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Entrevista:MÚSICA | Entrevista

Campanadas al rito del latín

Intérprete y productor, el medievalista Eduardo Paniagua compagina la edición de la totalidad de las Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio con nuevos trabajos sobre la cultura morisca y la música antigua

A Eduardo Paniagua (Madrid, 1952) muchos le consideran un superdotado de la música, al modo de los ministriles o los juglares que hacían de todo en el mundo medieval. A los 14 años grabó su primer disco, a los 16 daba conciertos internacionales y con esa impronta se ha mantenido hasta hoy. Intérprete, productor y coleccionista de instrumentos antiguos, pasa por ser uno de los grandes especialistas de la España de la Edad Media. En 1994 funda y dirige el sello discográfico PNEUMA, una aventura "tremendamente personal" cuyo objetivo se centra en la recuperación de una música que, en casi todos los casos, permanecía inédita. La peculiar disquera dispone de un fondo de un centenar de títulos y cada año saca casi una docena de discos, de los cuales más de la mitad son suyos. A la última remesa le corresponden títulos como Cantigas de Burgos, Zambra de moriscos o Sueño de un acordeonista del búlgaro Nasco Hristov.

"Los instrumentos clásicos permiten acercarse a sonoridades no digitales muy atractivas"

Los discos de PNEUMA, agrupados en cuatro colecciones: Las Cantigas de Alfonso X el Sabio, Al-Andalus, Histórica y Tradición, reúnen música religiosa y profana de la España de las tres culturas. Cada proyecto en el que se embarca supone, además de un duro trabajo de investigación, recuperar sonidos, instrumentos y rodearse de músicos invitados. "Se trata de gente loca como yo que ha dedicado su vida a la zanfona o al arpa gótica, empeñada en rescatar esta música y sacarla a la luz, aunque se trate de un patrimonio que no está del todo valorado", cuenta Paniagua, en la sede madrileña de Karonte, distribuidora de sus obras.

A parte de su trabajo discográfico, Paniagua se gana la vida como arquitecto en la Comunidad de Madrid, una profesión que, según dice, le ha ayudado a tener una metodología y ser sistemático, algo imprescindible para bucear en la música y las canciones de nuestros antecesores. Posee un sello discográfico y una empresa en la que figura como director, pero en realidad se trata de un negocio que lleva personalmente porque la situación no permite muchas alegrías. Su trabajo aparece jalonado de excelentes críticas y de los premios más prestigiosos, pero su difusión es minoritaria. No le gusta demasiado quejarse ("protestar es muy aburrido"), pero aprovecha para dejar caer algunos reproches, especialmente "frente al despilfarro con otros temas". "Me sorprende la falta de apoyo a proyectos de este tipo, dedicados a recuperar lomejor de nuestro pasado". Las subvenciones que recibe son mínimas, aunque va tirando con ayudas esporádicas de la Comunidad madrileña. Pero tratar de recuperar musicalmente el apogeo que fecundó el Mediterráneo en el siglo XIII y devolverlo al público no es suficiente. La música requiere que se escuche y se interprete. Por eso su tarea no concluye con la producción de CD. Paniagua aborda todas las áreas del mercado. En muchos casos se trata de discos de venta difícil y más ahora que desaparecen las tiendas. Así que, en ocasiones, elige lugares emblemáticos, como el Alcázar de Sevilla o la Alhambra de Granada, en los que suele representar su música para exhibir títulos e intentar enganchar el directo con la venta de algunas copias. El músico protesta también por el olvido en el que vive este género por parte de los programadores de música clásica: "Sólo encontramos hueco en los mercados medievales".

De entre sus colecciones destaca por su importancia Al-Andalus (lleva 49 discos publicados), que recoge la música de la vertiente islámica de la España medieval y los fructíferos intercambios entre ambas orillas del Mediterráneo. "Muchas de estas composiciones perviven todavía en el Magreb, donde se mantienen en muchos casos como tradición oral, pero en España ha habido que rastrear en los archivos y bucear en lo que publican los estudiosos. "La música hispano-musulmana proporciona un ejemplo de simbiosis cultural mezclando los logros musulmanes y cristianos en el crisol andalusí a lo largo de más de siete siglos y ha determinado el devenir de la música en Oriente y Occidente", añade. Sacar a la luz los tesoros de la música clásica de Al-Andalus supone un intercambio constante y la realización de proyectos comunes con los vecinos del Magreb, pero resulta extremadamente complicado por la falta de fondos. "En África no resulta sencillo encontrar mercado. Siempre que he ido a tocar allí ha acabado por pagar España, a través de los diferentes institutos Cervantes y con la música pirateada después en el zoco por un euro, pero se trata de experiencias tan enriquecedoras que compensa".

No se puede negar que Paniagua pone pasión en su trabajo, pero la joya de la discográfica la constituye La Antología de las Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio (1221-1284), la obra más personal de un rey sabio, curioso y devoto. Escrita en galaico-portugués, la que para muchos es la obra lírica más importante del medievo se compone de 427 poemas que nos han llegado con su correspondiente notación musical y adornadas con miniaturas. Combina los milagros con el canto a la Virgen María. "El repertorio es de extraordinaria riqueza ya que sus melodías son todas distintas", argumenta Paniagua. Agrupadas para su difusión por la localizaciócn geográfica, inició la grabación con la discográfica Sony para continuar después con su propio sello. Hasta ahora lleva publicadas 30, pero aún le queda otro tanto. Cuando el rey muere se conservan en cuatro códices de pergamino que se guardan en la catedral de Sevilla. "La lengua lírica de la época era el galaico-portugués, y no hubo una edición en castellano hasta hace unos años, lo cual es una vergüenza", comenta el músico. La transcripción de las cantigas, recogidas en cuatro códices (dos en El Escorial, uno en Madrid y otro en Florencia), fue realizada en 1964 por Higinio Anglés. Cuatro años después salen las primeras grabaciones, pero aisladas. "La idea de realizar una grabación antológica persigue captar cada canción con todo su texto y los instrumentos y agruparlos para que tengan coherencia; son discos unidos por la temática", añade. Cítola, bombarda, chalumeau, axabeba, salterio, dumbek, daf, cántara, son algunos de los instrumentos que suenan en Cantigas de Burgos, el último publicado, y ya ultima las del Cantábrico. "Los instrumentos clásicos permiten acercarse a sonoridades no digitales muy atractivas", dice. Paniagua se reconoce hipersensibilizado por los matices y los timbres. "Los referentes idiomáticos de estos instrumentos musicales permiten comprender la complejidad de las culturas".

Entre sus proyectos se cuenta también la preparación de un compacto de ritual hispánico (música visigótica, anterior al gregoriano) cuyos cantos se encuentran en la catedral de Toledo y del que existen 20 códices en Silos y León. Busca sonidos de campanas y textos en latín.

Eduardo Paniagua. Cantigas de Burgos. Eduardo Paniagua. Música Antigua. Zambra de Moriscos. Nasco Hristov. Sueño de un acordeonista. Eduardo Paniagua. Tesoros de Al-Andalus

Saga musical

El medievalista Eduardo Paniagua nació con la música en casa. Forma parte de una conocida familia de músicos especializados. Su hermano Gregorio fue director de Atrium Musicae, grupo que en 1968 grabó cinco discos de la antología de música antigua española; Luis es compositor y Carlos constructor de instrumentos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 13 de marzo de 2010

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