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Crónica:HÉRCULES 1 - REAL MADRID 3 | FÚTBOL | Novena jornada de Liga

Cristiano saca al Madrid del atolladero

Dos goles del portugués, uno de Di María y el despertar de Benzema firman la primera remontada del equipo de Mourinho

Mourinho acabó el partido abrazado a Benzema, que pasó del abatimiento a la rebelión con un espaldarazo de su entrenador de por medio. El francés rompió en las jugadas que desembocaron en los dos goles que dieron la victoria al Madrid. Los metió Cristiano para coronar una de sus noches inflamadas. Su equipo necesitó esta clase de reacción. No habría conseguido salir del desfiladero de Alicante de otro modo.

¿Quién es Thomert? ¿Quién es ese gigante? Mourinho, el responsable de la caseta, debía de preguntárselo mientras veía a este majestuoso ejemplar de ser humano galopando a unos metros de su asiento. El francés dominó la zona que debía vigilar Ramos, irrumpió ahí donde debía ayudar Pepe, o Khedira, o Xabi. Lo hizo durante todo el primer tiempo y el Madrid no supo desactivar sus incursiones. Reemplazó a Drenthe en el interior izquierdo, pero actuó como un delantero emboscado. No apareció donde le esperaban y se presentó en los espacios menos poblados. Su despliegue fue una réplica al juego de Gomes, Trezeguet y Valdez, sus compañeros en el ataque, que hicieron una exhibición de astucia y ambición. Amparados por una defensa sólida, que no hizo concesiones, propinaron al Madrid un golpe inesperado. El equipo de Mourinho, acostumbrado a recorrer los caminos de la Liga gozando de la ingenuidad de los rivales, se encontró con un gol en el calentamiento. El Hércules no le dio tiempo ni tregua. Fue la primera vez en el campeonato que el Madrid se vio ante el desafío de remontar un resultado.

El ataque del Hércules en la primera parte fue una exhibición de astucia y ambición

El Hércules empezó apretando arriba, achicó los espacios en el medio del campo y no se preocupó de alejarse de Calatayud. Hasta ayer, los equipos que se defendieron del Madrid intentando ahogarlo arriba lo pagaron atrás, cuando los delanteros madridistas atacaron al espacio que se abría a la espalda de la zaga. Pamarot no permitió estas aventuras, bien cubierto por sus compañeros, sobre todo por Fritzler. El ex medio centro del Lanús aglutinó las líneas frente a la media luna de su área para desconectar a Özil e impedir que Di María tirase la diagonal de derecha a izquierda por el carril del ocho. Bajo estas condiciones, el Madrid percutió sin ingenio, siempre por el medio, expuesto a que los defensas se le anticiparan y aferrado a la desesperación de Cristiano como último recurso.

Recuperado el balón, las maniobras del Hércules fueron tan reiterativas como eficaces. Arrancaban por la derecha, donde Cortés y Thiago batallaban con vigor, y cambiaban de frente buscando a Thomert o a Trezeguet, que entraban oportunamente, siempre desmarcados, aprovechando la basculación de la defensa madridista. Así se construyó el primer gol. Cortés metió un centro y a la espalda de Pepe no había nadie. Nadie con la camiseta blanca. Solo Trezeguet, ese punta curtido en una década de calcio que ya ha dejado bien claro que no piensa en dar por terminada su historia de amor con las redes. Ayer puso la frente con sutileza, acariciando la pelota, para enviarla en parábola sobre Casillas y a la escuadra. Fue un toque quirúrgico. Un detalle de depredador del área que cogió por sorpresa a los defensas del Madrid. Se habían acostumbrado a los delanteros de medio pelo de la Liga. Ahora ya saben que no todas las jornadas serán tan plácidas como solían. Trezeguet y Valdez pudieron ahondar en el daño. Lo evitó Casillas con dos intervenciones extremas.

El Madrid fue adueñándose del partido por su abnegación y porque al Hércules se le empezaron a lesionar sus delanteros más poderosos. En la reanudación se lesionó Thomert, el que más desequilibró. Luego se fue Trezeguet. Y por último cayó Valdez. Mientras Thomert recibía un masaje en la banda, Cristiano ejercitó un remate desde fuera del área. Calatayud no pudo atrapar el balón y del rechace se ocupó Di María. El empate entusiasmó al Madrid, que prolongó sus posesiones y su profundidad. Con la inercia de la brega, Mourinho quitó a Pepe y puso a Benzema. Fue una declaración de rebeldía y dio frutos. Benzema participó en los dos goles que sobrevinieron. Primero, asociándose con Marcelo, el más regular junto con Cristiano. El brasileño se fue por la línea de fondo, aguantó y sirvió a Cristiano, que entró como una locomotora para dar el último toque. En el otro, Benzema trenzó con Di María antes de pasar a Cristiano. El portugués gritó por segunda vez. El Hércules estaba rendido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 31 de octubre de 2010