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Necrológica:

La actriz Blanca Sendino, una 'Celestina' del teatro

La madrileña, con más de 40 años de actividad, fue una de las figuras características de la dramaturgia española

Magistral sobre la escena, bondadosa y con gran personalidad. Así describen sus compañeros a la actriz Blanca Sendino. Nacida en Madrid en 1927, quien puso rostro y voz a La Celestina con el Teatro Español Universitario (TEU), falleció el pasado lunes en un hospital de la capital tras una larga enfermedad.

Con la desaparición de esta actriz no sólo muere una de las caras de la alcahueta más célebre de la literatura, sino una figura característica de toda una generación de actrices de la dramaturgia española. Su papel protagonista en la Tragicomedia de Calisto y Melibea con el TEU, bajo la dirección de Salvador Salazar, le valió el premio Internacional de Teatro de Erlangen (Alemania), en 1955. El Teatro Español Universitario se formó como una institución basada en aquella experiencia de García Lorca llamada La Barraca una década atrás.

En la misma compañía, destaca su participación en el montaje de la comedida de Miguel Mihura Tres sombreros de copa, a las órdenes de Gustavo Pérez Puig, en 1952. También interpretó papeles en La venganza de Don Mendo, La ratonera, Las de Caín o El cántaro roto. La carrera artística de Sendino está también muy estrechamente ligada a la televisión, con sus trabajos en los programas Estudio 1 -que emitía representaciones de teatro- y Novela -por el que pasaron casi todos los actores dramáticos de la época-. Participó además en series de la pequeña pantalla durante los sesenta, setenta y ochenta. Asimismo, intervino en películas como Marcelino pan y vino o La residencia. A lo largo de su vida, interpretó casi siempre papeles de reparto. Casada casi durante medio siglo con el también actor Eduardo Moreno-Figueroa, Blanca tuvo dos hijos.

Al otro lado del teléfono, la recuerda muy afectuosamente el director Ángel Fernández Montesinos, con quien trabajó en la obra Molinos de viento, en 1968, siendo él responsable del Teatro Nacional de la Zarzuela. "Estuvo magistral", recalca. "Era estupenda en los papeles cómicos. Grande como las actrices de aquel momento y muy disciplinada". Sobre su personalidad cuenta que Blanca era un "encanto" y una mujer "muy segura de sí misma".

En 1974 obtuvo el premio a Mejor Actriz en el Festival de Teatro Clásico de Almagro por De fuera vendrá quien de casa nos echará. A lo largo de su carrera artística trabajó en las compañías de Isabel Garcés, Lola Membrives, Luis Prendes o Manuel Dicenta. Son muchos los actores y actrices con los que Blanca se subió al escenario. Entre ellos, Mari Carmen Prendes, María Fernanda D'Ocón, Berta Riaza, Fernando Delgado, Juanjo Menéndez, José Isbert, Concha Velasco o Fernando Guillén.

La también actriz Silvia Marsó, compañera de reparto de Sendino en El Amor es un potro desbocado, destaca su empatía con el público y su gran humanidad. "Era muy cariñosa y maternal, cuando nos abrazaba, uno podía sentir su calor". En conversación telefónica, Marsó recuerda con añoranza que el día del estreno de la obra le regaló un colgante. "Lo he llevado después durante muchos años", dice. El amor es un potro desbocado se interpretó en 1994 en el teatro Alcázar de Madrid. Además de Marsó, completaban el reparto Andoni Ferreño, Víctor Valverde, Mari Carmen Hurtado y Ana María Barbany. Aquel espectáculo, en el que la recuerdan como "la madre" de todos los actores, fue su última aportación al mundo del teatro. Desde entonces, la enfermedad la apartó de las tablas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 21 de marzo de 2010