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Necrológica:

Corin Redgrave, actor y activista británico

Hermano de Lynn y Vanessa, se unió a esta en sus luchas políticas

El combate político, tanto como la condición de miembro de una de las grandes dinastías de actores británicos, definió la personalidad de Corin Redgrave, fallecido ayer, 6 de abril, a los 70 años tras una dilatada carrera sobre las tablas y su proyección más discreta en la gran pantalla.

Nacido el 16 de julio de 1939 en el barrio londinense de Marylebone, hijo de la leyenda del teatro sir Colin Redgrave, hermano de Vanessa y de Lynn, tío de la recientemente desaparecida Natasha Richardson y de su hermana Joely (NipTuck), él mismo decidió ingresar en lo que llamaba "el negocio familiar" durante sus tiempos de joven estudiante en Cambridge.

Desde su debut con Sueño de una noche de verano (1961) nunca abandonó la escena, trabajo que combinó con ocasionales incursiones en el cine. Cuatro bodas y un funeral, donde interpretaba al marido de Andy McDowell, destaca como su película más popular entre el gran público, pero fue Un hombre para la eternidad el título que nos brindó una de las mejores actuaciones cinematográficas de Corin Redgrave.

Derechos humanos

Compartió protagonismo en la pantalla con la ya famosa Vanessa, en ese drama histórico sobre la pugna entre Enrique VIII y Tomás Moro que dirigió Fred Zinnemann, y también fuera de ella: el activismo de los dos hermanos, declarados marxistas, les convirtió a lo largo de los años en rostros indispensables de manifestaciones propalestinas, contra el centro de internamiento de Guantánamo o la guerra de Irak, para acabar cofundando el movimiento pro derechos humanos Peace and Progress (Paz y Progreso).

Aunque le fue detectado un cáncer de próstata en 2000, Corin Redgrave siguió involucrándose activamente en causas políticas que, cuatro años más tarde, le conducían a promover el procesamiento del entonces primer ministro británico Tony Blair por la invasión militar de Irak.

En 2005, el actor sufrió un ataque al corazón mientras intervenía en un mitin en Sussex, pero al poco reemprendió su singladura teatral, llevando a escena los textos de Dalton Trumbo, guionista al que la caza de brujas colocó en las listas negras del Hollywood de los años cincuenta.

Fue el último papel para un actor consagrado, que en 1998 había recabado el más prestigioso de los premios, el Lawrence Olivier, gracias la obra de Tennessee Williams No sobre risueñores. Recoge el testigo su hija Jemma, actriz que ya integra por pleno derecho una de las sagas más respetadas en el gremio de cómicos británicos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de abril de 2010