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Reportaje:Joanna Newson | EN PORTADA

La niña que bajó de la montaña

Cuando el editor Dave Eggers escuchó un disco de Joanna Newsom por primera vez, escribió que no esperaba que encima fuera guapa. Se equivocó. El éxito de esta delicada arpista reta la lógica del pop actual. ¿Es posible tanta sensibilidad?

En lo que a situaciones improbables se refiere, estar sentado entre Quentin Tarantino y Joanna Newsom tiene que ser de las más raras. Estoy en un restaurante de Los Ángeles intentando entrevistar a Joanna Newsom, una arpista polirrítmica (hace sonar de forma simultánea dos o más ritmos) que compone bellas e intrincadas canciones sobre constelaciones y peonías y tiza, cuando el director se sienta en la mesa de al lado y cuenta a sus amigos voz en grito cómo convirtió a Hitler en ficción. "Un día me desperté y escribí: 'Simplemente, mátalo", vocifera. "Mátalo de una puta vez". "Vaya", murmura Newsom, con una sonrisa. "Me ha quitado las palabras de la boca".

Newsom, una monada con un enorme par de gafas de sol moradas de Dior y una blusa de flores, bromea. Su nuevo álbum no contiene baños de sangre, hay poquísimos dictadores y apenas quedan rastros de la voz con la que cantaba antes. Esa que resultaba molesta a algunos. La encontraban "desigual, áspera, chillona, infantil, la palabra que sea, y he oído muchas", refunfuña. Lo que contiene el álbum son más de dos horas de canciones exquisitas repartidas en tres discos, interpretadas con una nueva voz después de que la antigua desapareciera casi literalmente.

"Lo peor para los nódulos era llorar. Así que me repetía: 'No sientas, no sientas"

"No es romántico ser disfuncional en cosas que te hacen ser adulto"

A Newsom le diagnosticaron nódulos en las cuerdas vocales en la primavera de 2009. Todo lo que salía de su boca era "el siseo de una lata de Coca-Cola cuando la abres". Durante dos meses tuvo prohibido cantar, hablar o incluso llorar. "De hecho, llorar era sin duda lo peor que podía hacerle a mi voz. Así que me repetía: 'No sientas, no sientas, no sientas". Al recuperarse, descubrió con gran pena que su voz anterior nunca iba a volver, aunque admite que las modificaciones vocales adicionales han sido intencionadas.

Newsom apareció a la vez que su amigo Devendra Banhart y otros en el movimiento freak-folk que la revista británica NME describió alegremente como los "raritos con barbita", pero la situación ha cambiado. Quizá es mejor así: ahora no cabe duda de que se reconocerá a Newsom como uno de los compositores más importantes de su generación. Sus asombrosos directos siempre han recibido el aplauso de la crítica, y este mes se publicará un libro de perfil académico sobre su obra llamado Visions of Joanna Newsom (al que dio su visto bueno, aunque no colaboró en él). Los ensayistas estudian su musicalidad, las historias que cuenta, su ascenso a través de la blogosfera. Dave Eggers escribe que la primera vez que la escuchó, hipnotizado, esperaba que no fuera guapa (desgraciadamente para él, lo es); el poeta Jonathan Morton habla de la forma en que hace estremecerse al lenguaje "cuando los afilados ríos de arpa y voz inundan el claro".

Y, sin embargo, tiene sólo 28 años, es una chica apegada a su tierra, que vive cerca de la ciudad de la California septentrional en la que se crió, y que ve a sus padres al menos una vez a la semana. Le encanta la naturaleza y dice que a sus álbumes los guía siempre un elemento. El anterior, Ys, trataba del agua, "pero de tierra y barro, muy pegada al suelo". También avanza a través de temas como el hogar y el amor. "De muchos tipos de amor: el filial y el romántico; el amistoso y el divino. O lo que hace de un lugar un hogar, si lo es porque lo llamamos así o si hay una fuerza que nos ata a él que no está bajo nuestro control". Explica que es un álbum más directo, con arreglos de arpa más sencillos, pero eso no se debe confundir con una mayor sinceridad. "No es más que un camino más directo hacia la misma verdad".

Cuando era pequeña, en su casa no había televisión, radio ni pop. Sus padres eran médicos y músicos. "Idealistas que pensaban que podrían protegernos de las malas influencias". Su padre llevaba en coche al colegio a Joanna, su hermano y su hermana. "Estaba muy ocupado, así que procuraba ejercer como padre en los ratos libres de que disponía. Recuerdo que intentaba que deletreara eucalipto, y como era incapaz, inventamos una cancioncita para que lo recordara. Aún la tengo grabada en la cabeza".

