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COLUMNA

Ocurrencias

Fernando Savater dice que aquí muchas veces se confunden las ideas con las ocurrencias. Pones los telediarios y percibes eso, que hay mucha ocurrencia. No solo hay sucesos, que son la materia prima muy querida por algunos informativos. No solo sucesos: ocurrencias. Como la política manda (aún) en los informativos, cada día es más pesada la teoría de la compensación: a una ocurrencia socialista se le opone una ocurrencia conservadora, y viceversa. Ya hay una técnica consolidada, que es la técnica del canutazo: ponen el canuto y ahí te lanzan una ocurrencia que algunos llaman titulares. Lo extraordinario de las ocurrencias, en tiempos de Oscar Wilde, por ejemplo, era que resultaban naturales, espontáneas, o por lo menos lo parecía. Eran ocurrencias. Ahora las ocurrencias son el producto de complejos neuronales adscritos a los partidos políticos o a los gobiernos.

Estamos en una época de ocurrencias, y hay que apechugar. Ahora preparan un decreto para que los informativos estén obligados a institucionalizar las ocurrencias, tal y como las enlatan los partidos políticos. Es una aberración, claro, pero es el iceberg de las aberraciones. A lo largo de los años se ha ido consolidando ese lenguaje enlatado en virtud del cual se disfraza de espontaneidad lo que ha estado siendo pensado para que sea cabecera de los telediarios. Los políticos (y sus asesores) han decidido ser, también, autores de titulares, y en esas estamos. Muchas veces, sin embargo, se cuelan otras cosas, bueno estaría, y aparece gente que te refresca la memoria sobre lo que es el periodismo. Ayer pasó. Ahí estaba el maestro Raúl Cancio hablando de fotografía en 24 Horas de TVE. Él creía estar hablando de fotografía, pero en realidad estaba hablando de la vida del oficio. Dijo: "Si no congelas ese momento que te ha impactado, ni digas que lo has visto". Carlos del Amor, que le entrevistó, terminó así la pieza: "Necesitamos un primer plano". Y la espontaneidad para retratarlo, para llevar al público la sensación de que es real lo que se dice, que no responde a la preparación minuciosa de un equipo de asesores que pare una ocurrencia. Luego pusieron a unos peces haciendo el amor bajo el agua. La vida misma. Nadie prepara el lecho de los peces.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de septiembre de 2010