre ambos se fue agrietando. Llegó el momento en el que Raúl comenzó a practicar una política de gestos: marca un gol ante Túnez en el Mundial de Alemania y corre a abrazarse con Cañizares y Michel Salgado, que estaban en el banquillo. Posiblemente, Luis temía las repercusiones de tomar esa decisión de no convocarlo. El tiempo le dio la razón. La sombra de Raúl le amenazó sin descanso. Llegó incluso a perseguir por un momento a Vicente del Bosque tiempo después.

Con el peso de Raúl sobre sus espaldas, con una clasificación en el aire, con la polémica acechándole, Luis Aragonés vive uno de sus momentos más tensos en Dinamarca. Y encima la lesión de Torres.

Luis dispone para aquel partido una alineación que la prensa especializada interpreta a mitad de camino entre la improvisación y una apuesta desesperada. Tamudo no era Torres, ni Albiol era Puyol. Puso a Albelda como garante defensivo y le dio el mando del partido a los tres pequeños, que eran Xavi, Iniesta y Cesc. Escuela del Barça. Solo Luis sabe si aquella alineación respondió a una reflexión meditada o a una fuga por la salida de emergencia motivada por tantas circunstancias adversas. La cuestión es que el equipo saltó al campo a salvar la clasificación.

Y cómo la salvó. Durante algunos minutos de la primera parte y otros tantos de la segunda, la selección se comporta en el campo con solvencia. Llama la atención no solo su eficacia, sino la belleza en ejecutarla. De aquella inesperada forma de jugar nace un gol que no pasa inadvertido: lo marca Sergio Ramos tras 28 toques sin interrupción que duraron 1 minuto y 13 segundos. Un minuto que deja huella. Probablemente, Sergio Ramos marcó aquella noche el gol más sutil de su carrera. España resuelve con brillantez el reto y derrota por 1-3 a Dinamarca. Hasta Tamudo tiene su premio en esa noche, aunque nunca más volverá a pisar el césped como internacional. A partir de esa noche, España se convierte en un equipo invencible hasta la conquista de la Eurocopa.

Tres meses antes de aquel punto de inflexión en Dinamarca, la federación contrata a Fernando Hierro como director deportivo. Una de sus primeras tareas será la de buscar un seleccionador que sustituya a Luis Aragonés suceda lo que suceda en la Eurocopa. Hierro mantiene una única y discreta entrevista con Del Bosque.

Lo sucedido en la Eurocopa ya es historia. España gana todos los partidos y deslumbra con su juego de posesión. Rompe con sus viejos fantasmas y elimina a Italia en cuartos de final en la tanda de penaltis. La sombra de Raúl ya no persigue a Luis Aragonés, que vive sus días más felices con La Roja, una feliz denominación que obedece a su paternidad. Y Torres multiplica su celebridad con ese gol ante Alemania en la final, casi inspirado en el que logró seis años antes cuando era El Niño. Nada parece casual: la selección es una fusión de varias generaciones que han convivido desde muy temprano con el éxito. Xavi es elegido el mejor jugador del torneo. Tampoco es casual: unos meses antes, las horas previas a ese crítico encuentro contra Dinamarca, Xavi declaraba lo siguiente en una entrevista al diario EL PAÍS: "Esta selección se relaciona con la escuela de Cruyff". Xavi apuntaba que el sistema de Cruyff beneficiaba al jugador técnico, con talento y que muchos jugadores españoles, aun actuando en otros equipos, estaban capacitados para convivir en ese sistema. Xavi valoraba la decisión de Luis de apostar por los jugadores técnicos. Y destacaba a un jugador en especial: "Para nosotros, la escuela de Cruyff implantó al jugador por excelencia, que es Guardiola".

En el verano de 2008, dos sucesos coinciden en el tiempo: Del Bosque firma como seleccionador y Guardiola se presenta como entrenador del Barcelona.

A miles de kilómetros de distancia, en Chicago, dos profesores de la Universidad de Northwestern buscan una fórmula para aplicar al fútbol el análisis de redes sociales siguiendo métodos empleados en rendimiento de equipos de trabajo o de empresas. Luis Amaral es un físico portugués y Jordi Duch es un informático español. Toman como base de su estudio la Eurocopa de Alemania a partir de las estadísticas que divulga la UEFA. El análisis permitía estudiar la eficacia de cada selección y obtener un método de evaluación de los jugadores. La conclusión dio como resultado que España había sido el mejor equipo de la Eurocopa y que Xavi resultaba ser el mejor jugador. El estudio fue publicado dos años después, en junio de 2010, en coincidencia con la conquista del Mundial.

Mucho antes de que ese estudio fuera publicado y de que el fútbol comenzara a interesar a físicos, matemáticos e informáticos, un entrenador de corte clásico como Vicente del Bosque heredaba una selección desprovista de fantasmas para gobernarla hacia un objetivo: el Mundial de Sudáfrica. En esas circunstancias, Del Bosque parecía el hombre adecuado para un trabajo de continuidad. Tiene experiencia con grandes equipos. Su perfil es moderado, dialogante, equilibrado, el justo y necesario para gestionar un equipo y un esquema que parecían consolidados.

