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Iberdrola derribó una iglesia catalogada para construir una presa

El embalse, en el cañón del Sil, no se ejecutó y los vecinos reclaman la reversión

La aldea de Fontao, en el pueblo ourensano de A Teixeira, en pleno cañón del Sil, es un lugar fantasma. La eléctrica Iberdrola -antes, Saltos del Sil- compró el pueblo en 1964 con la intención de construir un embalse que jamás llevó a cabo. Tras años de abandono, la eléctrica derribó, en marzo del año pasado, las viviendas y la iglesia de San Martiño, una capilla de finales del siglo XIX protegida por Patrimonio y por la normativa municipal. La inspección de Patrimonio Cultural de la Xunta ha abierto una investigación informativa para determinar si la eléctrica incurrió en una ilegalidad al demoler la capilla.

La iglesia estaba inventariada por Patrimonio Cultural de Galicia y su nivel de protección hacía necesaria la autorización de la Consellería de Cultura, que no llegó a tener, aunque sí contó con el de la Consellería de Medio Ambiente, que eludió el informe del arquitecto municipal en el que se demandaba que la capilla quedara a salvo de las excavadoras.

La pila bautismal y el retablo de la capilla están en paradero desconocido

La investigación que realiza Patrimonio es consecuencia de las denuncias presentadas por la asociación ecologista Adega y por la Policía Autonómica. Según consta en el expediente presentado el 17 de marzo de 2009 en el registro de la Xunta, la compañía solicitó en septiembre de 2007 la autorización para llevar a cabo la demolición de las viviendas. El Ayuntamiento de A Teixeira la concedió, pero hizo mención expresa de que no debía tocar la iglesia. "Las edificaciones son de escaso interés arquitectónico, histórico o etnográfico, salvo la iglesia", consta en el escrito municipal.

Iberdrola reconoce que decidió demoler los inmuebles de la aldea porque "habían sido ocupados y existía un grave riesgo de que se desplomaran" y causaran algún daño sobre los okupas que las habitaban. "Decidimos derribarlas por una cuestión de responsabilidad", sostiene un portavoz de la empresa. Según consta en el texto de la denuncia presentado por la Policía Autonómica, Iberdrola no dejó ninguna edificación en pie. Ni siquiera la iglesia. Y la demolición fue realizada por una subcontrata.

El portavoz de Adega en Ourense, Xan Carlos Fernández, sostiene que la posible infracción de la compañía eléctrica puede ser "grave", ya que "vulnera no sólo la legislación sectorial de Patrimonio, sino también la normativa municipal" que prohibió expresamente el derribo de la capilla, que estaba "bien conservada".

La iglesia está inventariada en el catálogo patrimonial del ayuntamiento como una edificación "de interés histórico, artístico y arquitectónico". De planta rectangular, con el presbiterio más elevado y sustentada por muros de granito gallego, poseía además un "interesante retablo" y una pila bautismal "de gran valor" cuyo paradero se desconoce. Como el de los perpiaños de granito "casi perfectos", sostienen antiguos vecinos.

Ahora, la aldea de Fontao es un monte pelado con restos de piedras que evocan la vida pasada. Y los antiguos dueños comienzan a cuestionarse el método utilizado por Iberdrola. Apelan a la ley de expropiación forzosa para reclamar que, toda vez que no se construyó el embalse, los terrenos reviertan sobre sus anteriores propietarios.

Iberdrola sabe que hay un proceso administrativo abierto por el derribo de la iglesia, aunque sostiene que no ha recibido información oficial al respecto. La compañía asegura que desconocía que la iglesia estuviese protegida por leyes patrimoniales. "De hecho, presentamos un proyecto de derribo que fue aprobado por Urbanismo de la Xunta, que no puso ningún impedimento", señala un portavoz de la compañía.

En la memoria que la eléctrica presentó en su día para proceder a la demolición de la aldea consta que "hay algunos inmuebles contemplados en el catastro que ni siquiera existen" y cita la iglesia. Los vecinos aseguran que sí existía, sin tejado, pero incluso con el campanario intacto. Ahora, sólo quedan unas piedras y un par de lápidas dando testimonio del pasado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 29 de mayo de 2010