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Crítica:cine

Gran sorpresa animada

En un año de excelente cosecha animada, la pasada convocatoria de los Oscar habilitó un estimulante margen para la sorpresa: una obra maestra como Ponyo en el acantilado quedaba fuera de la competición, pero entre las candidatas aparecía una película de la que incluso el apasionado de la animación no había oído hablar: El secreto de Kells, y la dirigían dos responsables del estudio de animación irlandés Cartoon Saloon, Tomm Moore y Nora Twomey. Alejada de las estéticas dominantes en esta edad de oro del lenguaje animado, no se hizo con el premio pero gracias a su selección este filme accede a nuestro mercado.

El Libro de Kells, manuscrito iluminado medieval del siglo IX que se cuenta entre las piezas más valiosas del patrimonio cultural irlandés, inspira este relato que no solo apoya su tensión narrativa en un tema inusual -la transmisión de la cultura-, sino que también la sirve con un planteamiento estético tan adecuado como sorprendente.

EL SECRETO DE KELLS

Dirección: Tomm Moore y Nora Twomey.

Género: animación, 2009.

Duración: 75 minutos.

Celebración del 2D

Moore y Twomey articulan una deslumbrante celebración de lo bidimensional, como si Brunelleschi no hubiese formulado aún las leyes de la perspectiva; en suma, como si El secreto de Kells encarnase esa idea imposible de una película encontrada de animación medieval. Su estrategia emparenta el resultado a la revolución estética del estudio UPA en los años cincuenta, demostrando que línea, diseño y forma también eran recursos esenciales para crear universos dibujados en movimiento.

Lejos de las limitaciones cinéticas de otros herederos del espíritu UPA como Genndy Tartakovsky y Craig McCracken -padres respectivos de El laboratorio de Dexter y Las Supernenas-, El secreto de Kells concentra en su metraje una capacidad de asombro sostenida en una ejemplar coreografía de formas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 20 de agosto de 2010