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Reportaje:

Lasarte, sin bigote ni machete

El técnico de la Real es un uruguayo oriundo de Andoain que jugó en el Depor de los noventa

"Me llamo Martín Lasarte Arrospide Eizagirre Otegi. Hubiese podido jugar en el Athletic". Así se presentaba en San Sebastián el técnico uruguayo cuando fue contratado por la Real Sociedad la pasada temporada. Así demostraba un conocimiento de causa y un sentido del humor incuestionable. Los apellidos reflejan el origen de su familia, nacida en Andoain, un pequeño pueblo de Guipúzcoa, que ha visitado con alguna frecuencia, lo mismo que San Sebastián. "Cuando llegó no hizo falta situarle geográficamente en la ciudad porque prácticamente conocía todas sus arterias principales", comentan con agrado en el club donostiarra, rival mañana del Madrid, que se ahorró la tarea de reubicar a su técnico en la ciudad.

Lasarte ya no luce el mostacho que agigantaba la fiereza de aquel central uruguayo que jugó en el Deportivo en los años 90 y por el que sentían una especial predilección los aficionados de Riazor. Los chicos acuñaron aquel sonoro cántico: "¡Saca el machete, Lasarte saca el machete!". Fue su única experiencia en España tras haber jugado antes en el Nacional de Montevideo y después en el Defensor, el Central Español y el Rentistas, donde colgó las botas. El fiero central del poblado mostacho se reveló después como un técnico exigente "pero profundamente preocupado por los aspectos psicológicos del juego y del futbolista". "Se podría decir que psicoanaliza las emociones", le definen algunos miembros del club, que eluden cualquier parecido con los técnicos introvertidos o excesivamente reflexivos. "Lasarte vive el fútbol desde la pasión y de ahí a la emoción", dicen en la caseta. La Real contrató a Lasarte por dos razones: la casualidad de un viaje y la libreta de Loren, director técnico.

Loren viajó a una gira por Sudamérica y allí coincidió con Pello Uralde, ex jugador realista que entre otros equipos militó también en el Deportivo. Y vieron a Lasarte. Loren se quedó con su número de teléfono y, después de descartar la continuidad de Lillo, el director técnico puso el nombre sobre la mesa. No era un técnico conocido ni había sido un jugador de postín. Prácticamente toda su carrera se había desarrollado en Uruguay desde que comenzó en 1997 con los picapiedras del Ramplas Junior, para entrenar después al Rentistas (subcampeón del Clausura), Emiratos Árabes, River Plate de Uruguay, al que ascendió, Nacional Montevideo, campeón invicto en 2005, el colombiano Millonarios y el Danubio, de Uruguay.

A Loren, y después al consejo de administración de la Real, les movió a su fichaje su voluntad y experiencia en el trabajo con la cantera. "Siempre asumí la responsabilidad y el peligro de contar con los jóvenes", afirma Lasarte. La Real, resurgida de la ley concursal, no está para ejercicios económicos boyantes y, además, quiere reverdecer su histórica apuesta de cantera. Lasarte sabía que en San Sebastián iba a poner en práctica sus planes. Los fichajes de Sutil, Llorente y Tamudo han sido los únicos retoques a la plantilla que subió de su mano.

Este uruguayo guipuzcoanizado o este guipuzcoano uruguayizado, como algunos le definen en el club, es un amante del cine que ocupa con la pantalla el escaso tiempo que deja libre el fútbol. Más en un hombre solo que tiene a la familia (mujer y dos hijos) en Montevideo y contrato hasta 2012. Balbi, su ayudante, también uruguayo, es su más cercana compañía. El segundo entrenador de la Real es locuaz y demuestra su espíritu viajero. También él está acostumbrado a trabajar la cantera. Ambos han empezado bien: una victoria y un empate. Mañana, encaran al Madrid. "Hemos venido a quedarnos, no a pasear", avisa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 17 de septiembre de 2010