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Reunión teatral de personajes de Galdós en clave femenina

Fernando Méndez-Leite dirige 'Galdosiana', una mirada actual a obras del autor canario, en el Fernán Gómez

Incomprensiblemente, el teatro de Benito Pérez Galdós no se representa apenas en España. Una pena porque era un gran dramaturgo al que no estaría mal rescatar con una mirada contemporánea.

Algo así es lo que se ha hecho en Galdosiana, obra que se acaba de estrenar en el teatro Fernando Fernán Gómez con dirección de Fernando Méndez-Leite, hombre ligado al mundo del cine durante décadas y actual director de la Escuela de Cine de la Comunidad de Madrid, pero en los últimos tiempos director de teatro.

Lo último que ha dirigido es Galdosiana, una original propuesta escénica en la que ha reunido en el escenario a personajes de Galdós, pero de sus novelas Realidad, Doña Perfecta y Tormento.

Para hacerlo no solo se ha servido del mucho oficio de actrices como Fiorella Faltoyano y Cristina Higueras (también productora), sino también de esta versión que ha hecho con "respeto y afición a Galdós, y preservando su esencia". En ella ha tratado de aplicar una mirada actual: "Estoy hasta las narices de cosas pretenciosas y presuntuosas, por lo que he tratado de utilizar otras herramientas, fundamentalmente el humor, para hablar de estos personajes". Méndez-Leite se ha inclinado más por los personajes femeninos, al igual que Galdós: "Son mucho más potentes y además ofrecen una gran vigencia como prototipos".

Las dos actrices protagonistas, que comparten escenario con Amparo Alcoba y David Sentinella, no solo se convierten en señoras decimonónicas, sino también en mujeres actuales y modernas.

"Eso que dicen de que Galdós era algo misógino no es verdad, de hecho, dotaba a la mujer de conflictos que son muy actuales y la defendía siempre; hoy ha cambiado el ambiente y las formas pero las preocupaciones y las tribulaciones son las mismas", señala Higueras, mientras Faltoyano añade: "Disecciona el alma humana con un gran talento y para una actriz el poder hacer tres personajes distintos en una única función es un ejercicio apasionante, pero no solo nosotras tenemos que cambiarnos de traje, el espectador, al que involucramos, también".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 16 de octubre de 2010