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Crítica:DANZA

Rituales con objetos

El título de esta pieza, conciso hasta lo genérico, no da una fe cierta de lo que se ve, una resultante dramática, tensa, oscura y con tintes que remiten al esperpento teatral en su acepción más clásica. Los tres elementos (el propio Ruz, Maureen López y el búlgaro Dimo Kirilov -ex de la Compañía Nacional de Danza) exprimen sus capacidades histriónicas, desechan las formas específicas de danza para entrar en el registro del teatro gestual puro y duro.

Es cierto que se trata de un espectáculo de danza-teatro, muy cuidado en la precisión de sus evoluciones e influido hasta el tuétano de la escena alemana contemporánea, donde confluye la instalación performativa, los ciclos de automotivación e improvisación y sobre todo la asunción de una estética voluntariosamente tenebrista y desolada. Esa gravedad exponencial, esa ritualización llena de absurdo, tristeza y búsqueda de una salida vital, conforman el fresco de unos seres que no acaban las frases ni cierran las evoluciones. Un triángulo poco adornado y con poca concesión; lo irónico termina por dejar paso a un áspero diálogo físico, donde la sugerencia se aborta en la respiración de un lirismo surrealizante. Los personajes están delineados con amargura, desde la pantomima al vestuario. El humor es tangente, carece de peso específico.

No drama

Compañía Antonio Ruz. Coreografía: Antonio Ruz; música: Fernando Abras; arte: Daniela Presta, luces: Olga García. Teatro Pradillo. Hasta 11 de abril.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de abril de 2010