El deterioro de L'Albufera protege al lago del mosquito de la malaria

El Delta del Ebro, sin embargo, presenta una abundante población de 'anopheles', aunque no hay riesgo de propagación de la enfermedad

El Delta del Ebro y L'Albufera son dos entornos naturales muy parecidos que se vieron afectados por la malaria hasta fechas muy similares. El parque natural valenciano erradicó la enfermedad en 1952, mientras que en el caso catalán hubo que esperar hasta 1955.

Casi 60 años más tarde, el paludismo sigue desterrado en ambas zonas y es extraordinariamente difícil que pueda reaparecer. Pero el estudio europeo Eden sobre el efecto de la actividad humana y el cambio climático en las enfermedades infecciosas muestra importantes diferencias respecto a la población de mosquitos capaces de transmitir la enfermedad -el anopheles atroparvus- en estas dos zonas. Mientras que en el Delta se han detectado abundantes poblaciones de este insecto, con importante actividad y mayoritario entre su especie; en L'Albufera y las poblaciones limítrofes, después de cinco años de trabajo, no se ha encontrado ninguno.

Un exahustivo estudio no ha hallado en el lago ni un 'anopheles'

Existen varias razones para explicar esta circunstancia, como explicó ayer la profesora de parasitología de la Facultad de Farmacia de la Universitat de València, María Dolores Bargues, que ha coordinado la parte del estudio -en el que han participado 48 grupos de investigación europeos- relacionado con la malaria. Entre las más importantes, está que el Delta "ha sufrido una menor alteración del ecosistema" frente a la presión urbanística o la industrial (vertidos de fábricas o urbanos) que ha padecido el lago valenciano. Además, este ha padecido una mayor desecación de terrenos y apenas existen granjas de animales, que sirven de lugar de cobijo y, sobre todo, de fuente de alimentos de los insectos.

Pese a la abundancia del insecto en el Ebro, la inexistencia en España del parásito que se sirve del mosquito para transmitir la enfermedad (el plasmodium vivax) y que provoca la malaria hace que sea prácticamente imposible un resurgimiento del paludismo. Además de ello, es extraordinariamente compleja la transmisión a partir de casos importados.

El catedrático de Biología Celular y Parasitología de la Facultad de Farmacia de la Universitat de València y supervisor del proyecto, Santiago Mas Coma, destacó como conclusión del estudio que, frente a la idea preconcebida que existía de que el cambio climático estaría detrás de la reaparición o incremento de enfermedades infecciosas, han advertido que, en muchos casos, las acciones del hombre o factores socioeconómicos tienen más peso.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 16 de junio de 2010.

Lo más visto en...

Top 50