Reportaje:

El Papa se pierde al llegar

La escultura de Ratzinger queda instalada tras extraviarse su camión por Santiago

Benedicto XVI no llegó en papamóvil, sino en camión. Y el camión, no se sabe de qué manera, entró por la otra punta de la ciudad y se perdió. La peana de granito aguardaba ya instalada en la rotonda de acceso de la nueva avenida Juan Pablo II (el Papa que además de varias esculturas ya ha logrado calle en Santiago), y el vehículo, que había salido de madrugada de una fundición madrileña, daba vueltas sin rumbo cerca de la carretera de Noia. Al fin, con retraso, los porteadores desnortados acertaron, y Ratzinger levitó desde el camión colgado del guindaste por el cuello. "Deixádeo así!", animaban a la cuadrilla de instaladores, asomados a la ventanilla, algunos conductores que pasaban. Pero mientras los trabajadores taladraban con esfuerzo cinco agujeros en el pedestal, y para evitar la lastimera imagen del Santo Padre en órbita, la grúa dejó tendidos al sol sobre la hierba los 850 kilos de escultura de bronce que por la tarde, ya firmemente atornillados a la piedra (otros 250 kilos), bendijo el arzobispo.

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La instalación, al final, se prolongó varias horas. Había que engarzar la base del báculo y dos gruesas tuercas por cada pie. Se buscaba la mayor resistencia para evitar posibles afrentas al jefe de la Iglesia. De hecho, se había anunciado que la imagen iba a ser levantada en San Lázaro, próxima a la Porta Itineris que hace años hizo el mismo escultor, Cándido Pazos, con efigies tan diversas como las de Dante, Xelmírez, Wojtyla o Escrivá de Balaguer. Pero al final se acordó adentrarla un kilómetro más en la ciudad, hasta la altura del parque de As Cancelas. Entre los vecinos de San Lázaro había surgido un grupo de detractores que no querían al Papa en su barrio. Ayer, cerca de la una, se presentaba el alcalde en el lugar (estaba de ronda, supervisando los preparativos de la visita papal) y al rato daba una orden a su asesora: "Que pongan aquí a alguien a vigilar hasta el sábado".

Cándido Pazos (Santiago, 1943) es autor, además de la Porta Itineris Sancti Iacobi, de las esferas armilares del Parlamento Europeo y el Pabellón de Galicia, de la mano de Baco de 7.000 kilos del Museo del Vino de La Rioja, de un racimo de uvas de 45.000 que hay en Haro, de la Fonte da Peregrina del Monte do Gozo y de otro Arcus Itineris, de nuevo en La Rioja. Tiene otro par de proyectos importantes en marcha, murales de jade y de serpentina que extrae de una mina que el mismo explota en Touro.

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El Ratzinger de casi tres metros de altura que ayer inauguró es la primera escultura del pontífice que se promueve en España. Cuenta que le costó mucho sacarle expresión al rostro pálido de Benedicto XVI, pero está seguro de que mañana, cuando el papamóvil haga una parada en el lugar al bajar de Lavacolla, quedará "encantado". Rodeando el bronce, la organización colocará 5.000 niños, reclutados en colegios, para que aún resulte más gozosa la estampa. Ayer, mientras los operarios taladraban la peana, un tráiler descargaba detrás juegos hinchables para entretenerles la espera.

La idea del Papa Bieito de metal salió del propio artista, que enseguida encontró apoyo en el Instituto de Estudios Gallegos Padre Sarmiento, la Cámara de Comercio y el Aeroclub compostelano. Las tres instituciones abrieron una cuenta y promovieron una cuestación popular para reunir los 98.000 euros más IVA que cuesta la figura, con el compromiso de donar lo que sobrase a la Cocina Económica. Pero de momento no ha habido excedente. Ni siquiera se ha logrado juntar lo necesario y la colecta continúa.

Pazos, que sacó adelante su proyecto en dos meses, trabaja desde su casa de Trobe, en Vedra. Allí, hasta hace poco, tenía además un vivero, y aún sigue cultivando bonsais de camelia, con los que prepara un par de laberintos en su casa. "Tuve suerte en la vida", reconoce, en parte para quitarle méritos a los galardones que ha cosechado en las facetas más variopintas. Fue campeón de España de Atletismo, Premio Nacional de Dibujo, premio a la flor más original en Bruselas por su camelia Xacobea, y Primer Premio de Jardinería de Paradores, por un patio del Hostal. En tiempos de Fraga, amigo suyo ("despachábamos los sábados"), atendía las zonas verdes de la Xunta. Entre los jardines de camelias que diseñó está el de la mansión de Claudia Schiffer en Mallorca.

Además, aunque parezca mentira, inventó la cunca de vino tal y como hoy se conoce. Su padre, dueño del almacén Pazos, en la rúa da Raíña, le encargó en 1957 el diseño de una taza para el Ribeiro "en la que cupiese poco vino y que no llevase asa". Hasta entonces, la cunca, de loza y porcelana, siempre la llevaba, pero se rompía, y el tanino teñía la parte desmochada sin que hubiese forma de limpiarla. Las nuevas se fabricaron primero en Gijón y luego en Arcade. El padre de Pazos, que había trabajado en Asturias, las llamó "chiquitas" y las vendió por toda Galicia. Las primeras, a El Gato Negro, el bar de al lado.

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