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Reportaje:AL SOL

Más allá de la sobrasada

La música de Chopin, la belleza de Cabrera, las tejas pintadas y el 'art nouveau'. Cuatro planes perfectos en la isla de Mallorca

Aparentemente sin interés para quienes creen saberlo todo, Mallorca sigue desvelando recursos turísticos sin parar. Estas cuatro excusas renuevan el compromiso viajero con la mayor isla de las Baleares.

01 En lancha rápida

Si navegar en golondrina al parque nacional marítimo-terrestre del archipiélago de Cabrera es un espectáculo inolvidable por su bahía -quizá la más deslumbrante de las costas mediterráneas españolas -, qué decir del nuevo servicio de lancha rápida que permite no sólo pasar el día en Cabrera, sino, además, circunnavegarla. La nave tiene 12 asientos, y el patrón de altura, Toni Villalón, al cruzar el estrecho se encarga de que los 12 pasajeros lo pasen en grande dando gas a los 500 caballos de potencia. La entrada se realiza por la isla de Sa Foradada y su faro, al que sigue el estrecho que forma el islote de L'Imperial y un voluminoso nido de águila pescadora. Para fotografiar después las islas Estells y el faro de Ensiola, de arlequinado único en España, recién repintado. A este faro, clon del de Formentor, conviene ir luego a pie en tres horas (ida y vuelta, 11 kilómetros) por las maravillas paisajísticas que encierra. De regreso, todos a zambullirse en la cueva Azul. Se reparten audioguías.

02 Artesanía de albañil

Si hay elementos que doten de expresión popular a las casas antiguas de Mallorca esos son las tejas pintadas. Las hay documentadas desde la época almorávide (siglo XI), aunque la mayoría datan de los siglos XVII y XVIII. Para imbuirse de este sugerente arte cóncavo, nada mejor que acudir a Ca'n Xoroi, en Fornalutx, uno de los más encantadores pueblines de las Baleares. En la vieja almazara se exponen 76 tejas, que se fijaban en canaleras y aleros. Estaban pintadas en almagre sobre base de cal, algunas policromadas. Su iconografía es de una libertad expresiva asombrosa; puede que beba del estilo naif, o directamente que fueran producto de manos infantiles en el siglo XVII. Pocas figuraciones: una madona, una bruja, un niño. ¿Su función? Decorativa, pero también protectora, tanto de la lluvia como del maligno. La visita tiene como aliciente añadido poder departir con el artista que recopiló, estudio y las restauró, Jaume Pinya, quien ahora las enseña al público.

Con el mapa que se entrega a la entrada se pueden recorrer luego los aleros de Fornalutx, mejor con teleobjetivo o prismáticos.

03 Universo modernista

Ya sólo la fachada es encomiable; y su entrada principal, con el exquisito trabajo de recuperación de biselados y cristales que remiten a la joyería. Can Prunera es una mansión art nouveau (1911), propiedad de un sollerense enriquecido en Francia con el negocio de las naranjas. Pero no es tanto el edificio, que lo es, como la decoración y el mobiliario lo que resulta cautivador. Cabe imaginarse el universo humano pululando desde el despacho en madera de cedro al piano de la sala de música, pasando por la marquetería del comedor bajo un paisaje de Meifrèn. Por la escalera de caracol se recrea la mirada en la lámpara del pasamanos, y la colección de muñecas entona de maravilla. Las plantas superiores albergan la colección en papel de Pedro Serra, presidente de la Fundación Tren de l'Art, gestora del museo. Reúne las vanguardias del siglo XX, en un espectro que abarca tanto obras de Miró y Picasso como de Klee y Vasarely, sin contar las acuarelas de Nolde y Munch. Desde el jardín esculturado se descubre la fachada de aire tradicional.

04 Verano musical

Antes que Michael Douglas fue Chopin quien puso Mallorca en el mapa. Y el bicentenario de su nacimiento no podía pasar inadvertido en la isla que recibió al compositor el invierno de 1838. Dos celdas de la cartuja de Valdemossa reivindican el honor de haberle hospedado. Y el Festival Chopin, internacional, alcanza este agosto su 30ª edición. Lo cerrará el ganador del concurso Chopin 2005, Rafal Blechacz. El artista visual Bryan Mccormack dará la imagen -y realizará una instalación- al festival.

Aparte de la presencia de Joaquín Achúcarro el 21 de agosto en el Festival Internacional de Pollença, destaca, en Palma, la actuación de la bailarina Lucía Lacarra, acompañada de música en vivo de Chopin. Unos gigantes con forma de Chopin y George Sand navegarán de Barcelona a Mallorca en agosto recordando su viaje preturístico.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de julio de 2010