A todos les enseñaron a tocar el piano, pero ella pidió un arpa cuando tenía cinco años, y se la dieron tiempo más tarde. Cuando Newsom llegó a la adolescencia, ya eran inseparables; si sus amigos iban a casa, allí estaba ella con su arpa, escribiendo canciones. Su relación ahora es comparable a la de "un miembro ortopédico o una silla de ruedas. Es casi parte de mí, pero, más concretamente, tiene una utilidad, y si no estuviera ahí, me pregunto qué habría en su lugar. No sé lo que sería si no tuviera… eso".

Estudió composición, pero no encajaba bien con los otros estudiantes y sus portátiles al estar demasiado involucrada con esas cosas mecánicas y viejas llamadas instrumentos. Abandonó los estudios porque ya trabajaba en las grabaciones de arpa que más tarde la convertirían en una sensación del folk. La gente se maravillaba de sus maneras delicadas y ultraterrenales. "No sé, no me sentía muy rara en clase, pero hay gente que me ha dicho que pensaba que lo era. Y las cosas que he dicho en entrevistas me persiguen, diciéndome que no soy parte del mundo moderno, lo que no es cierto".

Y, en efecto, aquí sentados junto a la piscina en Hollywood, donde pide cócteles Sazerac (centeno y absenta; tiene que explicárselo al camarero), no le importa hablar sobre moda (la colección de primavera de Chloé) y de su trabajo como modelo para una campaña de Armani. Empieza a superar la timidez cuando le sacan fotos. Da la impresión de que ya no es tan rara. También es diestra con las palabras. Le hago una pregunta torpe sobre el hecho de que el ritmo de sus letras haya cambiado en este álbum y responde dulcemente que "sí, estas canciones necesitaron mucha menos vigilancia en lo que se refiere a las pautas del énfasis silábico", exactamente lo que yo quería decir.

Ni siquiera queda con sus antiguos colegas. "Me encanta Devendra y fue muy bueno conmigo al llevarme de gira, porque se hizo famoso antes que yo, pero hace al menos dos años que no hablamos. No fue inexacto ver puntos en común y sin duda había un aprecio mutuo, pero nunca me he sentido parte de un ambiente. Conocí a Devendra porque era muy buen amigo de mi novio de aquel momento". Después de aquel novio, el músico Noah Georgeson, mantuvo una larga relación con otro músico, Bill Callahan. Eran los Beckham del folk alternativo. Ahora sale con el cómico del programa Saturday night live Andy Samberg.

Lo extraordinario es lo radicales y audaces que han sido sus decisiones. Sus álbumes no se ajustan a ninguna idea establecida. El anterior tenía cinco canciones; este, 18. Presentan enormes diferencias de duración, y no olvidemos que se escriben para arpa. ¿Hay alguien más que se ponga pegamento en los dedos para asegurarse de que sus callos no se ablandan? ¿O que arrastre equipaje por todo el mundo para encabezar distintas orquestas sinfónicas tocando sus canciones cada noche sin apenas tiempo para ensayar, del londinense Barbican a la Ópera de Sidney?

Quizá se confunda feminidad con fragilidad. "Gracias", dice, y suena increíblemente agradecida. "Es una de las pocas cosas en este mundo con las que no tengo una relación problemática. Para mí la feminidad es natural y divertida, y parte del mundo físico terrenal, lo que me gusta. Pero vivimos en un mundo que saca de su cuerpo y abstrae lo femenino". En cuanto a lo otro, "no quiero afianzar el mito de mi fragilidad…, pero creo que otros, personas de mi vida sin duda, han comentado que parece que tengo una… en ocasiones frágil relación con la realidad". Hace una pausa. "No es que sea un problema, pero, ¿sabes?, se me olvida pagar la factura y me cortan el agua. Y vivo en una zona rural. Y si te cortan el cable, tienen que enviar a un técnico que lo reinstale, y es muy caro y molesto. Y me ha pasado cuatro veces ya. La lista de cosas así es muy, muy larga. Y no hay nada romántico en ser casi disfuncional para muchas cosas que hacen de alguien un buen adulto en el mundo".

También dice que debe confesar que la gente que trabaja con ella la encuentra terca hasta el punto de ser difícil. Cuando crea, no puede descansar hasta que un tema es tal y como lo ha imaginado. No puede dar su brazo a torcer. Tampoco ha terminado nunca de entender lo que significa "durante el día". "Soy una persona nocturna, insomne". ¿Y te quedas de piedra cuando se acerca el amanecer? "¿El terror reptante?", pregunta, como si fuera el nombre de un amigo común. "Claro que sí. Y, por cierto, vivo puerta con puerta con gallos que comienzan a cantar a esa hora. Así que cuando aún estás despierto, es el mensaje sonoro y ancestral que te dice que eres un puto desastre". n © Times

Have one on me está editado en Drag City / PopStock!

Joanna Newsom, la arpista nocturna. Los tres discos de Newsom hasta hoy: The milk-eyed mender (2004), Ys (2006) y Have one on me (2010).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 23 de abril de 2010