TECNOLOGÍA

Apple: una manzana ¿podrida?

Para muchos, el iPad es la salvación de la prensa, la puerta de entrada a la lectura sin papel y el dispositivo portátil definitivo; para otros, una moda, un iPhone grande con el que no se puede llamar. A finales de los noventa, con los iMac e iPod, Apple popularizó el MP3 y los ordenadores dejaron de ser grises. Lanzó entonces su propia agenda electrónica, Newton, y fue un fracaso. Windows avanzaba sin freno y Apple sólo vendía caprichos. En 1997, Bill Gates salvó la compañía con 150 millones de dólares. A cambio, Apple retiró la demanda contra Microsoft por plagiar su sistema operativo visual. Hoy, la guerra por los buscadores ha terminado con la cordialidad entre los dos gigantes del software. Pero no todo es éxito en la empresa de Cupertino (California). He aquí las grandes fisuras que aún debe afrontar Apple.

iTunes, su caballo de Troya: Apple lo hizo oficial a finales de enero: su servicio de venta de canciones y aplicaciones apenas genera beneficios. Eliot van Buskirk lo resumía así en Wired: "iTunes se ha convertido en el producto Microsoft de Apple por su tamaño desmedido y su lentitud ejecutiva". Apple podría aligerar el problema con un software que permite alojar esos contenidos online. Mientras reacciona, se avecina el desembarco en EE UU de Spotifty, una plataforma más ágil que, además, cobra una tarifa plana mensual.

Personalismo: todo gira en torno a Steve Jobs. Las acciones en Bolsa suben o bajan según los rumores sobre su salud. No hay claro sucesor, y menos alguien con su halo de gurú.

Prohibido el bricolaje: Apple controla el hardware y el software de cada dispositivo. Por eso todo va bien ensamblado y no hay problemas de compatibilidad. A priori es positivo, pero hace muy difícil cambiar componentes sin pasar por un distribuidor oficial. Que ninguno de sus accesorios autorizados baje de los 20 euros tampoco ayuda.

Mundo cerrado: Apple se comporta como un portero de discoteca. Si no entra Flash en iPod, iPhone e iPad, no entra. Los desarrolladores no están satisfechos; tienen que enviar la aplicación propuesta y firmar que no se quejarán públicamente si no pasa el filtro. Tampoco se les informa de las ganancias que genere su programa, aceptan un porcentaje inconcreto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 12 de febrero de 2010.