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Reportaje:FÚTBOL | 16ª jornada de Liga

Alta tensión en el banquillo

Louro, el entrenador de porteros del Madrid, se encara con Hurtado, ayudante de Manzano

El doctor Juan Carlos Hernández, experto en medicina deportiva, es un hombre moderado. Pertenece al cuerpo médico del Madrid desde hace muchos años y durante la visita del equipo al campo del Levante, en las primeras jornadas, le ocurrió algo insólito en su carrera: fue expulsado por armar jaleo en la banda. Estaba sentado en el banquillo, junto a José Mourinho. Desde que el técnico portugués se ha hecho responsable de la zona técnica, un clima de agitación se ha instalado en la caseta madridista. El inesperado doctor Hernández firmó el primer capítulo de incidentes. Luego le tocó a Mourinho, expulsado en la Copa y sancionado por la UEFA. Luego al preparador físico, Rui Faria, que se bajó del autobús del equipo para encararse a Manuel Preciado, el entrenador del Sporting. La serie siempre reserva sorpresas. Ayer el turno correspondió al preparador de porteros, Silvinho Louro, que puso el broche violento a la primera parte amagando con repartir bofetadas al banquillo visitante.

"La presión que le meten aquí al colegiado es increíble", se quejó Del Nido

"El árbitro se ha visto totalmente superado por el encuentro", dijo Jorge Valdano

"Como portero, Silvinho no era el mejor que conocí", contó Mourinho hace unas semanas. "Pero como entrenador de porteros no hay otro tan bueno como él". Louro es un entrenador apreciado por los jugadores. Hombre de buen carácter, generoso, creativo en las prácticas y muy corpulento, es la clase de enemigo que nadie quisiera encontrarse en una trifulca. Ayer comenzó a intercambiar epítetos con el banquillo del Sevilla durante el primer tiempo. El partido estaba trabado, el Madrid jugaba mal y el público expresaba su tensión. Los nervios se trasladaron a los cuerpos técnicos. Louro se encaró verbalmente con Gonzalo Hurtado, ayudante de Gregorio Manzano. Ambos discutían sobre la acción en la que Carvalho vio la primera tarjeta amarilla.

Cuando el árbitro pitó el final de los primeros 45 minutos, Louro reaccionó como si el tema en cuestión hubiese sido su honor. Saltó como un resorte y se abalanzó sobre los ocupantes del banquillo del Sevilla como un búfalo. Se le interpuso Agustín Herrerín, el veterano delegado de campo del Bernabéu, alarmado ante las consecuencias desagradables de lo que intuyó se produciría. Como Herrerín ya suma más de 70 años y no está para la lucha libre el impacto le tiró por tierra. Louro se disponía a embestir a los acompañantes de Gregorio Manzano cuando aparecieron las fuerzas del orden para separar a los contendientes.

"Somos impredecibles", decía Álvaro Negredo antes de visitar el Bernabéu, "capaces de lo mejor y de lo peor". El delantero vallecano analizó al Sevilla pero la ponderación lo mismo le habría valido para el Madrid, que ayer no supo cómo contrarrestar a su cambiante adversario hasta que Di María embocó un tiro imposible.

El toque de Di María puso fin a otro partido tortuoso para el Madrid, jugado con mucha tensión en el césped y vivido con la misma intensidad en el banquillo y en el palco. Hasta el punto de que el director general del Madrid, Jorge Valdano, acabó señalando al árbitro, Clos Gómez. "Se ha visto totalmente superado por el encuentro", se quejó Valdano. Poco después le respondió el presidente sevillista, José María del Nido: "La presión que aquí meten al colegiado es increíble, lo ha visto toda España. Es una táctica entrenada y diseñada para que el árbitro no pite con clarividencia. Siempre ha sido así en el Bernabéu y ahora se ha multiplicado por dos y por tres". Del Nido, sin embargo, no dejó de señalar los fallos de su equipo. "Nos ha faltado ambición. El Madrid no creaba ocasiones de gol. No voy a criticar a nadie, pero hemos jugado mejor contra 11 que contra 10", señaló Del Nido.

Dijo Mourinho en el Camp Nou, después de encajar el 5-0, la peor goleada de su historia como técnico, que el drama psicológico no tenía fundamento cuando se juega tan mal. "Esta derrota es fácil de digerir", apuntó, restándole importancia a la recuperación moral de su plantilla. Las tres jornadas de Liga que se han sucedido desde entonces han demostrado lo contrario. El nerviosismo en el banquillo de Mourinho lo prueba.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 20 de diciembre de 2010