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Vargas Llosa: "En 'Tirant lo Blanch' descubrí el escritor que quería ser"

El autor peruano califica la obra de Martorell de "desmedida, inconmensurable"

Mario Vargas Llosa se deshizo ayer en elogios a la gran obra del escritor valenciano Joanot Martorell, Tirant lo Blanch, durante la presentación del portal en Internet dedicado al escritor en el 600º aniversario de su nacimiento. Una obra que encauzó su carrera y que describió como "una novela desmedida, inconmensurable, a la que todas las definiciones posibles de lo que es una novela le convienen, pero ninguna le basta, porque el Tirant lo Blanch es algo más".

"La descubrí cuando era un estudiante universitario, allá en Lima, en los años cincuenta", explicó el escritor peruano en el monasterio de Sant Miquel dels Reis, cuando un profesor del Literatura Española despachó con "frases expeditivas y desdeñosas" las novelas de caballerías como una literatura "caótica, vulgar e incluso por momentos obscena". Y el joven estudiante -"me picó la curiosidad"- se acercó a la biblioteca impulsado por su "espíritu de contradicción" para dar con un gran descubrimiento, la edición de 1947 de Martí de Riquer, cuya lectura le subyugó: "Es una de las experiencias más grandes que he tenido como lector".

Carlos Marzal citó el 'Quijote': "Por su estilo, es el mejor libro del mundo"

"Desde esa primera lectura me conmovió profundamente no solo porque me entretuvo, me hizo fantasear, gozar, sufrir, divertirme con las aventuras de Tirant, sino porque al mismo tiempo me ayudó a descubrir el escritor que yo quería ser". Y lo explicó: "Me descubrió la razón de ser profunda de la novela y me mostró algunos de los caminos por los cuales han seguido su aventura los escritores que son las figuras emblemáticas del género narrativo".

Vargas Llosa (Arequipa, 1936), autor de obras cumbre como La ciudad y los perros, Pantaleón y las visitadoras, Elogio de la madrastra o La fiesta del Chivo, contó ante una iglesia abarrotada lo que para él es el secreto de las obras magnas: "En el corazón de toda la gran novela hay una ambición desmesurada, la de competir de igual a igual con el creador de todo lo que existe". Y lo desarrolló: "Todos quienes hemos gozado leyendo novelas sabemos que las que hemos considerado las catedrales del género son las que más se han acercado a ese designio inalcanzable, el de construir con palabras y con la imaginación un mundo que compita de igual a igual con el mundo en que vivimos".

A partir de ahí, desgranó los muchos adjetivos que se han asignado a la obra. "Es una novela épica, social, erótica y psicológica", dijo. Así, explicó que podría considerarse una obra épica porque abunda en grandes batallas y en combates individuales. También podría definirse como un libro costumbrista porque pormenoriza los usos de su tiempo, tanto de la cúpula refinada como del "mundo mediano" de los profesionales y los artesanos o de las clases más bajas. También habló de que podía ser erótica, "la única de las novelas de caballerías que merezca este nombre". Y añadió que podría ser una novela psicológica: "Aquí los personajes no son de una o dos dimensiones, muchos de ellos lo son de tres, porque penetra en su intimidad y nos descubre las motivaciones". Sobre todo "a través de sueños"

El acto lo presentó el poeta valenciano Carlos Marzal, que recordó que Cervantes habló en el Quijote de la obra de Martorell como "un tesoro de contento y una mina de pasatiempos", y que "por su estilo, es este el mejor libro del mundo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 17 de junio de 2010