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Reportaje:EL CÓRNER SUDAFRICANO | SUDÁFRICA 2010 | Octavos de final: Alemania-Inglaterra

La Alemania del arcoíris

La selección es un reflejo de la multirracial sociedad germana

¡Y dale con la Segunda Guerra Mundial! Y con el triunfo de 1966. Los ingleses seguían ayer en Bloemfontein cantando las canciones de siempre, las que recuerdan la Segunda Guerra Mundial, y la mitad de ellos vestía -sin darse cuenta de lo triste del gesto- la camiseta roja de la selección inglesa que ganó el Mundial en Wembley hace 44 años.

Lo asombroso, lo que a los ingleses no les interesaba especialmente ver, es lo radicalmente diferente que es Alemania como sociedad comparada no solo con 1945, sino también con 1966. Si una selección ofrece un reflejo de una sociedad, Alemania es hoy casi tanto una nación del arcoíris como la multirracial Sudáfrica. Inconcebible en aquellos tiempos no tan lejanos en los que la superioridad racial teutona era la ideología dominante, hoy, la plantilla de la selección alemana cuenta con 11 jugadores cuyos padres o abuelos nacieron fuera de Alemania. Entre los 11 que empezaron el partido de ayer había uno de origen ghanés, otro tunecino, otro polaco y otro turco (en el banquillo había un brasileño nacionalizado y un jugador llamado Mario Gómez).

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Inglaterra ha cambiado de manera más gradual desde 1966. Hace tiempo, desde los años 70 para ser exactos, que no es una sorpresa ver un jugador negro -incluso un capitán- en la selección. A diferencia de algunos jugadores negros franceses, cuya relación con el país que representan contiene matices ambiguos, los de Inglaterra sienten la bandera y el himno con igual pasión que los descendientes directos de las tribus anglosajonas del siglo X. A nadie se le cruza por la cabeza la idea de que David James o Jermaine Defoe sean menos ingleses que John Terry o Steven Gerrard. El grado de asimilación se veía en el campo ayer. Había un grupo de aficionados de origen indio, hombres y mujeres, con los colores de la bandera de San Jorge pintados en la cara y con cuernos anglosajones en la cabeza.

Más que un partido de fútbol, un Inglaterra-Alemania en un Mundial es un acontecimiento histórico en el que, más allá de las guerras reales, hay bastante historia de encuentros violentos entre los aficionados. En el Mundial de 2006 hubo un enfrentamiento entre hooligans de ambos bandos que, curiosamente, fue frenado por una unidad de policías sudafricanos destacados en Alemania para coger experiencia con vistas a este Mundial.

No hubo ninguna necesidad. Los leones ingleses han estado mansos y cordiales, aunque más ruidosos que ninguna otra afición extranjera. En un bar de Bloemfontein el sábado por la noche, un grupo de ingleses cantaba una de sus canciones nostálgicas, Dos guerras mundiales y un Mundial, hasta que entró un grupo de alemanes. Se callaron, sonrieron, les dieron la mano y les invitaron a unas cervezas. Los policías alemanes e ingleses estaban gratamente sorprendidos por el buen rollo.

Tal vez tenga que ver con el efecto civilizador de la mezcla de razas y culturas, fenómeno, por cierto, que todavía no se da en la selección española, en la que lo que a veces todavía llama la atención no es que un jugador de origen ghanés o turco sienta los colores nacionales, sino que los sienta un vasco o un catalán.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 28 de junio de 2010