Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Crónica:NBA

Otra estocada de Fisher

Los Lakers toman Boston gracias a su capitán y dominan 2-1 la final de la NBA

Derek Fisher tiene 35 años y una rara cualidad: rematar partidos verdaderamente trascendentes. Lo era el tercero de la final de la NBA entre los Celtics y los Lakers y allí estuvo una vez más el capitán del equipo de Los Ángeles para decidir, para anotar cuando más ardía el balón, para penetrar cuando el de Boston habría matado por evitar otra canasta.

La jugada del encuentro no se olvidará con facilidad. Quedaban 48 segundos. Los Lakers se sentían atosigados por las embestidas feroces y desesperadas de los Celtics. Ray Allen falló un triple vital. Era su octavo intento sin éxito. El escolta pasó de héroe a villano en dos días, del récord de ocho triples que dio el segundo partido a los Celtics al fiasco absoluto del tercero, de los 32 puntos del domingo a un balance de 0 de 13 tiros de campo y sólo dos libres del martes. Fisher atrapó el rebote del lanzamiento de Allen escupido por el aro, atravesó la pista a toda velocidad, como si fuera Rondo, como si tuviera 10 años menos, y se fue a poner una bandeja con tres posesos pisándole los talones: Garnett, el propio Allen y Davis. No llegaron a tiempo más que para hacerle una falta. El dos más uno puso prácticamente el cerrojo (80-87) a un duelo que los Lakers, con dos victorias a una en el cómputo global, dominaron desde el inicio con un parcial de 5-21 y que encarrilaron con una ventaja de 17 puntos (20-37) en el segundo cuarto.

Gasol estuvo menos brillante esta vez ante el empuje de Garnett, que sumó 25 puntos

De nuevo, los Lakers dieron la sensación de conceder demasiado a sus rivales. Se dejaron comer el terreno, perdieron la compostura en sus ataques y acabaron en lo más manido: encomendarse en exceso a Bryant. Pero no fue su día. Se vio pronto. Anotó 29 puntos, pero su saldo fue nefasto: 10 de 29, con un triple de siete. Él solito lanzó más que Fisher, Gasol y Odom juntos.

Si ganaron los Lakers fue probablemente porque lograron diversificar su ataque tras haber sufrido lo indecible en el tercer cuarto, a medida que menguaba la diferencia a su favor, después de ver las orejas al lobo con canastas de Rondo (67-68) y de un sensacional Garnett (69-70).

Fue entonces cuando Fisher tomó la batuta y anotó 11 puntos en los seis últimos minutos, intercalados con canastas de un Odom infalible y transformado tras sus dos nefastos primeros partidos.

El final fue tremendo y los árbitros tuvieron que recurrir al vídeo en tres ocasiones para decidir en manos de quién ponían el balón. Los Celtics rozaron la remontada por última vez con una canasta de Garnett a falta de dos minutos (80-82). Después, el fallo de Allen, el dos más uno de Fisher y la puntilla.

Los Lakers ataron en corto a los tiradores de los Celtics, especialmente a Allen, y en eso también sobresalió Fisher. Los Celtics dependieron en exceso de Garnett. Tenía ganas de revancha, de demostrar que puede con Gasol. Su equipo interpretó a las mil maravillas la situación y depositó en él los primeros balones con un resultado espectacular: los seis primeros puntos fueron suyos. Acabó con 25 y dando un trabajo enorme a Gasol, menos brillante que en los dos encuentros, pero siempre contribuyendo, sobre todo en el rebote junto a Bynum, Bryant y Odom.

Ganaron los Lakers y vuelven a tener de cara el anillo, aunque los dos próximos partidos también serán en Boston y, como siempre, no se prevé que los Celtics vayan a ceder con facilidad ante su público.

Fisher es muy respetado por sus compañeros y sus rivales. No en vano es el presidente de la asociación de jugadores. Militando en los Jazz de Utah protagonizó un episodio emotivo cuando, el día del segundo partido de las semifinales de la Conferencia Oeste contra Golden State, tuvo que viajar a Nueva York para estar junto a su hija Tatum, de 10 meses, que recibía un tratamiento especial contra el cáncer. Eso fue por la mañana. Por la tarde, regresó a Salt Lake City, jugó y fue decisivo en el triunfo de su equipo en la prórroga. Tan decisivo como ahora lo ha sido.

Al finalizar el partido ante los Celtics y ser entrevistado junto a Bryant, Fisher no pudo evitar las lágrimas: "Me gusta este juego. Me gustan los Lakers. Amo a este tipo [Kobe]. Nada significa más para mí que ayudar a ganar a mi equipo".

A fe que lo consiguió en el siempre difícil Boston Garden, donde la próxima madrugada (3.00, Canal +) aguarda una nueva batalla, la cuarta de la gran final.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 10 de junio de 2010