Bajo su mando, la fase de clasificación para el Mundial se convierte casi en un trámite. España gana todos los partidos, mantiene el nivel de excelencia en su juego, alimenta el estado de euforia de una prensa deportiva que vive adormecida a la vista de que no hay malas noticias ni olor a sangre alrededor de La Roja. De Raúl ya nadie se acuerda. Sin embargo, Del Bosque actúa como un ingeniero de la transición y va incorporando jóvenes jugadores a las diferentes convocatorias. Su revolución silenciosa desemboca en el Mundial, donde casi un tercio de los convocados son nuevos, obedecen a su mano ejecutora: Piqué, Busquets, Pedro, Navas, Javi Martínez, Llorente, Matas... y Víctor Valdés. Lo consigue sin estridencias, con un estilo integrador. Aquel que no ha sido convocado se siente sin argumentos para el reproche.

España por vez primera acude como favorita a un Mundial con razones de peso. Le avala la Eurocopa y el elogio general de la prensa internacional. Nunca antes se habían dado estas circunstancias. Asumía esa condición con naturalidad. El grupo tiene un capitán, Casillas, que ejerce un mando compartido con Xavi, a quien no se le puede negar un liderazgo intelectual sobre el equipo. Interviene en el grupo Marchena. No es ajeno al grupo Puyol. Tampoco Xavi Alonso. La sociología del grupo ha cambiado respecto a otras épocas y otras generaciones, entre otras cosas porque la mayoría de ellos han convivido desde jóvenes en las selecciones inferiores. Se comunican por correo electrónico. Comparten días de vacaciones.

El debut de España en el Mundial es malo. Pierde ante Suiza. El partido ante Honduras se gana, pero con más dificultades de las previstas. El equipo muestra miedo a la derrota. El grupo está tenso. Chile espera. Es, en ese momento, donde interviene Hierro.

Hierro tiene experiencia como capitán. Ha ejercido esa labor en el Madrid y en la selección, donde ha sido 89 veces internacional. Hierro fue el nexo entre la generación de las remontadas madridistas al grito de "por lo civil o por lo criminal" y el Madrid de los galácticos. Es integrador. Y le cantaba las cuarenta a Florentino Pérez o al funcionario de La Moncloa si era necesario. Después de la derrota ante Suiza decide intervenir.

Se produce una reunión entre Hierro y algunos jugadores en la sede de Potchefstroom. De su convocatoria hay versiones contradictorias. Una, Hierro solicita autorización previa a Del Bosque. Dos: Del Bosque tiene conocimiento posterior del propio Hierro. Tres: empiezan los jugadores y se incorpora Hierro. Xavi, Casillas, Puyol... Xavi Alonso. Hay un cierre de filas. Se le llamó "la reunión del club de críquet". Es una cumbre entre ganadores. Se habla de fútbol, del estilo, de los detalles. No hay otro camino que ser campeones. No vale otro resultado.

Naturalmente, en cualquier debate de este tipo, habla Xavi. Es el socio de todos, el director que hace funcionar el juego como una orquesta. Lo dicen los técnicos y la prensa especializada. Ahora también los científicos. El jugador ideal según matemáticos e ingenieros. "No pierde la pelota, da pases importantes y es constante. Es un hombre que parece tener en la cabeza una jugada dos o tres pases antes de que ocurra. Como un jugador de ajedrez", dice Jordi Duch.

La selección también fue estudiada por dos matemáticos en Londres. Uno de ellos era el español Javier López, ahora en el University College. La misma teoría de las redes. "Lo analizamos como si fuera una red de aeropuertos cuando se estudia qué pasa si uno cierra, en este caso si un jugador es anulado", recuerda López. "España tenía el coeficiente más alto de robustez. No dependía de un solo jugador. La red funcionaba si alguien era anulado. Su táctica es muy difícil de parar".

España, después de "la reunión del club de críquet" gana todos los partidos por idéntico resultado: 1-0. No hay precedentes de un trayecto tan austero hasta el título. Su autoridad sobre el juego, sin embargo, fue indiscutible. España no eleva a una estrella al firmamento. Gana el colectivo. El factor humano al servicio de una idea.

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Iker Casillas estalla de alegría tras levantar la Copa del Mundo que le acaba de entregar Sepp Blatter, presidente de la FIFA, en el estadio Soccer City de Johanesburgo.ALEJANDRO RUESGA
Vicente del Bosque, en una calle del centro de Madrid.
Vicente del Bosque, en una calle del centro de Madrid.FOTO: ALEJANDRO RUESGA

Elogio de la humildad

La selección española recibió el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes. Fue el más importante de las decenas de galardones que ha recibido un grupo liderado por un seleccionador tranquilo como Vicente del Bosque. Y es que la sencillez ha sido la imagen de marca de una selección que ha obtenido el éxito más importante del deporte español. Fue el Premio Príncipe de Asturias el que permitió escuchar del técnico un discurso especialmente emotivo. "El éxito de España en Sudáfrica ha sido", dijo, "el resultado del convencimiento de los jugadores en que lo que hacían era lo mejor y a la fe en su propuesta futbolística. Nunca nos faltó ni lo uno ni lo otro. Éramos conscientes de que únicamente así podríamos ser capaces de sobrellevar las adversidades y dificultades que surgieran para lograr lo que nos habíamos propuesto". "El grupo al que represento", prosiguió, "reúne todas las virtudes que un entrenador ha deseado siempre. La inolvidable victoria que nos brindaron en Sudáfrica queda para la historia y en intramuros, la humildad de un grupo de futbolistas que han hecho de la modestia un arma tan poderosa como su mismo y arrebatador juego".

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 26 de diciembre de 2010.

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