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Reportaje:

'O Avó' pierde el liderazgo

Un eucalipto vecino al de Viveiro lo supera en talla y podría ser el árbol más grande de Europa

A O Avó, un eucalipto que crece en el Souto da Retorta de Chavín (Viveiro) y que está considerado como el árbol más alto de España, la vejez se le hace cuesta arriba: una nueva medición le acaba de quitar el puesto mientras que los hongos atacan sus pies. Sufre, dicen los expertos, decaimiento, un síntoma de vejez. No le respetan los temporales, que atacan sus ramas más altas, pero tampoco los visitantes, que aplastan la tierra donde se alimenta y no la dejan respirar. Ese es, al menos, el diagnóstico del botánico australiano Dean Nicolle, una figura en lo que a medir eucaliptos se refiere y que está de viaje por Europa para actualizar los datos de altura de los ejemplares más grandes: los del souto de Lugo y unos que crecen en las cercanías de Coimbra, en Portugal.

Con la vejez le han salido hongos y crece a un ritmo más lento

La competencia del ejemplar más alto, que mide 68 metros, está en Portugal

A pesar del aire que soplaba ayer en Viveiro y que movía las copas de los árboles, Nicolle y Annette Börner, investigadora del Instituto Max Planck -una red de investigación para la innovación científica en Alemania-, consiguieron medir 11 eucaliptos, los más altos del lugar, que no pasaban por esta prueba desde 1998. Y en estos años, a O Avó, lo han adelantado. El más alto es ahora un eucalipto próximo, situado más cerca del río Landro, que tiene 68 metros. Es, probablemente, también el más alto de Europa. "El abuelo está empezando a crecer más lento", explica Gustavo Iglesias, un experto en ingeniería agraria que es el contacto en Galicia de Nicolle. Desde la última medición apenas creció un metro, mientras su vecino aumentó en cuatro. El honor que le queda a O Avó es ser el eucalipto más ancho del lugar con 2,6 metros y 8,3 de perímetro.

En cualquier caso, Nicolle señala que el crecimiento de estos ejemplares "no es normal". "Cualquiera de los que hemos medido es una rareza por su tamaño", indica. "Y están entre los más grandes de Europa", asegura. Los de Portugal pueden ser competencia, pero esa zona fue devastada por un incendio forestal hace ya cinco años y es necesario revisar los datos. También hay que remedir la altura de los pinos de Vilaflor, en Tenerife, considerados hasta ahora los segundos más altos de España. Iglesias cree que el origen de las plantaciones de Viveiro y Coimbra es similar: ambas son del siglo XIX y no fueron sembradas para aprovechamiento maderero, sino para estabilizar el terreno alrededor de zonas inundables próximas a obras hidráulicas. Los eucaliptos de Chavín crecen entre el canal de desagüe de una presa con turbina para producir electricidad -de las primeras del siglo XX- y el río Landro.

Los eucaliptos europeos, sin embargo, no pueden hacer frente a los australianos. En su tierra de origen, los ejemplares más grandes rozan los 100 metros de altura. Nicolle, que ha medido unos 9.000 y ha identificado más de 50 nuevas especies, sitúa los eucaliptos más altos al sur de la isla de Tasmania, "que tiene un clima parecido a Galicia, muy lluvioso". Eso sí, los árboles de esta zona llevan creciendo más de 300 años, aunque algunos han sido talados. El botánico cree que el crecimiento "excepcional" de los eucaliptos gallegos se puede deber a que los ejemplares europeos estaban libres de las plagas habituales que sufren los australianos. "Ahora sí las hay", concluye.

Por eso, O Avó está "un poquito enfermo". "Hemos observado hongos que viven sobre la madera en putrefacción en la base", indica Iglesias, que mantiene el blog www.git-forestry-blog.blogspot.com sobre eucaliptos. También hay daños en la copa del árbol, con zonas en las que pierde sus hojas, apunta Nicolle. Él se inclina más por el ajetreo de la zona que por una plaga cuando se le pregunta por las causas de la enfermedad. "Es una zona muy turística en verano", explica Iglesias. El experto australiano recomienda un estudio con ultrasonidos, "como una ecografía", para saber hasta donde llegan los daños, que, cree, pueden acabar con el árbol: "La escala en el tiempo va a depender del número de visitas y de cómo evoluciona", diagnostica. La salud de su vecino más alto está "relativamente bien si lo comparamos" con O Avó, "porque probablemente muchísima menos gente camina alrededor de él".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 12 de noviembre de 2010