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Reportaje:GENTE

Madonna, nueva musa de los conservadores

Washington
Ha tenido que llegar Lady Gaga para que la América tradicionalista redescubra "la gracia, el amor y la conciencia" de la otrora reina de la provocación.

Quién se lo hubiera dicho. A la reina de la provocación. A la cantante que en 1990 estuvo a punto de ser detenida en Toronto por simular un orgasmo en escena, que paseó desnuda por Miami para su libro Sex y que se ató a una cruz decorada como una bola de discoteca. Quién le hubiera dicho a Madonna que ahora sería alabada por el movimiento conservador.

Ha tenido que llegar Lady Gaga para que el sector más tradicionalista de EE UU decidiera que más vale escándalo conocido que sacrilegio por conocer. Alejandro, el nuevo clip de la joven discípula, un pastiche gótico donde se mezclan homenajes sin solución de continuidad a las diversas épocas de la Ambición Rubia, ha colmado el cáliz. Tras su estreno, las tertulias del canal conservador Fox News se preguntaban: ¿qué quiere decir Gaga? ¿Por qué canta nombres españoles al azar —Alejandro, Fernando y Roberto— mientras se traga un rosario, baila vestida de monja y luce una cruz en su entrepierna? Ante el silencio de Gaga, muchos comentaristas solo encuentran una respuesta: la provocación.

Para los antiabortistas, 'Papa don't preach' era una prueba de cómo ser guay y no abortar

Alejandro es expolio, en parte, del vídeo de Madonna de 1989 Like a prayer. Un drama al estilo de Broadway en el que la diva besaba a un santo negro. Pero como sucede con las viejas glorias redescubiertas, los conservadores reinterpretan ahora sus intenciones: ¡era una metáfora! ¡Madonna hablaba de la bondad a través de la fe!

Lo ha expresado un reputado comentarista conservador de temas religiosos, Mark Judge, en The Washington Post: "Like a prayer es una meditación inteligente y hasta devota sobre la gracia, el amor y la conciencia. El de Lady Gaga es una basura barata". En el vídeo, Madonna presencia un crimen por el que se detiene equivocadamente a un afroamericano. Temiendo por su vida, ya que los asesinos la han visto, Madonna duda sobre si acudir a la policía para que se haga justicia. Refugiada en una iglesia, reposa en un banco y sueña con un encuentro con san Martín de Porres, un santo negro. Este encuentro le da la gracia para acudir a la policía y hacer justicia. Qué mejor alabanza al poder de los santos.

No es la primera vez que algo así sucede con Madonna. En 1986, Papa don't preach se ganó el aplauso de los grupos antiabortistas por un estribillo que decía: "Papá, no me sermonees. Voy a tener a este niño". Lo mismo que le ocurrió a la hija de la gran diva conservadora Sarah Palin, pura cotidianidad del Medio Oeste, donde nació Madonna: un embarazo no deseado, unos padres conservadores, una negativa al aborto. En los ochenta, la agrupación Feministas a Favor de la Vida mostraba en sus talleres el vídeo de la canción para demostrar que se podía ser guay y no abortar. 

Esa es, según parece, la diferencia entre Gaga y Madonna: el mensaje. Muchos conservadores defienden que, por lo menos, Madonna tenía algo que decir. Se vestía con crucifijos, pero por un motivo. Además, ¿acaso no declaró en marzo que quería que su hija Lola se vistiera de forma más conservadora? ¿No le prohibía a toda su prole ver televisión, por lo burdos que son los programas? ¿No les enseñaba la espiritualidad religiosa de la cábala?

¿Y Gaga? ¿Qué quiere decir Gaga? La letra de la canción ("Sabes que te quiero, caliente como México") no ayuda. Los obispos de EE UU desesperan. Un comunicado de la Liga Católica para los Derechos Civiles y Religiosos asegura: "La pobre imitadora de Madonna juega con un crucifijo, se traga un rosario y consigue que la violen sus novios sadomasoquistas. Ahora es la nueva muñequita de la decadencia americana y la vejación del catolicismo, pero sin el estilo y el talento de su ídolo".

En 1991, Madonna le dedicó un disco al Papa. "Mi divina inspiración", dijo. En su última portada para Interview ha recuperado el crucifijo. Cuando en 2006 simuló una crucifixión, recordó que en muchas procesiones católicas los devotos hacen lo mismo para honrar a Dios. Y ahora queda la duda: ¿y si todas esas cosas las hiciera sin ironía?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 18 de junio de 2010